TODO SOBRE MI CUCA
Ustedes han podido ver que casi nunca una invitada de SoHo ha mostrado de la cintura para abajo, al menos de frente. Solamente en sus respectivas portadas, y tapadas con alguna pieza removible, lo hicieron Amparo Grisales y María Fernanda Yepes. Pero ninguna se había animado a hacerlo sin tapujos, y convirtiendo el objeto de las fotos en el objeto, a la vez, de sus declaraciones.

Ninguna, claro, menos Elodia Porras, la célebre símbolo sexual que se hizo famosa cuando era presentadora de Citytv y aparecía en las pantallas con el pelo azul y unas faldas diminutas, casi simbólicas.

Sabíamos que esta barranquillera modelo 72 no tiene reparo alguno en hablar de sexo, como lo demostró en una entrevista que publicamos en nuestra edición 52. Pero nos sorprendió esta vez cuando, un par de meses después de regresar a las pasarelas, tras un retiro durante el cual dejó de comer carne, dejó el sexo y por períodos largos dejó de hablar, se animó a posar de nuevo sin dejarle nada a la imaginación y dispuesta a despejar todas las dudas que en una revista para hombres puede despertar lo que el poeta Fermín Aguirre llamaba "el jardín de las delicias".

¿No le parece muy lanzado animarse a posar mostrando lo de adelante?

Primero tengo que decir que soy costeña y allá se le conoce como chocho a lo que uno tiene adelante. Sé que en Bogotá se le dice cuca, pero yo siempre le he dicho muy cariñosamente chocho. Y todas las mujeres nacen con chocho, no le veo lío a hablar de él o a mostrarlo. No debería ser algo reprobable.

Pero no es algo muy común animarse a mostrarlo en una revista de circulación nacional…

Me gusta hacer cosas que nadie antes ha hecho. Me veo en esas todo el tiempo. Y no es por llamar la atención o crear polémica, es porque me gusta ser yo misma. Yo me amo completa: mi físico, mi mente. Mostrar mi chocho es mi liberación absoluta y mi declaración de compromiso con mi chochito.

¿Y su pareja? ¿No le da vergüenza lo que pueda decir?

Hace unos días le dije a mi marido que iba a hacer esto, y él me dijo: "¡Hágale!". Él es una de las personas más evolucionadas que he conocido, y sabe cómo soy. Me deja ser, y eso casi no existe en las parejas.

Con mi marido las cosas son muy relajadas, es alguien que tiene todo un mundo encima, diferentes culturas. Tenemos una convivencia armónica, sin gritos, sin mezquindades, con razones. A mí me maravilla la vida con él; entonces en esta clase de familia se pueden vivir cosas que en otras causarían una controversia increíble. Él ahora debe soportar el peso de su familia social, supongo. Con mi familia no tengo problemas pues no somos muy cercanos, y mis decisiones son mías.

Pero no fue así siempre con su familia, ¿o sí?

Crecí en una familia donde mamá y papá le daban mucha importancia al tacto y también a la parte racional, pero no tuve educación sexual. Entonces me tocó, como a todos, aprender de los amigos y las amigas.

¿Cómo descubrió su cuca o, como dice usted, su chocho?

Como todo ser humano que está creciendo: poco a poco, fue todo un descubrimiento. Un día en el colegio me descubrí rozándome despacito contra un pupitre. Estuve ahí un rato, se me aceleró la respiración, sentía frío y calor al mismo tiempo. En fin, nunca había sentido algo así. No sabía muy bien lo que había sucedido, pero fue una experiencia agradable que quedó ahí.

Vamos a permitirnos pasar a las preguntas que exige hacer este artículo y a centrarnos en sus partes íntimas. Hasta antes de esta entrevista, ¿la habían visto muchas personas?

Soy muy sexual pero no he tenido mucho sexo, la verdad. Aunque parezca increíble, mi chocho lo habrán tocado no más de una docena de personas. Pero las experiencias que he tenido pueden ser fuertes para mucha gente. Mis experiencias sexuales, que otros llamarían locas, han sido parte de un proceso de aprendizaje para mí. Lo que he hecho ha sido sin distorsiones y sin generar conflictos. Nunca me ha gustado tragar entero… una cosa es que te cuenten el cuento y otra muy distinta vivirlo. Y yo he vivido mis cosas.

¿Cómo debe acercarse un hombre a esta parte del cuerpo de la mujer?


