Este mes la edición de SoHo es especial, así que decidí dejar atrás tanta anécdota para hacer una pequeña pero sentida reverencia a las mamacitas que hicieron valer sus derechos poniendo el pecho. El que se empelota tiene que saber muy bien lo que hace, o para qué lo hace, y tiene que tener al menos o una convicción o una vocación alegre.

Sentenciaron: Si en este país le paran más bolas a un par de tetas que a una ley de derechos de autor, nosotras no tenemos ningún problema en pronunciarnos.

No sé si hayan visto el célebre cuadro de Eugène Delacroix que se titula: La Liberté guidant le peuple (1830). Es la famosísima Marianne, símbolo de la libertad, guiando al pueblo francés con una bandera raída en la mano derecha, en la izquierda una bayoneta y con sus exuberantes senos al aire. Esa es la imagen. Casi doscientos años después las mujeres que son provocadoras, insurrectas y con cierto grado de rebeldía, siguen poniéndose los pantalones y quitándose la camisa para guiar al pueblo. Todo resulta siendo, a la larga, más ameno con un par de tetas de por medio. Y aquí sin tetas no solo no hay paraíso sino que no hay leyes, sin un par de buenas tetas de por medio, aquí no pasa nada. Cristina Umaña, Sandra Reyes, Patricia Castañeda y Marcela Mar lo saben. Yo lo sé, nada más exquisito que jugar con el morbo ajeno. Qué poder de convocatoria, antes eran cuatro las que se iban a pelar, ahora son veinte… Las tetas parecen tener un poder de convicción intrínseco.

Hicieron respetar lo que en uno de los países más piratas del mundo era impensable; que se reconocieran los derechos patrimoniales de los artistas de grabaciones audiovisuales y de obras por comunicación pública. Por esto y por mucho más exalto la labor de las bellas, deliciosas y talentosas actrices de este país. Han sido ellas quienes han tomado la batuta para muchas encrucijadas de toma de conciencia, han sido ellas quienes han ayudado a que la mentalidad de este país evolucione, se expanda.

Hace poco estuve en las oficinas de SoHo e hice un recorrido muy interesante de actrices que han sido portada de la revista. Primer escándalo: Patricia Castañeda. Segundo escándalo: Juliana Galvis. Tercer escándalo: Alejandra Azcárate. Este es un país absolutamente insensible, que se sensibiliza porque la una vio a dios en un baño, porque la otra peló las tetas sin agüero o porque la última cena la sirvió la Azcárate. Ellas entendieron, como Rousseau lo diría en Emilio o la educación, que no hay felicidad sin coraje, ni virtud sin combate.

Yo no sé a quién hay que agradecerle por reclutar a tantas mujeres bellas y talentosas para que hicieran un topless. Lo que sí sé es que todos aquellos que ahora se verán beneficiados por esta ley tienen que saber que detrás del arduo esfuerzo estuvo una camada feroz de mamacitas que son el mejor ejemplo para demostrar que en la unión está la fuerza y que, a veces, mejor que poner la cara es pelar las tetas… ¡y qué tetas!

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