En La Bobada Literaria estamos de fiesta: aprovechando una visita a su familia en España, Daniel Samper Ospina, director de la revista FloHo y nombrado oficialmente como el verdadero niño Ramoncito, vino a visitarnos a nuestra carpa cabaret en el Parc Güell y quedó flechado por nuestra arrolladora belleza; tanto, que nos propuso empelotarnos para su magazín de soft porn criollo, ese sancocho que ni es Play Boy ni es Maxim y está peor escrito que TV y Novelas pero con firmas “prestigiosas” del calibre de la de Jaime Bayly –el bobo peruano que quiere ser presidente– o Coño García –al que le escribe los libros el bobo peruano que quiso ser presidente–. Como las bobas que somos, aceptamos entrar a la publicación: a la lista de hermosas divas de la talla de Marbelle, Yidis Medina, el Tino Asprilla y Juan del Mear se sumarán nuestros esculturales cuerpos, esculpidos con machete por Ya Cometí, un mal imitador de Giacometti.

Hace unos meses anunciamos la venta de nuestra alma a Google Ads. La seguiremos vendiendo y con los jugosos cheques que recibimos mensualmente mantendremos nuestro decadente estilo de vida barcelonés. Pero ahora, ya que nuestra alma no está disponible, también venderemos nuestro cuerpo: por supuesto, y para envidia de Juglar del Zipa, nos pagarán como treinta mil euros por posar. Por eso, prometemos hacerlo mejor que Natalia París: nuestro compromiso desde el principio fue subir el nivel de la conversación –copipeistiando frasecitas de otros lados para que la gente creyera que somos unas inteligentísimas ensayistas– y ahora vamos a subir el nivel de los desnudos en Colombia. Al menos nuestras tetas son menos famosas que las de Carla Giraldo, que se empelota cada seis meses desde que tiene seis meses.

Pero escribir desde estas páginas no es gratis: estamos obligadas a rebajar la calidad de nuestras bobísimas entradas al nivel de SoHo, lo que significa un enorme esfuerzo para superar nuestra propia capacidad de redactar babosadas. En todo caso, y como siempre hemos estado tan comprometidas con las causas sociales –por ejemplo, una de nosotras se comprometió en enero con un okupa–, vamos a empezar desde ya una campaña por hacer de esta revista un espacio un poco más justo. “Periodismo al desnudo” se llamará nuestra linda causa, que tendrá como objetivo desvestir a los cómodos columnistas que salen con sus ropitas junto a las modelos desnudas. Es que no es justo que a ellas las empeloten mientras Eduardo Arias sale hasta con gafas de sol y sombrero. Somos feministas, entiéndanlo, y bregamos por la igualdad de los sexos. Por eso, si los columnistas se niegan a salir en viringas, haremos que las modelos salgan vestidas como yuppies, igual que Birmajer o Gustavo Gómez.

Con esto, confirmamos que somos tan divertidas como Alejandra Haz Karate pero más sensuales que Don Jediondo. O algo así. Ya lo saben, bobos lectores, desde ahora, para saciar sus noches solitarias –o con solitarias– sólo tendrán que presionar este enlace.

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