De niña no era muy juiciosa: se escapaba del colegio para almorzar en la casa porque no le gustaba el almuerzo que allí le daban. Pasó por cinco de ellos y validó el bachillerato. Eso sí, nunca perdió un año; Cristina era traviesa, pero no mala estudiante.

Montó un restaurante de comida rápida en la zona rosa de Bogotá mientras estudiaba Arquitectura; el tiempo apenas le alcanzaba. Se fue a Estados Unidos, volvió a Colombia año y medio después, y encontró su verdadero amor: la Psicología. Bueno, su otro verdadero amor. El primero es Natalia, su hija de 10 años, tan buena estudiante como ella, aunque más juiciosa.

Con 28 años ejerce su carrera desde hace casi tres. Primero en comisarías de familia y en el ICBF, hoy está de lleno con neurofeedback, un revolucionario tratamiento que conecta el cerebro a un computador que lee sus ondas como si fuera un electrocardiograma. El método regula la actividad cerebral y ha probado su efectividad en un 80%, incluso en casos de depresión, adicciones, trastornos alimenticios, estrés y epilepsia.

Pinta, monta a caballo, cocina langostinos como nadie, lee sobre Psicología, Sociología y también novelas (estas últimas para relajarse), y con Natalia lee, ve televisión, sale de paseo y hace tareas, todo esto en apenas las 24 horas que tiene un día.

Muchos pacientes han pasado por el consultorio de Cristina, esta vez la tenemos justo en el lugar que queríamos.

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