La consecuencia inevitable de ir acompañado por una mujer hermosa es que la totalidad del género masculino se pregunta: "¡¿Qué hace tremenda viejota con ese imbécil !". Porque está científicamente comprobado, los únicos hombres que pueden andar con una vieja buena sin recibir calificativos peyorativos son Juanes y Brad Pitt.

Pero la escena del imbécil en compañía de la buenona genera, tan solo en los inseguros como yo, una segunda pregunta: ¿Qué tiene él que no tenga yo? Y el subconsciente sale a abogar por la dignidad propia respondiendo: "¡Billete!"… Y se siente un enorme alivio, porque esta respuesta tiene el efecto placebo de restaurar nuestra deteriorada autoestima.

El anterior sistema funciona fácilmente si de renunciar a mujeres inalcanzables se trata, pero la tarea es más dispendiosa cuando vemos a otros disfrutar de una posición para la que nos consideramos aptos. A continuación enumero algunos de los casos en que con asombro y disgusto (sensaciones muy diferentes a la envidia) veo a otros haciendo algo para lo que definitiva y humildemente me declaro más capacitado.

Víctor Gaviria:

Conozco gente que lloró viendo La vendedora de rosas. Yo también lo hice, pero porque me dolió en el alma haber pagado la boleta para verla. ¡Por favor, que alguien me diga qué carajos le ven a Víctor Gaviria! Sus actores naturales, dirán algunos, y sí, ¡madrean con mucha naturalidad!, pero nada más. Si nos atenemos a la filosofía del director paisa, como yo no sé actuar, sería un protagonista perfecto (aunque confieso que me daría pánico actuar en una película suya: sus actores llevan a cuestas una maldición que los conduce rápidamente al cementerio o a la cárcel. Incluso se dice, no me consta, que Ramiro Meneses le rezó tres novenas al Divino Niño para sobrevivir a Rodrigo D). Y también sé lo que hay que saber para ser guionista de sus historias: conjugar el verbo putear en todos los tiempos. Eso sí, al Víctor lo que es del Víctor, hay que reconocerle esa capacidad única para encontrar, inventar y poner a circular palabras terminadas en "rea".

Fernando Londoño:

El señor Londoño me causa desazón porque se da el lujo de ser columnista en diversos diarios del país echando mano de una vaina que a mí también me sobra: el manejo de la más excelsa y verborréica retórica poético-uribista. Y lo ejemplifico con el siguiente párrafo al estilo de la más exquisita escuela londoñesca: "Arredrada encuéntrase la mezquindad ante el Zeus antioqueño, la efigie viva de la justicia, que con sabio estoicismo soporta la batahola proferida por jumentos denostadores, párvulos apátridas que osan arrojar befas sobre el auténtico Hado paisa, aquel que no amilana su semblante ante martingala cualquiera. Uníos pues, hermanos de la fe uribista, y elevad odas al Odín medellinense, aquel cuya ígnea pasión fue azote del bandido que buscó avecindar su calaña en vulgar contubernio con nefasto país del sur. Nos llamarán caterva, me tildarán de rábula, pero recibidlo con orgullo, son emolumentos propios de los discípulos escogidos por un Mesías echado pa´ lante"… mínimo acabo de comprar mi tiquete de entrada al diario El Colombiano.

Poncho Rentería:

Y si de columnistas se trata, aquí está la joya de la corona. Si don Poncho puede tener columna en El Tiempo, yo no me puedo morir sin lograr otro tanto. ¿Cuál es su mérito? ¿Sostener tertulias en una peluquería de mujeres? Yo puedo hacer eso y hasta más, puedo ser tan feminista que Florence Thomas parezca un macho al lado mío, para mis amigas yo soy la amiga a la que le sale barba, estoy a dos fines de semana de ser invitado a una piyamada. Y en cuanto a la voz, por favor, yo también hago una muy buena imitación de Alf. ¿Si El Tiempo es de Planeta, por qué siguen con un tipo que muchos sospechan es de otro planeta? ?

