No es por dar lata con el mismo tema, pero es que uno queda como con la preocupación de que en estos tiempos se confunde la libertad con la educación. Dicen algunos de mis comentaristas del blog sobre el Opus Dei que en Cerros nos daban una de las mejores educaciones del país, y no es cierto. La educación solo es fructífera si está encaminada a la enseñanza de la libertad. Y allá, justamente, lo que había era una restricción de la libertad (y con libertad no me refiero a libertinaje, sino a libertad real, a esa que le impide a uno decir lo que piensa) para así adoctrinarnos en la magna tarea de embutirnos fórmulas matemáticas, con el propósito de sacar un alto puntaje en el ICFES y que el colegio quedara entre los mejores. Como en el mundial del 78, en el que Videla adormeció a sus compatriotas con la fiesta del fútbol para acallar un poco el escándalo de su barbarie, en Cerros se impulsaban los buenos resultados para esconder lo reaccionario de su sistema. Muchos de sus ex-alumnos se enorgullecen por estar en los topes de las clasificaciones académicas en sus respectivas carreras, pero poco se preguntan sobre su incapacidad, por ejemplo, para relacionarse con mujeres, sobre las culpas que los asaltan al tirar con alguien, o sobre por qué los ha invadido una especie de mesianismo en el que creen sin dudar, como si fueran a cambiar el mundo.

 

En el post antepasado de este blog, escribí mi testimonio sobre algunas de mis experiencias durante mi paso por un colegio del Opus Dei. Todas ellas (exceptuando los títulos inventados de algunos libros y, por supuesto, algunos nombres cambiados) son ciertas. Sin embargo, la típica horda de exalumnos fanáticos, quizás en su incapacidad para pensar por tener la cabeza en otro lado (y con cabeza me refiero no solo a la que está sobre los hombros), me tildaron de mentiroso y rencoroso. Rencores, no tengo, pues más allá de perder un año por no estar en la rosca (¿se acuerdan de esos consejos en los que a dedo los profesores decidían quiénes pasaban y quién no? ¿O tampoco?), el Opus Dei no logró causarme ningún mal. No logró meterme nada, ni por delante ni por detrás. Y mentiras, no he dicho ninguna.

 

De todas formas, para quienes quedan con la duda, he decidido recomendar a continuación algunas páginas dedicadas a apoyar ex-miembros de la obra. En ellas se encuentran testimonios, listas de libros prohibidos, algunas reflexiones sobre el manejo de las casas en las que vivían, etc. Todos esos escritos no son “palabra de dios¨, faltaba más (menos en un mundo en el que la palabra de dios está condensada en un pasquín enano titulado Camino), pero, como dicen por ahí, tantas personas no pueden estar equivocadas.

 

http://www.opuslibros.org/inicio.htm

 

http://exopusnet.blogspot.com/

 

http://www.rickross.com/reference/opus/opus1.html

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