¿Cómo llegó a SoHo?

Después de muchos intentos fallidos, porque siempre fui muy reacia al cuento de salir sin ropa. Tuvimos muchas reuniones para tratar de llegar a un acuerdo en el que ambas partes pudiéramos complacernos, hasta que un día, en una reunión con mi jefe de prensa de entonces, lo logramos. Así que después de tres años de ir y venir pudimos hacer las fotos como yo las quería.

¿Qué dijo su familia cuando la vio?

¡Mi mamá no la vio! Estaba indignada. Mi papá como que la vio por encimita. Pero es que cuando yo les dije que iba a aparecer en SoHo, todos se imaginaron que iba a salir de frente, mostrando todo. Entonces mi mamá las vio como al mes y medio y siempre me decía: “No las quiero ver, no quiero que me digan nada”. No recibí mucho apoyo familiar… ¡qué tristeza!

¿Qué recuerda de la sesión de fotos?

Que llegué supertímida. A pesar del acuerdo, yo seguía pensando: “Miércoles, me tengo que empelotar”. Pero ya en las fotos me relajé; como me las hizo Hernán Puentes, y ya había trabajado con él antes, todo se empezó a dar tranquilo. Fluyó muchísimo. Pensé que iba a ser muy estresante, pero al contrario: resultó muy relajante. Muy chévere. Mientras todo el mundo comía, yo no lo hice porque no quería que se me inflara la barriga preciso en las fotos… ¡Pasé un hambre! De vaina me comí una patilla, y nada más.

¿Qué fue lo mejor que le dejó la experiencia?

Compartir con tanta gente y salir de mi zona de confort. Hacer algo diferente y arriesgado. Eso fue gratificante, bonito. Creo que gracias a eso uno pierde muchos temores y queda con la sensación de que puede volver a hacerlo. Eso es bonito.

¿Cómo le ayudó a su carrera salir en SoHo?

Digamos que me sirvió mucho para reactivarme. Yo venía de dos años de no hacer nada porque quedé embarazada y fui mamá, entonces fue como salir a la luz y que me volvieran a ver en otra faceta. Es que yo temas de modelo, muy poco. Y ya: pasó y a la gente le gustó.

¿Volvería a posar para SoHo?

Sí… ¡pero bajo mis condiciones!

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