Luis Carlos Restrepo:

Mi problema no es con don Luis Carlos, simplemente le tocó ser el paganini. Mi objeción es con cualquiera que ocupe su cargo. ¿Qué habilidad verdadera se necesita para ser Alto Comisionado de Paz? ¡Ninguna! Tras 50 años de guerra, el cargo de Comisionado de Paz se ha convertido en una figura meramente alegórica. ¿Qué resultados tangibles se le pueden exigir a un hombre cuya función es razonar con la guerrilla? Eso sería como regañar a los científicos colombianos por no haber puesto un cohete en la luna. Tan comisionado como es él puedo serlo yo. No nos digamos mentiras, este cargo es tan decorativo como el de un delegado de rifas, juegos y espectáculos.

El padre Chucho:

Como ignoro su nombre de pila me refiero a él por su alias. ¡Qué tipo tan insoportable! Es tan robapantalla que hasta la imagen del Divino Niño ya lo mira con recelo. Ver las romerías de gente que se forman para tocarlo me hace sentir lo mismo que lo que siento por quienes quieren meterle la platica a una pirámide. Y ni hablemos de su CD de villancicos, porque prefiero mil veces ponerle sotana a Cabas y escucharle a cappella el Tutaina Tuturumaina. Por todo lo dicho, pónganme un cleriman y verán que puedo ocupar el puesto del padre Chucho. Me declaro en capacidad superior a la suya para aconsejar a las amas de casa; y de un tiempo para acá, llevo a cuestas una castidad que envidiarían ciertos jerarcas de la Iglesia. Solo un mérito le reconozco al padre Chucho, y es la capacidad para hacer coincidir a católicos y ateos en un solo sentimiento: el tedio.

Rafael Novoa:

Pa' qué, el tipo tiene su facha. Sí, aun a riesgo de poner en entredicho mi heterosexualidad, admito que el man es pinta. Pero, mujeres, tampoco es para que respiren como asmáticas cada vez que aparece en pantalla el susodicho. Si es por su look Pura sangre, yo también ando con la barba de tres días. Si es por su capacidad interpretativa, yo también puedo hacer de mí mismo. Y si me dicen que es por su intelecto, dudo seriamente que un participante de ¿Quién quiere ser millonario? use su llamada a un amigo para consultar al señor Novoa. Mujeres, deberían preferir a un tipo como yo, normalito, pero con algo que siempre dicen buscar en un hombre: "que las haga reír".

Carlos Antonio Vélez:

Mal contados, así por encimita, este país tiene por lo menos unos 45 millones de comentaristas deportivos. Solo hay una diferencia entre lo que dicen los comentaristas en pantalla con lo que dicen los tíos en la sala: que los segundos pueden putear al jugador que se comió el gol. ¿Cómo llegó Carlos Antonio Vélez a comentar fútbol con esa retórica tan compleja? Habla tan enredado que debería trabajar como asesor en la próxima campaña de Antanas Mockus. Cómo pretende este señor que un futbolista que ni terminó el bachillerato entienda lo que es una línea de tres, o que antes de centrar un balón se detenga a considerar la bisectriz de una tangente. A Maradona para hacer el gol con la mano nadie le dibujó la estrategia en un tablerito. Yo puedo desempeñar mucho mejor el rol de Carlos Antonio Vélez, con comentarios claros y concisos como el resto de los colombianos: "¡A la Selección lo que le hace falta es meterle güevas!".

Camilo Villegas:

Este sí es la tapa del desconcierto. ¿Por qué gana lo que gana? Señores de la Federación Colombiana de Golf, yo también soy capaz de jugar torneos y perderlos todos, y les cobraría mucho más barato.

Así pues, a partir de este momento me matriculo en esa inmensa mayoría integrada por héroes ignotos y estrellas anónimas que juramos y rejuramos tener más talento que aquellos que brillan enfrente, mientras varios detrás de nosotros, aún más ignorados, afirman lo mismo, porque en este instante habrá quien termine de leer el artículo y se pregunte: "¿Este man con semejante bobada escribe en SoHo? ¡Yo puedo hacerlo mucho mejor!".

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