Basta un par de minutos con ellas para saber que el amor existe. Se siente y se ve apenas con saludarlas. Así como en la reciente película de Scorsese que plantea que Dios solo habla a través del silencio, tal vez el verdadero amor se manifiesta igual: Valentina y Aurora no han dicho una palabra sobre su relación, no ha habido un gesto puntual de afecto, y ya uno sabe que se aman con una naturalidad que miles de parejas en el mundo quisieran tener. (El amor no tiene género y SoHo se lo demuestra)

Valentina volvió a vivir en Bogotá después de completar su maestría en Historia del Arte en Nueva York y desde entonces se dedica a la gestión cultural y a la producción de exposiciones y ferias de arte. Aurora Solá es española, socióloga y criminóloga, y llegó hace siete años a Colombia. Hoy es intérprete en conferencias, congresos, misiones diplomáticas —para no ir muy lejos, la visita del Consejo de Seguridad de la ONU que se acaba de realizar en Bogotá— y ha podido conocer a personalidades como el príncipe de Gales y Alejandro González Iñárritu.

Aurora dice que aceptó salir en SoHo por la confianza absoluta que siente en Valentina. “Con ella hago lo que sea”, dice. Valentina, por su parte, después de conocer el tema de esta edición, decidió valerse de la oportunidad para burlar prejuicios: “No sé exactamente por qué acepté, pues soy una persona muy privada. Tal vez me siento tan bien con Aurora que me dieron ganas de compartirlo y, al mismo tiempo, avanzar la conversación sobre el amor y la diversidad en Colombia”.

Más que sentirse abanderadas de alguna causa al aceptar ser la portada, se compadecen de los hombres. “No pueden llorar en público, no pueden mostrarse muy sensibles, no pueden vestir faldas, no pueden admirar abiertamente la belleza de otro hombre… Si todos los hombres abrazaran su lado femenino, sería todo muy diferente”, dice Valentina.

De su belleza, sobran las palabras: ahí están estas imágenes para entender cuándo hay amor de verdad.

¿Cómo se conocieron y cuándo empezaron su relación?

V: Nos conocimos una noche cenando con amigos. La conexión fue inmediata. Recuerdo sentir mucha curiosidad hacia ella, como un magnetismo confuso. Pensé que quería ser su amiga, pero rápidamente me di cuenta de que la atracción iba mucho más allá.

A: El flechazo fue fatal. Era bellísima, pero aparte de eso, vital, con una mirada desconcertante y una enorme fuerza en el pecho. Estuve cuatro días esperando a que me devolviera la llamada. Cuando lo hizo, me invitó a ir al campo. Ese fin de semana fue como un juego de esgrima, cada cual tanteando el deseo de la otra y el propio para entender qué estaba pasando entre nosotras. Me daba miedo ceder a esta mujer y a todo lo que estaba sintiendo, pero también me emocionaba. En esos días no vimos muchas caras, pero el domingo al levantarnos estaba claro que había descendido sobre nosotras algún hechizo. Estábamos embriagadas. Desde entonces pasábamos cada rato libre juntas. No nos podíamos separar y no lo hemos hecho. Ya llevamos casi dos años.

¿Qué es, según cada una, lo mejor que tiene su relación?

V: Poder traer todo a la mesa. Todo es fértil y está en constante renovación.

A: El placer absurdo de pasarlo tan bien con alguien. También que siempre me esté retando a cuestionarme lo que tomo por sentado y a disfrazar menos la verdad. Es mi mayor fan, pero también mi crítica más aguda. Eso me mantiene en forma.

¿En qué momento se dieron cuenta de que eran gays?

V: Categorizarse es perjudicial para la evolución y puede causar inercia, ojo. Yo me enamoré de Aurora. Puede que sea la única mujer con la que quiera estar, puede que no. Antes de Aurora estuve enamorada de un gran hombre con quien también aprendí mucho. Sin embargo, siento una plenitud en mi relación con Aurora que no conocía.

A: La primera vez que una mujer me dio un beso supe que quería mucho más de eso.

¿Qué tan difícil fue salir del clóset?

V: Tal vez cuando viajamos a Irán me sentí en el clóset por primera vez. Fue difícil no poder vestir como quería ni mostrar mi afecto hacia Aurora. Lo loco es que en Irán la restricción se aplica para todo el mundo. Estar bajo las palpitaciones angustiantes de una represión tan intensa te obliga a ver los extremos ridículos a los que puede llegar la furia religiosa. En comparación con Irán, Colombia es progresiva y abierta, y espero que sigamos por ese camino.

