Cenicienta, versión libre y espontánea

Antes que el reloj marcara la medianoche le lancé un zapato en la cara y abandoné aquella fiesta. Me gustaba el whisky, pero esta vez había bebido más de la cuenta. La imagen de aquel sapo horrible que tenía por novio (y que como una tonta confundí con un príncipe) besando a otra atormentaba mi mente. En el exterior de la discoteca no había carrozas así que le pedí a un amigo que me prestara su moto y unos minutos después conducía por la avenida rumbo a mi casa a toda velocidad. Quizá el frío de la noche me adormeció un instante, lo último que recuerdo son los faros de aquel camión y mi cuerpo rodando por el asfalto. Me desperté siete horas más tarde en el hospital con el brazo derecho destrozado, una herida en la cabeza y diversas contusiones. Verme al espejo en los siguientes días era una tortura. Estaba deprimida, sentí que mi cuento de hadas había terminado, que ya no sería una modelo de esas que veía de niña en las revistas mientras caminaba entre los cultivos de piña de Teorama.

Teorama queda en Norte de Santander, es un pequeño municipio. Allí nací y pasé mi infancia. Mi padre tenía una finca que luego perdió, por eso emigramos a Ocaña. Él, mi padre, tuvo que empezar de cero. Mi vida nunca ha sido fácil, ese accidente en moto no es nada si lo comparo con el suicidio de mi hermano. Estaba en la flor de su juventud, se había casado y tenía una niña. En más de una ocasión le advirtió a su esposa que si ella no cambiaba iba a matarse. La desesperación lo llevó a envenenarse y cuatro meses después ella estaba embarazada de otro. Me queda solo una hermana, ella también ha intentado suicidarse. A veces tengo miedo de pensar en ciertas cosas. Amo la vida, Dios es mi refugio, tengo veinte años y jamás me ha pasado por la mente hacer algo así. Después de recuperarme del accidente, mi novio apareció con la excusa de devolverme el zapato y me pidió que volviéramos a estar juntos. Ilusionada, acepté y el muy tonto no tardó en traicionarme de nuevo. Fue eso lo que me hizo dejar Ocaña y venir a Bogotá.

Por temperamento soy independiente, desde que llegué aquí me propuse salir adelante por mis propios medios. Pero Bogotá no estaba llena de oportunidades como me habían dicho algunos amigos, toqué muchas puertas y finalmente encontré este trabajo. Sé que es un trabajo humilde y no es lo que esperaba, pero al menos me gano la vida honestamente. Mi trabajo principal en la casa es cuidar a la señora Emma, una anciana de noventa años. La baño, la visto y la consiento. Le tengo mucho afecto. Gano el sueldo mínimo. Vivo en un pequeño cuarto de la casa y allí, en el tiempo libre, me ejercito para mantenerme en forma. También cuido lo mejor posible mi piel, mis manos, mi pelo, porque sigo soñando con ser modelo.

Las personas de la casa son gentiles, nunca he tenido problema con ellos. La señora Emma es muy lúcida y agradable, la veo como un hada madrina. Me dice que una niña bonita como yo tarde o temprano encontrará un príncipe y dejará de ser cenicienta. De noche una enfermera venezolana me ayuda a cuidar a la señora Emma, con ella no tengo mucha química. Es una mujer adulta y aún atractiva. Ella y yo casi no hablamos; habla más con el señor Enrique, que es el patrón de la casa. Un hombre serio, educado y que trata bien a todas las personas. A mí la enfermera me parece muy dura de carácter y no sé por qué ve en mí a una rival. Quizá tiene un espejo que la intriga en mi contra.

Quiero ser modelo, siempre quise serlo. De niña en Teorama y de adolescente en Ocaña, incluso grabé un video de reggaetón en el que participo como bailarina. También hice un curso breve en una agencia. Mientras hago los oficios que me corresponden en la casa imagino que me desplazo por una pasarela ante los ojos atónitos del público. Mi padre no está de acuerdo, él quiere que ingrese a la universidad. Me dice que estudie y me pregunta una y otra vez por qué quiero ser modelo y la verdad no lo sé. No creo que haya una razón para ser modelo. Solo se es y basta. No sé qué pensará mi familia al verme en SoHo. Para mí es una emoción y no temo al asedio de los hombres. De lo que estoy segura es que la próxima vez que pierda o arroje un zapato no aceptaré que me lo devuelvan.




FOTOGRAFÍA: ALBERTO NEWTON
ASISTENTE DE FOTOGRAFíA: MATEO PÁEZ
MAQUILLAJE Y PEINADO: JOHANNA DÍAZ OUNDJIAN
AGRADECIMIENTOS: MAKING DESIGN. CL. 80 N.º 8-30 TEL: 2555228. www.makingdesign.com.co / WOMEN’S SECRET C.C. ANDINO L-107, TEL: 2367107 / LAGUNA ROSA CRa. 11 N.º 84-09 L-15, TEL: 6062138 / MELISSA POR OBRA Y GRACIA CRa. 11 N.º 84-09 L-03, TEL: 7432724 / LOFT RICARDO PIÑERES C.C. ANDINO L-255, TEL: 6101517 / NINE WEST C.C. ANDINO L-260, Tel. 6218189 / FOTOGRAFíA REPORTERíA: CRISTINA DE LA CONCHA.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.