Cuando se inscribió en el reality show Popstars soñaba con ser una estrella y cantar ante miles de personas, pero la fama que obtuvo cuando ganó el concurso y entró a la banda Escarcha fue pasajera. Luego actuó un tiempo en telenovelas, pero solo lo hizo para ahorrar y lanzar Emma Project, su primer disco independiente, que ella define como “una mezcla exquisita de electro-rock entre un metalero y una ex popstar”. Y le fue tan bien con ese álbum que hasta llegó a tener dos videos en el canal MTV. A Natalia ya no le importa el éxito masivo y lo único que le interesa es estar en un escenario.


Canta desde que tiene cinco años, hace teatro desde los nueve y empezó a bailar a los dieciséis, cuando se unió a la compañía de baile de Sonia Osorio. Tal vez porque no nació en Nueva Orleans o porque no es negra, nunca pensó que llegaría a hacer lo que más le gusta para ganarse la vida: cantar jazz. Y en este momento está viviendo su sueño, ya que acaba de estrenar Martini Blues Cabaret, una obra en la que interpreta a la cantante de una big band de los años cuarenta.

Cuando vivió en Argentina y en España siempre trabajó de noche. En el Betty Blues de Buenos Aires, un bar donde se reunían músicos de jazz, descubrió su amor por este ritmo afroamericano, por los martinis y por los pianos de cola. Para revivir los recuerdos de su vida nocturna y para complacer a su novio, fiel lector de SoHo, Natalia decidió posar desnuda para nuestro lente. Menos mal todavía existen mujeres con iniciativa y hombres que no son celosos. 





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