A las seis de la tarde de un domingo Bibiana puede estar tendida sobre su cama leyendo esto: "Pues yo digo que les va a costar trabajo a nuestras libertades sacar de aquí las bragas enjutas. Al menos, por mi parte, experimento extrañas sacudidas, y mi alma pende de un hilo". Es un pasaje de Las preciosas ridículas de Molière, un autor recomendado por profesores de la academia de actuación Victoria Hernández (A.K.A Vicky Hernández), en la que está inscrita esta modelo bumanguesa de apenas 19 años y piernas tan largas como la carretera Panamericana. Después podría cerrar el libro y alargar perezosa una de sus manos hasta la mesa de noche y tomar un chocolate, una de sus debilidades confesas. Mientras lo mastica despacio, saboreándolo, con los ojos entrecerrados, también es posible que se le aparezca uno de sus carros soñados: un Mercedes clásico. Todo eso puede suceder. Es más, ha pasado, pero también es probable que la recoja su novio médico, la saque de su cama tibia y se la lleve a cine. Pero eso, para nuestro bien, es mejor no imaginarlo.

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