En el negocio del mercadeo y la publicidad las ideas y las marcas funcionan como aquel famoso eslogan para un shampoo anticaspa en los setenta, en el cual se afirmaba que una primera impresión nunca tiene una segunda oportunidad.

La comunicación es como la tarjeta de presentación de una marca. Si a usted no le gusta su publicidad, entonces ¿Por qué le va a gustar la marca?

Y en el fútbol pasa algo similar. Como buen santafereño y como gran parte de ellos, me encuentro en el grupo que jamás lo ha visto coronarse campeón.

Pero tuve la oportunidad histórica de hacerlo realidad. Hace unos años, de la mano de Basílico, llegamos a la final. Sobre-emocionado me reuní con mis amigos de infancia y de colegio, quienes han compartido conmigo por décadas esta impotencia espiritual, y viajamos a Medellín. Era la oportunidad.  Estratégicamente nos preparamos y decidimos que para sentarnos en los puestos del centro y evitar problemas, asistiríamos vestidos no de rojo sino neutralmente, pues el partido era contra Nacional. El Atanasio Girardot estaba al borde de la explosión, y nosotros felices y campantes, camuflados en la mitad de la tribuna verde. Comenzó el partido. Un juego vibrante, cero a cero, oportunidades de un lado y del otro, pero nosotros guardando nuestra suiza compostura. De repente una jugada por la izquierda del área chica verde. La bola queda suelta en un rebote  entra el delantero santafereño, dispara y goooooooool. Con un poder autómata y descontrolado y en medio de un estadio atónico y en silencio sepulcral, nos levantamos perdidos de la emoción, gritando desgarrados el gol hasta el infinito y mas allá.

Descubiertos por el delirio, el juez anuló el gol por fuera de lugar. Habíamos tenido un acto fallido. Desenmascarados, nos miramos consternados y tratamos de sentarnos nuevamente ante la inquisidora mirada de miles de hinchas verdes, que nos rodeaban por todos lados y que acababan de darse cuenta que éramos rojos encubiertos. Ahí comenzó la lluvia, pero no precisamente de gotas ni de agua. Comenzó la lluvia de botellas, de pilas, un carnaval de productos y marcas distintas que desfilaban desde todos los ángulos por pasarelas virtuales dirigidas hacia nuestras cabezas y nuestros cuerpos. De esta manera  y ante esta tormenta insoportable de objetos voladores identificados, acompañada de versos de cantina, nos tocó retirarnos del estadio y escuchar en la radio que Santa Fe nuevamente no seria campeón. Tal como las marcas, siempre tienen una oportunidad para el éxito, y no opciones infinitas.

Después de 34 años de no salir campeón, el torneo colombiano se inicia nuevamente. Pero esta vez necesitamos crear una nueva primera impresión. Pasar del vuelve y juega al ahora o nunca. Porque el cielo puede esperar, pero no para siempre. Vamos Santa Fe.

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