Intenten pensar que en esta ocasión soy un hombre, al fin y al cabo me parezco un poco a ustedes, sé más de MMA que varios y tampoco me baño los domingos. Veo porno y me masturbo casi a diario, entonces entremos en confianza.

Las mujeres necesitan sexo salvaje, están mal cogidas. Se cansaron de coger por coger o de que las seduzcan una vez por semana para acabar en un polvo pasivo. Tal vez las únicas satisfechas son las trabajadoras sexuales y unas cuantas, realmente muy pocas, que hacen de su sexualidad un libro abierto, como yo. Pero piensen que soy hombre.

El más alto promedio de damas en la sala, se ha entrenado fuertemente para ser la chef deseada en la cocina, pero entre platos especiales y postres de recetas tomadas de la web, están deseosas de ser la prostituta más barata de su hombre.

Parece que el dilema de entender a las mujeres solo ha sido solucionado por los estrategas. Los mismos que les venden la idea de que pueden ser cogidas locamente sin ser juzgadas. Y Aunque no dejan de creer en los príncipes azules que regalan flores y escriben cartas, ellas quieren que las follen con fuerza. Algo así como un príncipe en la sala y un salvaje en la cama.

Pensemos en el codiciado Christian Grey de Fifty Shades of Grey, que con sadomasoquismo enamora a Anastasia Steele (su pareja) y entre el más grande erotismo, látigos, lencería y buenas clavadas, se roba los espacios de las mujeres, esas damas promedio, que experimentan en la cocina. Y es ese, él o el sexo que da, un fenómeno que se sigue robando la atención de una larga lista de seguidoras que reclamaron, cual hombre reclama el televisor para ver partidos los domingos, su espacio de lectura. Una lectura que termina con una leve sonrisa, un deseo latente de que ustedes se conviertan en el seductor Grey y un calzón mojado. Una gran señal de que esta es una verdad a gritos, es que el libro haya roto el récord como la edición de bolsillo, de venta más rápida de todos los tiempos.

Esos estrategas las ilusionaron además con una saga de vampiros, les hicieron creer que pueden tener un príncipe que les haga temblar las piernas y las envíe a dormir con dolor en la vagina. En una escena de una de las películas, una noche de bodas, el vampiro protagonista la trata con tanta fuerza, que la deja en una en una cama rota, con rasguños, y olor a sexo. Y eso les gusta, la captura de esa escena fue viral por Internet.

Y es que en numerosas ocasiones ellas imaginan que, mientras hacen sus postres, ustedes les llegan por la espalda y con fuerza les arrebatan el calzón húmedo que les dejó el libro, que las suben a una mesa y entre sudor, gemidos y tirones de cabello, las hacen sentir por un momento como unas chicas sacadas de una casa de citas.

Tal vez si les dieran el sexo que quieren, pondríamos a pensar en otras técnicas a los estrategas y las chicas leerían mejores libros. Por otra parte, ustedes se ahorrarían ir a los estrenos de las películas de vampiros, por ser complacientes, y a la del señor Grey que está próxima.

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