Martina, Martina... ¿Qué se puede decir de Martina? Con esos ojos que tiene tal vez no sea necesario decir nada: todo lo que uno quisiera decir ya fue dicho por ellos. Y es que los ojos de Martina le dirán mucho más de lo que nosotros nunca podríamos, simplemente porque a esta mujer no se la puede definir fácilmente. ¿Inocente será la palabra, por su carita de niña buena? ¿O extravagante, como la describían algunos directores cuando llegaba a grabar vestida de gótica y de punk? ¿O tal vez intelectual, por haber estudiado Filosofía en la Universidad de la Sorbona y porque considera este hecho algo fundamental en su vida, de lo cual está muy orgullosa? Parecería que cada descripción que proponemos contradice a la anterior, pero en el caso de Martina es esta acumulación de opuestos la única forma de retratarla.

La otra opción es describir a Martina desde su profesión, la actuación. Todos la recordamos en la novela Amor a la plancha, y en películas nacionales como Perder es cuestión de método, de Sergio Cabrera, o Satanás, de Andy Baiz, pero ella ha estado en el mundo de la actuación desde muchos años antes, cuando era apenas una niñita y salía en el programa infantil Los niños se toman el mundo. Martina estudió actuación con Paco Barrero en Bogotá, en The Central School of Speech and Drama en Londres, y con Juan Carlos Corazza en Madrid. Pues considera que, como en cualquier otra profesión, en la actuación hay mucho que aprender y es necesario prepararse, pero al mismo tiempo también está convencida de que es básico tener un don, que describe como mucha fuerza interior, valentía, criterio y extrema sensibilidad.

Y como un bonus track, para terminar de entender a Martina, aquí está la respuesta que nos dio cuando le preguntamos que por qué había insistido en hacer estas fotos con un gatito: "La idea fue mía, lo pedí con insistencia, necesitaba un ser vivo y frágil para acercarme al desnudo con ternura e inocencia, y para que tuviera sentido".

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