Si por alguna afortunada jugada del destino tiene el teléfono de Zharick y piensa llamarla, es mejor que tome aire y recapacite. Si insiste, aténgase a las consecuencias: tendrá que pasar por la aburridora experiencia de dejar un mensaje en su contestador porque ella jamás contesta. Es más, los fines de semana su celular ni siquiera da tono. No piense que es una pose de diva, que la fama nubló su cabeza ahora que es una mujer muy deseada, aun más de lo que era antes, gracias a la popularidad de su papel en la novela Pasión de gavilanes. No. Simplemente ella a veces prefiere desaparecer del mundo. O mejor, andar por su lado. ¿Qué hace en soledad? Llena una tina, vierte esencias de miel y canela y se abandona a la tibieza del agua. Recoge su pelo y deja que sus piernas se suelten, que su cuello alcance el máximo punto de relajación. Se lo merece. Ha luchado por ser reconocida y lo consiguió.
Ya han pasado diez años desde que llegó de Cartagena, desde que se inscribió en Comunicación Social, desde que presentó el magazín Non Plus Ultra. En Hombres, Amor en forma, Rosas del atardecer y Me llaman Lolita probó que es una actriz con suficientes méritos y la época en que odiaba su belleza porque la hacía poner en duda su talento quedó muy atrás. A esa sabia decisión le debemos esta serie de fotos en las que aparece como cuando está sola, como cuando está en su tina disfrutando de ella misma.

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