A pesar de tener ese acentico paisa y dulce que vuelve loco a más de uno, su voz es la de una mujer decidida que se formó en las pasarelas desde los 18 años (tiene 23) y que quiere estudiar Diseño de espacio cuando acabe su cuarto de hora como modelo. Desde que dejó sus estudios de fotografía, ha desfilado para Silvia Tcherassi, Oscar de la Renta y otros grandes diseñadores. Y precisamente lo que más le gusta hacer cuando no está montada en una pasarela es caminar, seguir caminando. Tal vez sea eso lo que mantiene sus 88-63-94, pues recorre la ciudad de Medellín a pie cuando necesita hacer vueltas, en lugar de meterse a un gimnasio. Y si no se la topa por la calle, es posible que la encuentre bailando salsa (de la vieja) o escuchando el último disco que se compró (el de Nelly). Cuando esta mujer se monta a la pasarela desborda toda la adrenalina que siente por dentro y se convierte en muchas mujeres. Pero eso no quiere decir que esté buscando un campito en el mundo de la actuación, no: zapatero a tus zapatos. Seguramente Alejandra sabe hacer bien muchas otras cosas, pero lo cierto es que sabe caminar.

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