Podría ser un chiste malo. Muy malo, y de mal gusto. Uno sobre ciegos en el que se preguntara algo así como "¿cuál es el colmo de un ciego?. ¡Ver su nombre en una licencia de conducción!". Pero no es un chiste. Hermes Celys podrá ser un tipo que no se rinde ante nada, y montar a caballo, jugar fútbol, ir a El Campín a apoyar a su Millonarios del alma, ser abogado en ejercicio, "leer" la pantalla de su computador con el oído y haberse sentado en el Fórmula 1 de Fernando Alonso, pero nunca, nunca, podrá manejar un carro. Al menos, sin terminar poniendo en riesgo su vida y la de los demás.
 
Cuando tenía seis años, un accidente de bicicleta le causó un daño en el nervio óptico y al poco tiempo perdió totalmente la visión. ¿Entonces por qué luce tan campante en las fotos de este artículo con su pase en la mano? Porque en Colombia la manera como funciona la burocracia administrativa, y los tramitadores que se lucran de sus deficiencias, hace posible que hasta un invidente saque la licencia de conducción.
No es posible, dirá cualquier abogado que conozca del tema. La ley lo prohíbe. Lo dice el Código de Tránsito de forma literal y expresa: además de un formulario firmado y con huella del solicitante, más foto 3x4 fondo azul, fotocopia de la cédula, grupo y factor RH, saber leer y escribir, tener 16 años y los $102.100 que cobran los Servicios Especializados de Tránsito y Transporte (Sett), es imperativo presentar un examen médico y psicotécnico que demuestre aptitud física y mental para manejar. Y figurar, además, en el registro electrónico de enseñanza automovilística publicado por el Ministerio de Transporte, para lo cual, por supuesto, se requiere aprobar un curso de 17 horas prácticas de manejo y 16 de teoría (normas de tránsito y señalización, mecánica básica, primeros auxilios y control de incendios). Eso dice la ley. Pero la ley es lo último que respetan los tramitadores.

Muchos acuden a los tramitadores para evitarse las vueltas, las horas a bordo de un carro de enseñanza, el examen médico y las largas filas. Basta abrir las Páginas Amarillas, buscar la palabra "trámites" y preparar entre $150.000 y $200.000. Llegará un mensajero a recoger el dinero, la foto y la fotocopia de la cédula. A la semana volverá a entregar su pase sin que usted se haya siquiera movido del escritorio.

Celys tampoco se movió, pero la cosa fue más difícil. No porque fuera ciego y le hubiera costado trabajo pasar el curso de manejo y la prueba de miopía (en la academia que SoHo eligió solo le pidieron dos fotos, fotocopia de la cédula y, por supuesto, los $170.000), sino por un detalle que podría ser el segundo colmo de los colmos en esta historia: un invidente que nunca ha manejado en su vida y que nunca ha tramitado un pase, porque perdió la vista a los 6 años de edad, ¡figura en los registros con dos multas! Tenía una de $68.000, por manejar a horas prohibidas, y otra, también de $68.000 por hacerlo sin cinturón. Sucede que a quienes tienen comparendos, además de impedirles hacer traspasos de vehículos y de poder terminar reportados en Datacrédito, no les expiden pases ni duplicados. De manera que Celys trató de sacar el pase, pero no podía hacerlo por tener dos comparendos, y solo la gente con pase puede ser objeto de un comparendo. ¿El colmo? Hay más: ambas multas aparecían cargadas a la cédula de Celys en la página web de la Secretaría de Tránsito del Distrito, pero con el nombre Juan Ramírez. Una, firmada por un tal William Martínez y la otra por Héctor Suárez, y las dos con los números del documento de Celys.

