Isabel Salazar

 

Día tras día                                                                                            

No hay dolor

que sea eterno,                                                                 

No es eterno un hasta luego…

 Martes 20 de abril, acabo de llegar de Mujeres W.  El día transcurrió sin complicaciones,  el tema del programa,  Las Propiedades del Semen, funcionó con los oyentes: aprendimos que como mascarilla rejuvenece y como elixir es anti depresivo.  Aun así, hoy,  cuando faltan menos de veinte minutos para que se haga 21 de abril, estoy muy  triste. No es un sentimiento que me permita tener muy a menudo. Embolatar la tristeza se ha vuelto mi deporte favorito. Trabajar quince horas diarias, oír música alegre,  reírme de  bobadas, disfrutar de las pequeñas cosas,  eludir los chismes, bañarme con sal para repeler las malas energías, no llorar por más de 15 segundos  y no dar explicaciones. Dice mi papá que las personas que me conocen  no las necesitan, y los que no, tampoco pues no creerán mis razones. Le creo, aunque me cuesta. No me gusta caerle mal a nadie.

Y eso me hace pensar en que me expongo mucho en este blog: ¿Qué tan sincera puedo ser con ustedes?  ¿Si desnudo mi alma en cada entrada me leerán con rabia? ¿o con tristeza? Si les cuento de mis debilidades, de mis defectos, si confieso mis errores, ¿me odiaran? Si les digo que hoy quiero llorar sin mirar hacia  arriba como me enseñó la instructora de PNL,  que me arropó el cansancio por el exceso de trabajo, que sin una explicación clara se me apachurró el corazón, ¿dejarán de creer en mis consejos para una tusa digna?

Besos Robados

Nunca podrás arrancarte lo que te dejé marcado,                                                                            

Si me condenas a perderte,                                                                      

yo te condeno al pasado...

Ya son las 12:30, he puesto el CD de Andrés Cepeda, un cantante que guardo como un bonito  recuerdo  de la relación con mi ex… ¡Lo oí tantas veces  en vivo en casa de su tía Chata donde se arman las mejores fiestas!  En ese momento era felicidad, hoy es nostalgia, y las letras no ayudan. No sé si  sea masoquismo, pero a veces, muy de vez en cuando,  me gusta abusar de la nostalgia.

He recibido muchos correos de personas que  me comparten sus historias de desamor. Lo agradezco, y trataré de contestarles. Recuerden eso sí, que soy una aprendiz. Les conté en mi segunda entrada que desde que volví a la soltería he cometido muchos errores. Lo que no les dije es que todos han sido con el mismo personaje. Cuando uno dura siete años con alguien, desligarse es difícil: Soltarlo, dejarlo ir, entender que nadie es de uno, es un proceso demorado.

Por eso, engañé a todo el mundo para aferrarme a él.  A  Diana Rico, -no la cineasta sino su homónima,   mi mejor amiga desde los 4 años-  quien vino desde Australia para acompañarme en la tusa, le mentí  varias veces. Mi ex había vuelto de Miami a donde se había ido después de nuestro rompimiento por tiempo indefinido, y nadie sabía. Llevábamos varios días hablándonos a las escondidas. La primera vez que me llamó todavía estaba allá, fue una madrugada. Estaba triste, decía que me extrañaba, que me amaba. Yo  estaba  tan ciega, y tenía tanto miedo del dolor que me inundaba, que me volví a ilusionar con quien menos debía. ¡Quién iba a pensar que el hombre con el que iba a casarme, se convertiría en un amor furtivo y prohibido! Cuando volvió al país, pensé que todo iba a volver a ser como antes. No calculé que el amor es como un vaso, una vez se rompe, no hay como pegarlo sin que quede lleno de grietas.

Pero peor aún, no quise ver que él ya no me amaba. Seguía  agarrada a su recuerdo como si fuera un madero en altamar y yo una naufraga intentando sobrevivir. Fue mi flotador, lo veía como mi única salvación. No me importaba la vergüenza del compromiso roto, las promesas baldías, el dolor de mis papás, ni las jaladas de orejas de mis amigos.

Incluso, cuando  volvió a romperme el corazón, cuando por fin pudo decidirse por la otra, lloré, supliqué, me entregué una vez más,  grité, me desgarré. Dice  mi mamá que no entiende cómo pude rogarle. Yo siento en cambio que sólo cuando uno hace su máximo esfuerzo, olvidando orgullos y egos, puede empezar a escribir un punto final. Es claro que con mi ruego no iba a conseguir recuperar lo que hace rato se nos había ido, pero por lo menos lo di todo. No me arrepiento.

Sombras

Cuando tu te hayas ido,

me envolverán las sombras,                                                                                            

Cuando tu te hayas ido,                                                                        

con mi dolor a solas, 

evocaré este idilio...

Son las 2:00 a.m, miércoles 21 de abril de 2010. En cuatro horas me tengo que despertar para volver a empezar. En Lo Que ellas Quieren, mi programa en Telmex, el tema será: ¿Qué le agregaría a los hombres? Pienso y no se me ocurre nada que no suene a chiste feminista. Por ahora sólo quisiera agregarle más horas a esta noche para alcanzar a dormir. El Cd de Andrés va para la cuarta vuelta. Apagaré la luz y  la grabadora. Hasta más tarde, los veré a través del vitral.

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