¿Por qué una periodista de SoHo muestra las tetas? Debería responder esta pregunta con un “porque me da la gana”. Pero debo ser más amable. Sobre todo porque en Colombia todavía saltamos de la moral del desnudo (en este caso la del pezón) al liberalismo hippie de un solo brinco. ¿Cuál es el rollo con las tetas? Para ustedes los hombres, la respuesta es obvia. Porque son ricas, ustedes no las tienen y los ronda un secreto complejo de Edipo. Pero las mujeres parecen encontrarlo más confuso que eso. Si se dan cuenta, ambos tenemos responsabilidad frente a este asunto del pezón. Es como si este contuviera el secreto de la vida de cada mujer.

Ojalá Borges no se revuelque en su tumba por lo que voy a decir, pero el pezón —en esta cultura— equivale a su Aleph. Ni los hombres quieren dejar de verlo, ni las mujeres mostrarlo. Y al parecer, contiene los secretos más íntimos del universo. La verdad, valga el cliché, son secretos a voces. Llevo casi dos años trabajando en SoHo como productora y redactora, y nunca pensé que enfilaría sus páginas con nada más que unos calzones y unos guantes encima. Trabajar aquí este tiempo fue más que suficiente. Creo que después de ver tantos cuerpos desnudos se me quitó la fobia a la piel expuesta. La verdad, desnudarse no es tan grave como lo pintan. La dinámica entre las modelos y la revista gira en buena parte en si van a mostrar los pezones o no. Algunas llegan resueltas a desnudarse completamente, con la condición de que se vean ciegas, sin aureolas ni pezones.

Otras —me incluyo— aceptan el trato completo. Si es una revista masculina, no se puede traicionar al lector y, de paso, a uno mismo. Desnudo es desnudo. Aunque entiendo el no rotundo de la mayoría. En el fondo necesitamos ese contrapeso para crear polémica aunque cada mujer que viene a SoHo ya sabe lo que quiere: desde famosas hasta modelos no modelos, que salieron acá es porque han querido, nadie las obligó. ¿Qué mostrar y qué no? Esa es la cuestión.

El cuerpo es uno solo. No veo diferencia alguna entre el culo y las tetas. Si tuviera que decir cuál de los dos bordea más el exhibicionismo, me inclinaría por el primero. Sencillo. Porque está más cerca de la vagina, y por eso está más comprometido con la desnudez total. Estas fotos son una forma de jugar en dos canchas a la vez. En la mía, en donde soy dueña de mi cuerpo y expreso un punto de vista sobre el desnudo. Y la otra es la de ustedes, en la que quedo expuesta como un trozo de carne a su ojo clínico. Como les sucede a todas las modelos que han pasado por este trote. Todas tienen que ser perfectas, incluso las que no son modelos profesionales, las normalitas con estrías, celulitis y manchas.

Decidí posar desnuda después de pensarlo un poco menos de diez minutos. Frente a la decisión de empelotarse uno sabe si lo va a hacer o no, es instantáneo. Además, porque hacía un año que conocía a Álex, el fotógrafo, y en alguna ocasión habíamos hecho unas fotos en mi casa a manera de ensayo, para ir perdiendo la pena porque él tenía la seguridad de que en algún momento le servirían para su portafolio, y si no, al menos tendríamos las fotos como recuerdo de una noche en la que no tuvimos nada mejor que hacer. Cuatro meses después, en la revista me preguntaron en chiste si saldría en la revista. Les dije que sí. Alejandra, la editora de fotografía, me arqueó las cejas y dos días después ya estábamos en casa de Álex chequeando cinturones de taches, guantes de cuero y tangas de encaje. Estaba rodeada de colegas y amigos. Y por primera vez, durante un día entero la atención de cinco personas estuvo centrada en mí. Qué quieres tomar. Qué quieres comer. No, mejor no comas todavía. ¿Estás cansada? Laura, quieres Kool Light o Normal. Y todo se enrarecía más con cada pedido satisfecho, porque quienes me ofrecían cada gustico eran los mismos con los que trabajaba a diario. Así que entré en el rol de modelo, sin exageraciones, además porque no queríamos demorarnos más de una hora por foto. Retoque de maquillaje cada media hora. Revisión de fotos cada dos horas. Descanso en el sofá cinco minutos. Fue una prueba de resistencia física más que otra cosa. A la una de la mañana llegué a mi casa y caí en un sueño profundo de vino blanco y comida italiana. Este es el resultado.

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