Por Alberto Lati
 
Es en la compensación donde el árbitro se convertirá más que nunca en César que
decide. La clemencia o condena no se indica con la dirección del pulgar, sino con la cantidad de dedos mostrados al auxiliar: “alarga la agonía, agiliza el tiro de gracia, concédeles 5 minutos más que se lo merecen, dales sólo 1 que no he parado de correr y me urge agua”.

La compensación se pelea épicamente, con barridas de histérico frenesí a cada pelota, con futbol frontal, con los casi derrotados cediendo balón al crack que se siente elegido para resuscitar a sus huestes…

Y en ese tiempo de compensación, en el que todo es vertiginoso cual caída libre para el que va perdiendo (dicen que hasta se ve una luz, y ángeles que vienen, y un purgatorio lleno de rabiosos aficionados) o pesadamente lento para quien va ganando (pesadillas del penal de último instante, del postrero gol que evitó que fuera lo que ya era, una copa que por cercana da efecto visual de ser inalcanzable), tenemos momento de debate.

León Krauze está aferrado a Holanda; Pablo Duarte dice que Inglaterra; Luis Salazar ha barrido dentro de esta área chica (en la que los bloggers no son intocables como porteros) y aboga por España.

Yo tengo una idea distinta y con doble personalidad: mi candidato es Brasil, pero me gustaría que ganara Argentina.

Maradona demostró en 1986 que no importan diez de los once jugadores ni un técnico marrullero y anti-espectáculo, para que se esperara y obtuviera todo de una selección.

El mismo Maradona, muy a su pesar, podría vivir la otra cara de la misma moneda: si Argentina se corona, se dirá “pese a su entrenador” y no “gracias a su entrenador”.

Un literato argentino que odiaba el futbol (Borges) contó una historia que futbolizó otro argentino que ama las letras (Valdano): dos reyes juegan ajedrez mientras sus batallones pelean. Justo cuando un rey dice “jaque mate”, aparece el mensajero para informarle que su victoria ha sido tanto en el tablero como en el campo de batalla.

“El futbol es universal porque la estupidez es universal” dijo el agrio genio de Borges, pero sin pretenderlo donó una metáfora de lo que quisieran muchos directores técnicos: con un control remoto mover piezas e incidir de forma directa en cada instante del cotejo…

Por eso deseo que Argentina se corone: porque dejaría claro que una banda de jovencitos puede más con sus técnicas que cualquiera que se pare fuera de la línea de banda… o juegue ajedrez.

Disfruto cuando Holanda ataca, pero el futbol naranja sigue padeciendo el mal que le quitó el título de 1974: tempranamente ganaba 1-0 y en lugar de anotar el segundo, eligió divertirse, bailar a los alemanes, vengar en túneles y paredes todas las afrentas históricas, bombardeos, invasiones. Alemania, que resucita a golpe de óperas wagnerianas, volvió. Holanda todavía busca esa gloria. Hoy doy más oportunidad a los teutones que a los tulipanes.

No tengo duda de que España es el mejor plantel, pero eso pocas veces se traduce en gloria: son jugadores muy rodados, cansados y laureados. No me extrañaría (aunque tampoco me gustaría) que la eliminaran pronto.

Inglaterra, al margen de un genial delantero y dos grandes mediocampistas, tiene a su principal estrella en la banca… Y eso no es suficiente (contrario a Argentina, que tiene estelares en todas partes, menos en el banquillo).

Brasil es temible precisamente porque no es favorito: en el 2006 lo era y fracasó; en el 2002 llegó humilde y triunfó; en 1998 debía arrasar y Francia lo goleó; en 1994 calificó dramáticamente y triunfó…

¿E Italia? ¿Alguien los descarta tras lo visto en el amistoso con México? En caso afirmativo, ellos son los más felices. Su catenaccio es en el parado, en el discurso y hasta en las expectativas. En una cultura tan vanidosa, el futbol (cual príncipe toscano o veneciano) prefiere heredar las ideas de Maquiavelo y esperar: paciencia, mesura, que el fin ya justificará los Gattusos medios.

Como conclusión: sueño con el Tri (hoy 9 de junio todavía se vale), deseo con la Albiceleste (sería señal de que Messi no es sólo el más grande del momento sino uno de los más grandes de la historia) y confío en Brasil.

¿Por qué Brasil? Por eso, porque es Brasil y algo raro pasa cuando no se le considera…

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