Afirma un verso de las postrimerías del que fuera Siglo de Oro en las letras españolas que «no hay plazo que no se cumpla», y el de este blog llega a su término. Si los dioses no lo remedian (y según sé de buena tinta andan ocupados con asuntos más urgentes y más graves) el próximo miércoles 17 será la última edición de Cajón de sastre. [Dicho sea de paso, cuando comencé este blog, el miércoles 18 de octubre, hubo amigos que me preguntaron por qué desaproveché la ocasión de hacer juegos malabares de palabras y haberlo titulado, por ejemplo, Cojín de sastre, o bien su variante orquideiforme, Cojón de sastre... y no faltó tampoco quien apuntara que también habría podido bautizarlo como Cagón de Sartre].
 
Quisiera agradecer de todo corazón a la dirección de SoHo por la oportunidad única que me brindó, de permitirme hacer músculos en este nuevo medio, y a los muy fieles lectores que he tenido, y que demostraron su fidelidad con comentarios puntuales. Así como quisiera constatar, desde mi grande y grata sorpresa, lo mucho que esta página web de SoHo se lee en Costa Rica –o Cámaralentolandia, el nombre que mi cariñoso irrespeto le endilgó a ese país tan querido–, pues de allí fue que llegó buena parte de dichos comentarios.
 
Debo decir también que una de las cosas que mayormente he aprendido en este blog, es que la gente no sabe leer. Para poner un solitario ejemplo, de los últimos días, no me puedo explicar de otra manera cómo es que habiendo escrito yo que El olvido que seremos –el libro de Héctor Abad Faciolince– está destinado a ser «un clásico de la escritura memorialista en lengua española», haya un lector que arguya lo siguiente: «el librito de Abad es bueno, pero decir que será un clásico universal es una exageración...paisa». [Sólo que el comentarista se autodelata con ese “librito” que denota mala leche…pastusa, porque el idioma sabe vengarse como la carabina de Ambrosio, la cual dispara hacia atrás, contra quien no sabe usarla].
 
También quisiera remarcar con cierto orgullo, el hecho de que Cajón de sastre, en su breve existencia de tres meses, haya conseguido alcanzar dos récords: uno, el de menos comentarios de lectores en relación al número de entradas del blog; y otro, a cambio, el del comentario más extenso que jamás haya elefantiasizado ningún blog, no ya de SoHo, sino de toda la ecúmene.
Un comentario firmado por Elver Gónsales (sic), quien me propinó 852 palabras para terminar no diciendo a fin de cuentas nada, a no ser insistir en que no le gusta como escribo.
 
Lo cual es por completo legítimo, y lo acepto con la tranquilidad de quien se ha ganado la vida dedicándose única y exclusivamente a la tarea de escribir. Después de todo, a sensu contrario, eso quiere decir que si he sobrevivido es porque tuve la suerte de que hay otros a quienes sí les gustó mi escritura. Así es que desde aquí les agradezco de profundis a todos ellos, porque sin ellos, tanto mi esposa como mis tres hijos se me hubiesen muerto de hambre, ya que escribir es lo único que sé hacer para ganarme la vida.
 
Por otra parte, y es absolutamente seguro que sin proponérselo, el señor Elver Gónsales (sic) me ha dejado estupefacto con las dimensiones de mi popularidad en Colombia. Él asegura haberle preguntado a mucha gente por mí, y que tan sólo uno de sus interlocutores dijo creer conocer mi nombre. Siguiendo las leyes del relevamiento estadístico, y partiendo de la base de que mi comentarista récord le hubiera preguntado por mí a 100 personas, de las cuales tan sólo una dijese creer conocerme, basta recordar que Colombia tiene una población de 45 millones de habitantes para extraer la siguiente conclusión: Ricardo Bada es un nombre que le “suena” a 450.000 colombianos. Lo que no es poco, diría yo. Pero es que yo no creo que este encuestador aficionado le haya llegado a preguntar sino a un máximo de (seré generoso) veinte personas, conque si además lo contabilizamos a él mismo entre esa veintena de relevamiento estadístico –y es obvio que debemos hacerlo–, la cifra de mi nombradía se dispara vertiginosamente por encima de los 4.5 millones. No está nada mal, cara...mba. Gracias, Colombia.
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Mi agradecimiento, así mismo, a la gente del equipo de SoHo, en especial a Jimena y a mi tocayo Ricardo, que siempre estuvieron ahí para despejar con su sabiduría técnica mi absoluto desvalimiento en la materia: hercúlea tarea, a fe mía. Vale.

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