A las puertas de la Secretaría de Tránsito, justo en frente de los juzgados de Paloquemado, los versados asesores en materias de laberíntica burocrática, los tramitadores, valoraron los documentos que les presentó un periodista de SoHo: fotocopia de la cédula e impresiones de los registros de los comparendos en la página de la Secretaría y de las multas. Su dictamen: algún delincuente había escogido justo el número de la cédula de Celys para sacar un pase y una cédula falsa, dos visas al reino de la impunidad vial. Su consejo: entregar $40.000 y esperar la solución del problema.
La otra opción era poner un denuncio en la Fiscalía por suplantación e iniciar un proceso sin precedentes en los anales de la justicia colombiana: un denunciante cuya sola presencia sería la prueba reina de la flagrante vía de hecho, como les dicen los juristas a las metidas de pata administrativas. O redactar un derecho de petición explicando (quién sabe cómo) por qué un invidente no debería tener multas y por qué, si Celys no tenía pase (y de ser él y solo él quien iba, el 19 de enero y el 3 de diciembre del 98, al volante de los carros con placas FEC 456 y CIB 944), no aparece en el sistema una multa por conducir sin portar el pase. Parte del objeto de este ejercicio periodístico era medir el grado de compromiso de los funcionarios con los tramitadores, así que se le pidió al tramitador hacer la averiguación del caso. Diez minutos después volvió diciendo: "Le quitaron una. Eso vuelva y le cuento si le quitaron la otra". El tramitador parecía tener buenas conexiones, pues una de las multas había desaparecido. Según dijo después, por $200.000 sacaba el pase aunque hubiera multas de por medio. Prometía tenerlo listo en un par de horas.

Se canceló la multa en un banco, con lo que quedaba despejado el camino para que la escuela de manejo hiciera lo suyo: sacar el pase en cinco días. Y cumplió. La foto de Celys, que bastaba mirar por un segundo para notar, al menos, que algo raro ocurría con su ojo izquierdo (haga el ejercicio con la foto) pasó por las manos de los empleados de la escuela, del médico que debió certificar las excelentes condiciones de salud y aptitud de Celys para manejar y de la gente del Sett. Pero nadie objetó nada sobre el estado físico de sus ojos, salvo que al manejar tenía la restricción número uno: "Debe conducir con lentes".

Solo faltaba comprobar que el pase no fuera falso. En el Sett de la 26 con séptima, en Bogotá, la señorita de información revisó en su sistema electrónico y dijo: "Fue tramitado en la sede del Restrepo el viernes 21 de octubre. Es válido". Otra que ignoraba los ojos apagados del hombre de la foto. Para mayor seguridad, un filtro más: un policía de tránsito al que se recurrió para que, después de mirar detenidamente el pase, consultara con su compañero de patrulla y dijera: "Es bueno".
SoHo llamó a las empresas de trámites que están en las Páginas Amarillas de Bogotá para averiguar si operan como la de esta historia, la Challenger. Solo tres son firmes en exigir todos los requisitos: Abc Conducir Colombia, Automóvil Club de Colombia y JV Inversiones, así como una que funciona en la página www.solucionesautomotrices.com. En Academia Auto Bosa y Auto Éxito Villa Mayor piden completos los requisitos, pero eximen del examen médico y curso cuando uno insiste, alegando, por ejemplo, que la persona vive fuera del país o es muy ocupada. Con las otras solo es necesario cédula, foto y, claro, dinero (Academia de Conducción Edwcar, Academia de Automovilismo Challenger, Abacentro Auto Colombian Cars, Abacentro Auto Escuela del Norte, Asesorías Tributarias Evh, Brokers Gestiones Profesionales S.A., Jed Tránsito, Servitrámites Wilmar, Settbrokers, Tramicar, Tramitodo Rodríguez Muñoz, Servicios Confiable Ltda. y Servimandados Ltda.).

Ejercicios como este, en el que un ciego termina recibiendo un pase, se dan por la combinación de varios factores: academias de manejo de procedimientos flexibles, tramitadores que operan al margen de la ley y funcionarios que parecerían prestarse para colaborar en procedimientos no ortodoxos. Por este y otros casos insólitos, el Ministerio de Transporte planea modificar el procedimiento de expedición de pases desde enero del 2006, cuando empiece a funcionar un sistema electrónico (RUNT) y unos centros de reconocimiento de conductores que, supuestamente, serán incorruptibles y acabarán con la otra causa de fondo del problema: la cultura ciudadana de irse por la vía fácil, especialmente frente a las trabas y demoras que se presentan en este tipo de trámites. Mientras el Ministerio implementa los correctivos del caso, el pase de Celys reposa en una caja fuerte como prueba de que en Colombia el colmo de los colmos siempre encuentra otro que lo supera. Y no es gracioso. Es una vergüenza.

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