Aunque me apasiona la publicidad y el mercadeo, siempre me ha encantado el cine también. En el fondo tienen mucho en común. Se nutren mutuamente.

Por eso después de estudiar dirección de cine en la Escuela Internacional de Cuba decidí con un grupo de amigos realizar un documental sobre la amazonía colombiana.

Nos embarcamos en una riesgosa e inolvidable aventura. Durante un mes
nos atravesamos Colombia por río.

Salimos de Pasto, cruzamos el Alto Putumayo y al llegar a Mocoa tomamos un bote por el Río Putumayo el cual navegamos varias semanas hasta llegar a Brasil.

Casi al mejor estilo épico y cinematográfico de Herzog cruzamos nuestro país por agua y al movilizarnos por cada zona siempre buscábamos tener los mejores y más reconocidos guías para que nos ayudaran a no perdernos, a comunicarnos con los indígenas, con los colonos, y a superar los impedimentos típicos y reconocidos de nuestro país.

En un momento del viaje, se nos unió una antropóloga como guía. Llevaba casi seis meses conviviendo con una tribu indígena cerca del Río Guayuyacu. Traía consigo todo su material investigativo y literario escrito en papeles y rollos fotográficos que siempre guardaba en un maletin de cuero que jamás desamparaba. Era como su tesoro.

Anduvimos con ella varios dias

Una tarde veníamos de grabar un funeral indígena. Subimos al bote y proseguimos nuestro camino fluvial.

En el bote había varias cajas de material técnico atravesadas.

De repente ella quizo pasar de un lado al otro del bote. Yo, como fui educado por mi madre y por mi abuela para intentar siempre ser un caballero con las damas, ofrecí ayudarle a cruzar teniéndole su maletín preciado mientras ella superaba los obstáculos. Aceptó el gesto y me entregó el maletín . Pero con tan mala fortuna que al yo recibirlo me tropecé con una tabla suelta y caí al Río Putumayo. Pero caí con el maletin. Al surmergirme en el caudaloso río, mi concentración giraba en torno a dos temas. No ahogarme y no soltar el bendito maletín.

Finalmente me sacaron. Y con el maletín.

Los ojos de esta mujer me querían devorar para la eternidad. Todo su material escrito y fotográfico de meses en la selva estaba arruinado y chorriando agua.
Nunca habia sentido tanto odio en tan poco tiempo.

Accidentes pueden ocurrir. Equivocaciones deben ocurrir.
Y esta es un lección esencial del éxito empresarial. Sobretodo en el mundo de la innovación. De la publicidad y del mercadeo.

No se puede llegar al éxito sin haber corrido un riesgo, sin haber cometido un error.

Por suerte la vida está llena de ellos.

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