Aunque Carolina Herrera nunca se había puesto como meta salir en SoHo, cuando la llamamos para proponerle que hiciera unos desnudos urbanos, ella aceptó sin pensarlo dos veces. A las 2:00 de la mañana, cuando la estaban maquillando, aún estaba tranquila, pero cuatro horas después, con el frío bogotano de la calle, pensó en el porqué de haberse prestado para llevar a cabo la propuesta fotográfica.
El reto no era cualquier cosa, y mucho menos para una mujer de 21 años que lleva viviendo un mes en Bogotá y que apenas ha modelado en pasarela y ha posado para algunos fotógrafos sin mostrar nada.

Poco a poco se fue tomando confianza y, gracias a ello, se pudieron lograr unas fotos inolvidables en La Rebeca, en el monumento de Los Héroes, en Paloquemao, en el Parkway y en el puente del estadio El Campín. Carolina —a quien le encanta la música electrónica y le gusta mucho ir a Cha Cha— se sintió observada siempre, como si fuera una exhibicionista (encima se resguardaba con un largo gabán entre foto y foto), pero los peatones fueron benévolos: no le soltaron comentarios vulgares; solamente escuchó piropos agradables. Ahora que recuerda toda la experiencia, lo único que le queda claro es que no se arrepiente en lo más mínimo y que el experimento le resultó sumamente interesante.

Y está tan convencida de ello, que está segura de que las mejores fotos fueron aquellas tomadas debajo de los puentes de la 92 con 30, por dos razones: porque no había tanta gente viéndola (ella aún conserva su pudor) y porque la luz de la mañana en ese momento era demasiado buena. Casi tan perfecta como ella.
 
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