Feels like home
NORAH JONES
EMI
Robándole palabras a Jimmy Scott, Van Morrison dijo no hace mucho -él, que mucho hace por la música popular-, que el jazz es "el ahora, el momento presente". Robar está bien, al menos en los predios de la música, donde es válido construir sonidos con una pizca de esto y dos cucharadas de aquello, pero confiar ciegamente en las palabras de Morrison robadas a Scott no es recomendable. Si el jazz fuera el ahora, ahora tendríamos que decir que Feels like home, el álbum que ahora publica Norah Jones, es jazz.
En épocas de aceleración mediática, cuando todo sonido es forzado a propagarse más rápido, más alto y más fuerte, hemos perdido la capacidad de apreciar los tempos moderados, y, así, a cualquier música sosegada la llamamos jazz, ¡y ya(s)! (Lo que equivaldría a decir que una balada con arreglos esmerados es un bolero). Jones puede grabar con Blue Note, tener una voz que no se parece a la de ninguna otra mujer sobre la tierra, ser pianista, incluir música de Ellington en su nuevo disco y mostrarse encantadora en toda foto oficial de su disquera, pero eso no la convierte en jazzista.
Cosa distinta es que Jones se las arregle (con arreglos y producción de Arif Mardin) para ofrecer en este disco (y en el anterior, del cual este es hermano gemelo) alguna de la más delicada música que puede escucharse por estos días en las emisoras.
Dedicaremos pronto otro comentario en SoHo a la sana discusión sobre si la música de Norah Jones es o no country. A propósito, ¿no canta con ella Dolly Parton en el corte siete del disco? Y lo hace, como acostumbra la Parton, 'a todo pulmón'.

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