No suelo escribir los fines de semana. Son días para jugar fútbol y poco más. Esta vez quiero romper la regla, si me lo permiten. Los hombres hacemos eso cada tanto.
 
Junior perdió ayer la final del fútbol colombiano y no se acaba de entender por qué. O sí.
 
Cuando el equipo perdía 1-0 en Manizales, se dedicó a hacer tiempo, a bajar el ritmo, pensando que estaba haciendo negocio. Con el 2-0 pisó el acelerador y descontó de inmediato. En lugar de buscar la bola en el fondo de la red para reanudar el partido enseguida, el gol fue celebrado como si se hubiera conseguido un empate o una victoria. Confiaban en que en Barranquilla se lograba remontar, incluso golear.
 
Escribir conclusiones es una pérdida de tiempo, un derroche de palabras que no se necesitan. Busquen en los periódicos, en las columnas de opinión, encontrarán análisis hasta que sientan ganas de vomitar.
 
No se puede decir que Once Caldas fue ayer una tromba, que pasó por encima. Simplemente no fue inferior al compromiso que afrontaba, eso que los argentinos llaman “poner huevos”. Fallar un gol, soltar una marca, que el árbitro se equivoque de buena o mala fe, todo es secundario. Cuando hay temperamento para asumir los momentos de extrema exigencia, lo demás es mero detalle.
 
Durante el partido estuve ansioso, al final estuve triste, y ahora tengo rabia. No por haber perdido, porque no tomo como propias las cosas ajenas, ni las victorias ni las derrotas. Sino porque Once Caldas no era más que Junior. Ahora lo es, pero no lo era antes de que empezara el juego.
 
¿Cómo es posible que Alex Sinisterra haya hecho un gol? ¿Cómo se dejan ganar de un equipo dirigido por Javier Álvarez, el mismo del 9-0 en Londrina? Es un equipo de Manizales, por Dios, una villa apenas, sin sol, sin mar, sin gracia. Tan atrasada es que a muchos de sus habitantes aun le gustan los toros. Es indignante. Ahora sé lo que siente un bogotano cuando su equipo pierde con el de una ciudad pequeña.
 
Giovanni Hernández estuvo perdido. Como es el líder del equipo, sus compañeros lo siguieron con obediencia. Faltaron huevos. Para buscar razones de la derrota no hay otra diferente a que el equipo fue inferior al compromiso. A los hombres nos pasa eso cada tanto.
 
En Barranquilla los hinchas estaban descontentos, y lo hicieron saber con disturbios, saqueos y agresiones. Yo decidí sentarme a escribir un festivo.

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