ENTREVISTA A JAMES LEPHRA

(aparecida en la revista Maxturb-Arte)

 

REVISTA MAX: Vocación, determinación, ganas de cambiar el mundo, ¿qué razón lo lleva a escribir?

J.L.: ¡Dinero en efectivo!

REVISTA MAX: ¿Va mucho a cine?

J.L.: No, la última vez fue hace seis años. El cine nunca ha pasado de ser un montón de chatarra dorada. Con los años ha ido perdiendo el color y para tapar los baches suelen usar mierda. El cine colombiano me enferma; la mierda que usan no sólo es blanda sino que hiede a bebé muerto. Antes veía la tele, ahora prefiero mirar el cielo raso y embrutecerme sin ayuda.

REVISTA MAX: ¿Cómo va su vida sentimental?

J.L.: Bastante tranquila desde que decidí que masturbarme era lo mío. Al principio lo hacía con revistas y videos porno, después contraté gente y finalmente llegué al estado ideal: me excito con la llave de la ducha, así que cuando expulso el semen sólo tengo que girar la llave

REVISTA MAX: ¿Le gusta el mar?

J.L.: Sí, a veces sueño que se ahogan una pila de escritores mamones, que caen de los puentes miles de poetas con piedras atadas al cuello y entonces pienso que el mar es lo mejor. Por desgracia es sólo un sueño… Me conformaría si al menos cayeran Isabel Allende y Paulo Coelho.

REVISTA MAX: ¿Se considera un buen escritor?

J.L.: Nunca se puede estar seguro, Hemingway dijo que todo escritor debía tener un detector de mierda, pero a él se le dañó porque si algo tienen sus novelas es eso. Me parece que apenas funcionó con los cuentos, así que un escritor debe tener su detector de mierda y otro que garantice que el primero funcione. Volviendo a su pregunta me considero mejor escritor que el chaparro de Hugo Chaparro o el mediano de Andrés Hoyos (quien nació sin detector o lo compró de segunda mano).

REVISTA MAX: ¿Qué opinión le merecen las fusiones basadas en música folclórica?

J.L.: Mi debilidad no es el manido folclor, prefiero estudiar el sexo de las lombrices. A pesar de ello entiendo el valor de Alejo Durán y otros juglares por el estilo y pienso que sólo una bestia infame podría relacionarlos con esos mamarrachos tragamonedas de hoy.

REVISTA MAX: ¿Le gusta algún escritor latinoamericano?

J.L.: Prefiero el boxeo. En cualquier otro deporte lastimar es contra las reglas. Si un corredor de fórmula uno revienta a 300 km/h contra una pared se habla de accidente, si Gattuso (un psicópata avalado por la FIFA) le parte en tres pedazos la pierna al gordito Ronaldo se habla de falta grave. En el primer caso se investiga, en el segundo se sanciona. El boxeo es odio puro, te subes al ring con la sana intención de arrancarle la cabeza al rival.

REVISTA MAX: ¿Qué opina de Amparo Grisales?

J.L.: Que a pesar de tenerlo viejo lo mueve bastante bien. Particularmente prefiero uno nuevo aunque no se mueva tanto.

REVISTA MAX: ¿Qué opina del poder?

J.L.: Es obvio que el hombre fracasó en todos sus sueños (amor, equilibrio, salud, eterna juventud, tolerancia, etc.) y que ha triunfado en sus pesadillas (guerra, enfermedad, miseria, gripe, programas de opinión, etc.). Me parece que la búsqueda ha llegado a su fin. Esa basura de políticos (y prefiero a los que tratan de sacar ventaja porque los bien intencionados resultan peor) que habla de objetivos, de posibilidades y éxito, de valor y honor, de algún tipo de futuro donde cantan ruiseñores y el golf es un deporte, a ese gente la metería con infinito placer en la máquina de moler sesos.

REVISTA MAX: ¿Qué opina de Mario Jursich?

J.L.: Que se vería mejor con body, minifalda de cuero, medias de malla y altos tacones.

REVISTA MAX: ¿Cuál es su sueño?

J.L.: Tener una gasolinera en el desierto. ¿Suena loco, eh? El truco consiste en que jamás estará en servicio, ni una gota, sabes, ni una.

REVISTA MAX: No le encuentro el sentido...

J.L.: Imagina un auto rojo lleno de actorcillos de la tele o cualquier otra porquería, han salido en busca de emociones fuertes y están extraviados, el tanque del auto está casi vacío, algunos empiezan a chillar y de repente encuentran mi gasolinera y se entusiasman, piensan que llegan al lugar correcto y yo me lo pienso y miro sus alegres caras, ¿entiendes?

REVISTA MAX: No, ¿podría ser más explícito?

J.L.: (Después de un largo y terrible eructo). Sabía que por alguna razón eras periodista...

REVISTA MAX: ¿A qué atribuye su fama?

