Así, creps, ya en español, y también creperías, lugar donde las venden, figuran en las páginas amarillas al lado de algunos de los mejores restaurantes. Claro que les siguen diciendo crêpes o crepes. Pero sea como quieran llamarlas, las creperías progresan y se reproducen por la buena aceptación del público. Si a usted también le gustan, fácilmente puede prepararlas en su casa, así:
Un pocillo chocolatero lleno de harina de trigo, es buena cantidad por ser usted primerizo. Para ello debemos diluir la harina en la leche contenida en otro pocillo lleno. Como no debe quedar ni un grumo, conviene batir en un recipiente hondo. Agregar tres huevos y seguir batiendo hasta que yemas y claras se hayan unido a la masa de harina y leche. Dejar reposar una hora. Aunque parezca raro, eso fue todo.
La parte más complicadita: primero untar con mantequilla el fondo de una sartén antiadherente de unos 15 a 20 cm de diámetro. Se puede utilizar una servilleta de papel, estrujada, embebida en mantequilla o echar una cucharadita de esta, que se derretirá a fuego medio y se distribuirá al mover la sartén de manera que quede una fina película de grasa repartida en el fondo. Ahora sí, podemos verter una pequeña cantidad de la mezcla que estuvo descansando, de manera que una vez distribuida alcance a cubrir el fondo de la sartén. Para cubrir en forma pareja el fondo se debe inclinar esta a uno y otro lado, rápidamente, antes que la masa comience a endurecer. A los 3 ó 4 minutos ya se habrá dorado, para darle vuelta. Con ayuda de una espátula de madera se puede despegar el borde, si fuera necesario, y también ayudarse a darle vuelta. En otros 3 ó 4 minutos se habrá dorado el otro lado. Más adelante, cuando tengamos práctica, el volteo será botando la crep al aire, como en las películas. Y ya estuvo. Así de fácil, las vamos acomodando una sobre otra para que se mantengan jugosas. Lo que sigue es cuestión de imaginación y gusto personales. De dulce o de sal. Arequipe, chocolate, mermeladas y frutas como rellenos, bañadas con jarabe de arce, o miel o crema de leche o licores que se pueden flamear. Sumemos las combinaciones que nuestra inventiva sea capaz de crear y estaremos ante un mundo de deliciosas alternativas.
Lo mismo si son de sal, la variedad tiene el límite de nuestro ingenio: creps rellenas de jamón y queso, otras de espinacas y requesón, todas bañadas, por ejemplo, en crema de leche o reemplazando los cannelloni de la receta de esta misma columna de septiembre por nuestras creps. Otro relleno puede ser camarones precocidos, bien condimentados con sal, pimienta, jengibre, páprika, salteados brevemente en aceite de oliva y agregándoles por último un poco de vino blanco. Mmm.
La lista es larguísima y las combinaciones innumerables. Todas las creps una vez enrolladas se calientan, inmediatamente antes de servir, en horno convencional o tostador de pan, si se quiere dorar la salsa que los cubre, o en microondas (tapadas) si es solo calentar. ¡No olvidar que rociadas con el trago preferido y flameadas, la cosa adquiere otro carácter! La masa de las creps que haya sobrado se puede guardar en nevera por
un par de días y las creps ya fritas, también. Seguramente esto no sucederá.
Les deseo la mejor de las suertes.

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