Por Diego Salazar

 

Eso por delante. Yo todavía confío en este equipo. El Marca, el periódico deportivo más desagradable –y miren si hay competencia— de España, titula a cuatro columnas en la web: “Cura de humildad”. Y espero que esa sea la lectura que hagan los jugadores, Del Bosque y el país entero. La prensa no, la prensa deportiva no aprende y, si España gana su siguiente partido, volverán a atronar las vuvuzelas del triunfalismo. Pero la selección, todas las selecciones, a riesgo de equivocarme, viven un aislamiento tal en sus concentraciones que no creo que eso sea un factor.

Lo que sí es un factor, que muchas veces despreciamos, es la suerte. Y hoy la suerte no estuvo del lado de España. España no jugó mal, cuando llegó el gol suizo en el minuto 52, acababan de tener lugar tres ataques españoles consecutivos donde el gol estuvo cerca, luego de un primer tiempo de dominio en el campo. España cuidaba el balón, Xabi Alonso barría el mediocampo, Iniesta y Silva combinaban por las bandas, y hubo más de una ocasión, no tantas como acostumbra la selección española, pero el partido estaba dentro del guión: España combinaba y atacaba, y parecía que era cuestión de tiempo que el primer gol cayera. Y cayó. Aunque del lado contrario. Contragolpe, desajuste defensivo, Casillas que no sale bien del todo y el balón da una carambola extraña antes de ser empujado por Fernandes.

Insisto, España no jugó mal, se encontró un desafortunado gol en contra, que Suiza defendió con uñas y dientes. La remontada se fue complicando según corrían los minutos y la delantera española no alcanzaba a enganchar buenas pelotas. Quizá ahí estuvo el error achacable a Del Bosque. Más allá del factor suerte, España estuvo a ratos falta de pegada. Su único delantero, el enorme David Villa, no gravitó lo esperado. Suiza defendió ordenadamente y el peligro español la mayoría de las veces no vino de la mano de Villa, que pareció algo superado por la zaga suiza. Creo que Del Bosque no volverá a repetir este diseño con un solo hombre en punta. Parece que Torres está recuperado de su lesión, así que de ahora en adelante podemos esperar una España con dos delanteros, y ya se sabe, aunque parezca una perogrullada, defender a dos es más difícil que a uno, aunque sea posicionalmente hablando.

Con el factor suerte en contra en el primer partido, el factor que entrará a tallar ahora es la fortaleza mental. Mirada fríamente, la tarea española no cambia mucho tras este batacazo: Hay que ganar los dos siguientes partidos. Más allá del diseño de la alineación, la labor más importante que tienen Del Bosque y sus asistentes pasa ahora por convencer a sus jugadores de que el Mundial empieza de nuevo y no hay motivos para derrumbarse. El entrenador, hombre tranquilo y atinado donde los haya, lo dijo ni bien concluyó el partido: “Esto nos obliga a ganar los dos que nos quedan. El Mundial no se ha acabado, aún nos faltan dos partidos por jugar y hay que buscar nuevos estímulos”. No sería la primera vez que un equipo se levanta tras una derrota tempranera. Italia, por ejemplo, perdió el primer partido con Irlanda en Estados Unidos 94 y luego llegó a la final. Igual que Argentina, que en Italia 90 perdió el partido inaugural con Camerún. Y Alemania en España 82, que debutó derrotada por Argelia.

Si hay un plantel de jugadores capaz de jugar al fútbol –el de verdad, el que nos hace levantar del asiento– y ganar, esa es España. Por lo hecho hasta ahora, este equipo merece la confianza de quienes lo apoyamos. El resto, los que se alegran por la derrota, pues nada, peor para ellos (incluida mi novia, sí, la misma que dice odiar el fútbol pero que no me perdona que fuera contra su Squadra Azzurra en beneficio de Paraguay).

Eso sí, todos, todos aquellos que disfrutamos del fútbol, crucemos los dedos porque la lesión de Iniesta no sea nada, que ya hay suficiente poco fútbol en este Mundial como para que se nos caiga el bueno de Andrés.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.