J.L.: En el supuesto caso de que Dios hubiera inventado al hombre para destruir una obra fallida, de la cual el hombre hace parte, nadie podría acusarlo de negligencia (al hombre, claro).

REVISTA MAX: ¿Cómo ve el futuro próximo?

J.L.: Pienso que la fiesta va a seguir: racismo, drogas, contaminación, raras enfermedades, los segundos cuarenta años de Jorge Barón, miseria, guerra, involución, momias ilustradas opinando sobre el sexo de las lombrices... También habrá mierda por toneladas, la mayor parte escrita por Ángela Becerra, Laura Restrepo y Walter Rizo. Graves tragedias nacionales como que la Selección de Fútbol no clasifique al próximo mundial y lo peor de todo: una nueva generación de escritores colombianos.

REVISTA MAX: Supe que tuvo un roce con un eminente científico...

J.L.: El idiota se cabreó por un fragmento de mi libro Coelho y Dan Brown me la chupan de nuevo que dice: (abre el libro y lee) Resulta conmovedor preguntarse cuán importante es el descubrimiento de sustancias que salvarán millones de vidas en el tercer y octavo mundo. No es en cierta forma cruel (en un planeta atestado de gente) SALVAR VIDAS que de antemano están condenadas a la angustia fisiológica y la desolación ambiental, a la depresión renal y a la intemperie, al delirio de persecución (bien fundamentado), al hambre, a que los gringos ganen todos los partidos de baloncesto, a la ruina mental, moral, física, a no echarse jamás un polvo con Scarlet Johanson (o al menos una prepago paisa). Condenados a ser escoria para experimentos nucleares con desechos radiactivos enterrados en sus patios. Vendrá un día en que esos sabios y arrogantes investigadores serán considerados CRIMINALES por habernos salvado de una muerte más digna y temprana en nombre de una ciencia que no ha sido capaz de inocular al hombre una sustancia que mengüe su ferocidad.

REVISTA MAX: ¿Ha pensado en el suicidio?

J.L.: Sí, me gustaría abrir el periódico un amanecer y encontrar que la noticia de día es el suicidio en serie de los animadores de tele ventas, el elenco de Padres e Hijos y los cantantes de Reggaeton. El suicidio es el único acto de pudor que les queda a tantos hijueputas.

REVISTA MAX: ¿En qué trabaja actualmente?

J.L.: Un caguetas de Hollywood quiere llevar mi novela Brinca y pea, baby al cine y me pidió que escribiera el guión, pero mi gran proyecto sigue siendo inventar un papel higiénico que de verdad limpie el culo.

REVISTA MAX: ¿Qué cosas odia?

J.L.: Las habitaciones repletas de libros, la gente que trabaja detrás de una ventanilla, Mercedes Sosa (cuyo apellido no podría ser más apropiado), la gente que explica sus actos, los granos que me salen en la cara y en el culo. La gente que cree en la fecha de vencimiento de los alimentos enlatados y en los jugos de pura fruta y esas babosas culonas que saltan de los reinados a la tele y en cada entrevista van diciendo que soy su personaje favorito.

REVISTA MAX: ¿Algo le inspira respeto?

J.L.: Cualquier criatura distinta al hombre me lo inspira, ellas siguen viviendo por no caer en cuenta del mundo en que viven; en cambio, nuestra supuesta conciencia, no nos sirve para tener el ápice de pudor que nos haría reventar. Hace poco leí que las águilas, cuando por alguna razón (ala rota, vejez, pérdida de pareja) no podían dominar los cielos a su antojo, optaban por suicidarse estrellándose contra las rocas y que lo mismo hacían los grandes habitantes del océano. En cambio, nunca he sabido que una cucaracha tome tal decisión.

REVISTA MAX: ¿Qué le falta por hacer?

J.L.: Comerme un murciélago vivo o lo que es peor: ver las películas de Dago García. Experimentar asco es una aventura apasionante que empiezo cada día al mirarme al espejo y que sólo puedo superar en un encuentro de escritores.

REVISTA MAX: ¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?

J.L.: Con un adiós a los que me aman y un pedo al resto.

 

Nota:

James Lephra. 54 años. Diseñador de calzoncillos para jabalíes. Filósofo y dentista. Actor de cine y televisión en Guinea del Sur. Estuvo casado con la tenista Martina Cara de Caballo y con el mesero Jaime Baily’s. A los tres años James Lepra le echó un pedo en la cara a su tía, la famosa prostituta y exreina nacional de la belleza, Miss Chupalotodo. Esa misma noche descubrió que su padre era el poeta y vendedor de aspiradoras Depáck Chuprálotodo (vendedor del mes durante tres años en K-Mart). Desde entonces la crítica lo ha catalogado como un tipo irreverente. La modelo brasileña Kira ha declarado que Lephra se lo zampó por detrás cuando ella no había cumplido trece años. Lephra sostiene que fue por delante.

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