Me encantan los besos. ¡Mucho! Y que mi pareja me acaricie con fuerza en los preliminares. Me fascina que me toquen el chocho por horas enteras, hasta que se encalambre si es posible. Los hombres deben saber que esa es una zona llena de terminaciones nerviosas y que deben aprovecharla, conocerla, estudiar su anatomía para que la pareja disfrute más del sexo. Y si haces sentir bien a tu pareja tú también te vas a sentir bien.

Si ya entramos en eso, ¿qué más ideas nos puede dar para ser mejores en la cama?

El sexo oral. Pero no hablo del sexo oral que están pensando. Sexo oral para mí es hablar, que es lo mejor que uno puede hacer en la cama: decirle al otro dónde tocar, apretar, halar, acariciar, golpear. Cuándo hacerlo, cuánto debe demorarse y otras cosas que nutran el momento y los encuentros venideros. Hay que hablar mucho. A las mujeres les da vergüenza hablar del chocho, del culo, de todo. Y a los hombres también, ellos solo dirigen, mandan, pero no hablan, preguntan poco o nada. Sin embargo, uno en el sexo tiene que ser espontáneo y hablar de todo.

¿Qué debemos saber los hombres acerca de la cuca?

Deberían conocer mejor la anatomía femenina en general y el chocho en particular, sus terminaciones nerviosas. Si conoces mejor el chocho de tu pareja la estremeces, puedes causar una explosión de verdad. No es cuento: el chocho es un centro de energía que vivifica.

¿Cómo no debemos tratar con los dedos a una cuca?


A mí me parece que en el sexo se vale todo, no debería haber reglas. A algunas mujeres nos encanta el dolor, que potencializado en placer genera otras sensaciones orgánicas. Lo importante es que la pareja hable, se conozca, sepa qué le gusta al otro, cómo hacerlo sentir bien.

¿Cómo fue la primera vez que alguien se acercó a su cuca? ¿Fue un novio? ¿A qué edad?


El primero que tocó mi chocho fue mi tercer noviecito y no pasó de ahí. Yo considero que mi primera experiencia sexual fue con una nena, a los 19 o 20 años.

¿Cómo así que tuvo su primera experiencia sexual con una mujer?


Sí. Fue en un hotel con una amiga; con ella trabajaba en un banco, donde yo hacía los cheques de gerencia. Y entonces ahí me enrollé con ella. No fue una aventura pasajera, yo no he sido una mujer de aventuras. Ella me ayudó mucho. Gracias a ella comencé a encontrar mi libertad. Tuve una relación que duró cinco años y me aportó mucho.

¿Y el sexo con ella qué tal?

Muy bien, súper. El sexo con las nenas es delicioso. Lo que pasa es que al final elegí a los hombres. De eso se trata la experimentación, de que a uno no le cuenten sino de que uno se dé cuenta por sí mismo. La carne está ahí para satisfacerse. No le hacía daño a alguien. Y exploré lo que quise siempre.

Le vamos a pedir el favor de que se vuelva traductora de nosotros, los hombres, para poder resolver algunas inquietudes con respecto a la cuca. ¿Dónde queda el famoso punto G y cómo hacemos para encontrarlo?

Cinco centímetros arriba de la vagina, en la parte de adentro, queda una parte corrugadita a la que llaman "la tierra prometida de las mujeres". Yo la verdad tengo otros juguetes favoritos.

¿Adentro de la cuca, qué siente una mujer? ¿En esa medida, penes grandes dan más placer?

A mí no me gustan las vergas muy grandes. Cuando viví en San Andrés conocí a un neoyorquino y tuvimos un romance muy fuerte, lindo. Él regresó a su vida en Estados Unidos y quería que yo lo alcanzara allá. Pero al fin se fue aplazando el asunto, entre otras cosas por el tamaño de su miembro. Aunque el tema de los tamaños no define nada porque hay cosas más importantes y este chico sí que es un ser especial —y ese tema se hubiera podido manejar—, creo que el universo confabuló para que las cosas se dieran como sucedieron: él allá y yo acá.

¿Cree que hay un tabú con respecto a esta parte de las mujeres?

Creo que no solo los hombres desconocen mucho del chocho, sino las mismas mujeres. Las chicas deberían explorarse más. La masturbación es autoconocimiento. Y eso que yo poco me masturbo.

¿No?

Las pocas veces que lo hice sentí que sola como que no era lo mío. Pero cuando estoy haciendo el amor me fascina tocarme y dirigir la mano de mi pareja para que me toque donde más me gusta.

¿Solo con las manos o con juguetes?


Tampoco he tenido vibradores, pero no es por mojigata. Es que yo descubrí que me encanta el amor verdadero. El sexo verdadero, es decir, con alguien más.

¿O sea que una cosa es para usted el sexo en pareja y otra en solitario?


