Siempre he pensado que hablar de sexo es auto limitante, llega el día en que te cansas de delatar, seducir, provocar, engañar. Hay un momento en el que se te acaban las historias, las tuyas y las que te prestaron o las que robas sin vergüenza, de las que abusas, y te apropias. ¿Cuánto es ficción y cuanto es realidad? No pienso divulgarlo, arruinar deliberadamente la magia que circunda en este blog. Hoy estoy cansada, mañana no.

 

Escribir de sexo da para comer, pero no asegura que te coman. Es una realidad imperante y triste. Lo que pasa con el sexo es eso: mientras tengas eres feliz, porque no sabes cuan infeliz te va a hacer no tenerlo. Porque hay cosas que se pierden por lapsos indeterminados (cortos o largos) de tiempo, como pierdes la virginidad un día, pierdes la actividad sexual otro. Es un acontecimiento, una transformación incorporal, una fecha, un día en el calendario. El día que te iniciaste y el día que quedaste iniciada. Tal cual.

 

Me puse en la tarea de buscar lesbianas, de ir a esos bares a los que jure no ir. Era inevitable, soy irremediablemente optimista, yo creo que el amor es esperanza, aunque en esta cuidad no parece haber mujeres con esperanza de amar, y las que existen son increíblemente desesperanzadoras.

 

El bar: Cats

Ubicación: 74 con 16, triste y fría Bogotá.

 

Después de muchos ruegos convencí a una amiga, me acompaño a regañadientes, me dijo lo que yo ya se y no quiero aceptar: en esta cuidad no hay lesbianas, Amalia por dios no busques más!!!

 

A mi me poseía un feeling perverso, una corazonada, un algo, que me arrastraba irremediablemente a ese chuzo,  a ese chochal, no hay otro nombre digno que merezca esa discoteca. Desde afuera ya todo prometía desastre, se escuchaba música de Thalia, o Pilar Montenegro, o cualqueria de esas cantantes de poca monta, que por lo menos a mi no me gustan, y cuya calidad musical considero bastante cuestionable. Y es que la música delata gustos, delata cultura, delata verdades. Yo claramente no quiero una novia que me arraste a bailar temas como “quítame ese hombre del corazón”, safo!

 

Mi feeling me salio mal, una puñalada trapera a mi ego, a mi inteligencia, al saber popular: no busque lo que no se le ha perdido. Pero yo nada podía hacer porque soy de las que cree que el que busca encuentra y para mi decepción: no encontré NADA.

 

Confesión: nunca antes había ido a un bar de lesbianas, ver tantas mujeres juntas, la saturación de estrógeno, la mezcla indecorosa de perfumes no es una experiencia agradable en lo mínimo. A lo mejor no era la saturación de estrógeno sino la increíble falta del mismo. Éramos mi amiga y yo rodeada de mil mujeres, si acaso a eso se le llaman mujeres. Féminas rapadas, masculinas, con ropas de hombre, bailando merengue, desnudándonos con la mirada de marimachas areperas que poseen. Me sentí violada, sola en este mundo de lesbianas masculinas, mujeres que desconocen los significados de la palabra feminidad. Me sentí hermosa también, una mamacita entre tanta camionera.

 

Lo de camionera es literal, mujeres que desconocen la sutileza, para las cuales ser burda resulta inexplicablemente encantador, ellas que seguramente tendrán afiches de Natalia Paris, o calendarios de las chicas águila en su cuarto,  taller o furgoneta.  No nacieron con mínimo rastro de clase, ni conocen la sensualidad. Piensan que ser explicitas es una cualidad graciosa. Te hablan de “mami” o “bizcocho”. Sus cuidados personales no incluyen: bañarse diariamente, depilarse o utilizar mínimo rastro de maquillaje. Y esto no es mito, ni clasismo social, es pura y cruda realidad.

 

Nos paseamos una hora entre las mismas, revisando mas de cincuenta veces los ya familiares rostros, esperando inútilmente a que da la nada apareciera una mujer para nuestro gusto apetecible. Se nos cansaron las miradas, se nos agoto la esperanza, se fue por un caño la ilusión.

 

Pero como en esta cuidad el que busca no encuentra. Creo que lo mejor es quedarse con lo que uno ya había encontrado, buscar ente lo que aun no se le ha perdido, aferrarse a lo malo conocido, asesinar la esperanza, y no buscar lo peor por conocer.

 

Estado actual: siglo veintiuno, novia ninguna.

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