Dicen que un artista al fin encuentra su lugar y su manera de comunicarse con el mundo luego de ensayar y buscar toda la vida. Presenciar ese momento en que al fin hace "lo suyo" puede ser tan único como ver casualmente la muerte de una estrella por un telescopio. Para un astrónomo ese puede ser el momento más importante de su vida. La madurez de un artista le permite dejarnos ver hasta el fondo sin tapujos. Ya no nos dejan interrogantes, sino respuestas. Los artistas jóvenes, en cambio, nos dejan entrever su ansiedad con cierto pudor y formulan, sobre todo, preguntas. El joven todavía está en plan de llamar la atención y para lograrlo hace lo que sea, mientras el maduro ya logró llamar la atención y ahora busca algo más particular y sincero. Si quiere un ejemplo más aterrizado que el de la muerte de una estrella puede ver la obra de María Cristina Cortés.
La naturaleza enrevesada que pinta María Cristina le da paso a la abstracción para mostrar el valor de una línea en sí misma. Al tiempo que la línea conforma un matorral, es apreciable en tanto trazo. Esto resulta en algo así como el límite entre lo figurativo y lo abstracto. Pero, a pesar de esa abstracción, no sería contradictorio decir que algunas de sus pinturas tienen un ambiente tan definido, un aire tan respirable, que parecen fotografías. Las imágenes pueden llegar a ser desgarradoras, pues logran llevarnos hasta lo más profundo de su percepción a través de paisajes oscuros, desolados y llenos de algo que parece niebla. Podrían perfectamente ilustrar un cuento macabro de Edgar Allan Poe, pero también ser una ventana a otro mundo desde la sala de su casa.
En su última exposición, la artista demuestra que eso de "le hace falta mucho pelo pa´ moña" puede ser muy aplicable al arte. Se nota que María Cristina no solo tiene "pelo pa´ moña", sino que también aguantó jalones. Sus cuadros evocan de inmediato una densidad que no necesariamente es mala en un mundo tan invadido de cosas coloridas y livianas. Esas ramas enmarañadas que parecen continuar fuera del lienzo dan la sensación de conflicto, pero a la vez desvelan un enfrentamiento entre la artista y el mundo. Más allá del valor estético que indudablemente tienen sus trazos, su manera de componer y su utilización del color, el verdadero valor de sus Matemontes y Matorrales (como se titulan todas las obras de esta serie) consiste en que el lienzo deja ver a una artista que ya decantó sus ideas y no anda buscándole cinco patas al gato, porque ya encontró una identidad que la lleva a plasmarle madurez a su obra. No todo lo que traen los años es malo.

La obra
Galería El Museo Cra. 11 # 93 A-43
Tels: 610 7301 - 610 7451
www.galeriaelmuseo.com

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