A: La verdad es que uno sale del clóset muchas veces. Yo sigo saliendo, por ejemplo, cada vez que alguien me pregunta si tengo novio. Cuando me estaba dando cuenta de que tenía inquietudes que no eran heterosexuales fue incómodo porque me crié en un entorno muy cristiano en el cual todo se evaluaba según libros hebreos escritos hace 2000 años. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que la homosexualidad no es un problema. Te da otras maneras de ver el mundo. El problema es de los que no tienen la información o la empatía para imaginar otras posibilidades. La sexualidad humana es maravillosamente diversa, tanto a nivel individual como colectivo. Hay sociedades aquí en Colombia en las que la norma es que los adolescentes sean iniciados sexualmente por mujeres mayores que ya están del otro lado de la menopausia y ellas les imparten su conocimiento erótico. El taoísmo propone algo parecido. Los navajo dicen que las personas que se enamoran de los de su mismo sexo son personas con dos espíritus y los llaman nadleehi, que quiere decir “aquel que ha sido transformado”. Y no son solamente los indígenas, también las sociedades industriales más avanzadas del mundo reciben sin reparos distintas expresiones del deseo. Personalmente, yo soy feliz de vivir en un mundo raro y diverso.

¿Qué ventajas tiene la relación con una mujer?

V: Para mí, se expande el campo de expresión. En Colombia, las mujeres hemos sido condicionadas a ser el objeto de la mirada masculina: la mamacita, la consentida, la princesa, la que espera a que le caigan, la del rol pasivo. Esto desapareció estando con Aurora. Un instante puedo ser fuerte, masculina y feroz; otro día, vulnerable, suave y femenina. Todo es bienvenido. La piel que habito se siente mejor que nunca y soy dueña de mi deseo. No creo que esto sea exclusivo a estar en una relación con una mujer. Cualquier relación saludable en la que ambos desarrollen sus cualidades tanto masculinas como femeninas puede permitir esto.

¿Han sentido discriminación en algún momento?

V: Cuando notamos alguna discriminación usualmente no lo tomamos como ofensa. Simplemente nos damos cuenta de que hay personas que tienen limitaciones o imposiciones culturales que no les permiten entender. Se vuelve una oportunidad para practicar la empatía. A veces es durísimo, sobre todo si el oprobio viene de alguien cercano. Aunque la verdad es que también disfrutamos con incomodar a la gente, con hacerla pensar dos veces.

¿Qué tan abierta o cerrada es la sociedad colombiana frente a la diversidad sexual?

V: Hemos tenido la suerte de que nuestros amigos nos ven como individuos, no como paquetes de etiquetas —mujer, lesbiana, blanca, rola—. Es evidente que persisten nichos de rechazo, pero como dice Brigitte Baptiste: “La función de la naturaleza es producir diferencia”. Confiamos en que nuestra sociedad evolucionará para entender que esta es la aventura de la vida.

¿Qué definición tienen del amor?

V: Es la herramienta más tremenda para expandir la consciencia. Me gustan unas preguntas de Alain Badiou: ¿Cómo se ve el mundo desde el punto de vista de dos y no solo de uno? ¿Desde la diferencia y no la identidad?

A: El amor tiene mil definiciones, pero con Valentina he aprendido lo que es el amor más allá del embrujo: no estar ya como una adolescente loca de amor sino dedicada a conocer a una persona y sentir que esa investigación vale la pena. Después de la primera vez que me emputé con ella y me sacó lágrimas, decidí quedarme, y ahí empezó la travesía de verdad. En algún momento el amor es una decisión: decido insistir, ver qué hay del otro lado de mi orgullo y mi egoísmo y seguir explorando posibilidades. Esa tenacidad vuelve un encuentro fortuito en una clase de destino. Pero más aterrizados, el amor es llegar a casa después de un viaje y que Valentina me envuelva en un abrazo con la casa llena de flores y una sopa en el caldero.

¿Qué le dirían a la gente que las juzga?

V: Que usen su tiempo más productivamente.

FOTOGRAFÍA: ALEJANDRA QUINTERO / ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: BORIS NIETO MAQUILLAJE Y PEINADO: HAMILTON LADINO / PRODUCCIóN Y STYLING: MARCELA CARVAJAL

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