¡Obvio! Creo que uno debe aceptar cualquier aventura si se hace en pareja, si eso va a favor de la pareja, no en contra de ella. Te cuento algo. En alguna época asumí una exploración de mi sexualidad muy intensa, y desde un contexto netamente familiar pudimos crecer y evolucionar con otra gente creativa mental y sexualmente.

¿De verdad? Alguna vez nos contó que tuvo una novia en el matrimonio. ¿Fue en esa época que menciona ahora?


Sí, tuvimos una novia en nuestro matrimonio. Era una fan. Eso fue en la época en que yo trabajaba en City, hacía un programa que se llamaba Bogotaneando, que emitíamos desde varias partes de la ciudad en directo. Y ella siempre llegaba adonde yo estuviera. En los descansos de los directos comenzamos a hablar, nos fuimos haciendo amigas, conociendo.

¿Cómo terminó en su cama matrimonial?


Lo comenzamos a charlar con mi esposo de entonces. Lo hablamos desde un principio serenamente como tres adultos que éramos, de frente, y nadie tuvo guayabo moral. No fue una cosa de tragos ni nada parecido. Nunca he tenido experiencias fuera de la conciencia, siempre he estado consciente para aprender.

¿Y entonces?

Entonces fue así: mi pareja de ese momento era muy promiscuo, muy creativo en temas de sexualidad. Y yo también quería aprender, pero hacerlo desde el mismo hogar sin que hubiera raye. Fue una manera de apoyar a la pareja en lugar de juzgarlo y de aprender de esas experiencias y de disfrutarlas, no solo de acompañarlo. Entonces, cuando ya nos conocíamos los tres bastante, les di permiso para que ellos dos tuvieran sexo. Me fui a trabajar y los dejé en el apartamento, haciendo lo suyo. Cuando regresé, ahí sí lo hicimos los tres. Y así tuvimos varios encuentros a lo largo de un buen tiempo.

¿Es mejor con dos que con tres?


Con muchos es muy rico. Con tres, con cuatro, con cinco.

¿Ha hecho orgías?


Orgías no: una orgía. Una sola.

¿Y cómo le fue?

No me arrepiento, claro que no. Pero tuve algo de prevención. Mi contexto era más de energía, de espiritualidad, mientras que los demás estaban más bien en plan de sexo puro.

¿Cómo fue?


Fue en mi apartamento. Y de nuevo con mi pareja de ese momento, mi esposo de entonces. Lo mismo que antes, como siempre: lo hablamos. Y alguna vez sucedió. Fue con el mejor amigo de él, esta novia que teníamos y otra amiga, una que era de nuestro mismo parche. Siempre he tenido sexo con gente que conozco, que sea afín. No soy chica de aventuras de una noche o de sexo con desconocidos.

¿Qué es lo mejor de participar en una orgía?

Lo mejor es que el cuerpo de uno sea tocado en varias partes y al mismo tiempo. Eso es muy excitante. Y me ayudó a descubrir nuevas zonas erógenas.

¿Y qué pasó con su primer esposo, con el que vivió todas esas experiencias?


En un momento dado sentí la necesidad de estudiar, de estar aparte, de hacer un silencio profundo y sacar mis reflexiones sin que nadie me hablara. Mi más grande sueño no era ser una gran presentadora ni una gran modelo sino ser un buen ser humano. Me despojé de todo, de todo lo material. Dejé de comer carne. Me fui a varias zonas de Colombia llenas de naturaleza. Y también dejé de tener sexo.

¿Cuánto tiempo?


Cinco años. Y eso rompió el matrimonio. Pero fue una bonita confabulación del universo porque los dos crecimos y aprendimos del otro.

En las fotos vemos que usted tiene un tatuaje que dice René López: ¿cómo es esa historia?


Después de todo este aprendizaje encontré a un hombre de mi mismo nivel de conciencia, con las mismas creencias y convicciones. Estuve segura y quise tener ese nombre grabado en la piel. Me lo hice hace muy poco, hace unos meses apenas.

¿Y ahora? ¿Cómo se siente ahora?


Ya no ando en período de exploración porque ya lo exploré todo. Nunca fui una loca, una perra. Hice todo a conciencia, como una búsqueda. Quería vivir unas cosas y que nadie me las contara, y lo hice. Y me siento muy bien de haberlo hecho. Gracias a eso conseguí un estado de tranquilidad que disfruto hoy en día.

Para terminar, si le pudiera decir algo a su cuca, ¿qué le diría?


Lo que le he dicho siempre.

¿Qué es lo que siempre le dice?


Que es muy fea.

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