Hace diez años que vivo en Santiago de Chile. Como es lógico, desde que llegué han (y me han) pasado muchas cosas. Me he tenido que acostumbrar a tantas otras más y he visto, oído y leído mucho,  y he recorrido muchos lugares, y he conocido muchos objetos y personas. No todo cabe acá, ni todo es relevante, pero de entrada he seleccionado doce estampas y postales que hacen más representativa esta ciudad y este país. No vienen solas, claro, las acompaña alguna que otra anécdota. Espero que disfruten leyéndolas tanto como yo escribiéndolas.

Esta historia tiene una parte de real y otra de leyenda. En 1954, don Jenaro Gajardo Vera, un abogado y poeta nacido en Traiguén y radicado en Talca, quiso hacerse miembro del Club Talca pero fue rechazado por no ser dueño una propiedad, requisito excluyente para pertenecer al club. Entre triste y molesto por la exigencia materialista que le hacían, don Jenaro se puso a pensar qué hacer a fin de cumplir con el requisito y se le ocurrió algo excepcional: apropiarse de la luna. Parecía descabellado, pero legalmente no lo era. Simplemente a nadie se le había ocurrido antes. Por lo menos no en Chile. La luna es un satélite de la tierra y ello implicaba ciertas limitaciones. Don Jenaro fue donde el notario César Jiménez de Talca a fin de elaborar una escritura en la que constara que él era el único dueño de la luna, valiéndose de una ficción jurídica que era en aquella época una fórmula legal válida para reclamar como propios terrenos sin título de dominio: acreditar (con una declaración jurada) ser su dueño desde antes de 1857. Aunque legalmente todo estaba en regla, el notario le advirtió que lo tratarían de loco. A don Jenaro esto no le importó y continuó con todos los trámites legales pertinentes. Para empezar, inscribió la escritura de su propiedad en el Conservador de Bienes Raíces de Talca, abreviado como CBR, que es algo más que un Catastro acá en Chile. Y luego publicó el extracto de la inscripción tres veces en el Diario Oficial, garantizando que nadie más reclamara contra su derecho sobre esa propiedad. De esa forma, el 25 de septiembre de 1954, la luna pasó a ser propiedad de don Jenaro Gajardo Vera. Hasta aquí la parte real.

Una postal para los usuarios de SoHo, de Laura García desde Chile

La leyenda dice que en 1969, cuando se armó todo el alboroto por la misión espacial que enviaría el Apollo 11 a la luna, don Jenaro quiso validar en Washington su propiedad sobre la luna. Aunque ya había leyes específicas, desde 1967, que establecían hasta qué limite era reconocida la propiedad privada (hasta 80 km de altura), don Jenaro había hecho sus trámites en 1954 y por lo tanto prevalecían por sobre lo dispuesto en 1967. Se cuenta que el presidente de Estados Unidos de la época, Richard Nixon, le escribió una carta a don Jenaro donde solicitaba su permiso para el alunizaje. Permiso que le fue concedido a Nixon por don Jenaro con estas palabras: «En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor Presidente». No encontré documentos que prueben la existencia de la carta de Nixon a don Jenaro, pero sí una noticia con más respaldos, con menos de leyenda. En noviembre de 2011 se subastó en Estados Unidos un lote de objetos que pertenecieron al astronauta Edgar Mitchell, quien a su vez fue parte integrante de la misión Apollo. Mitchell viajó a la luna en 1971 y llevó consigo una pequeña bandera chilena de 15.24 cm por 10.16 cm, según dice la nota de El Mercurio. El coleccionista que adquirió la bandera también tiene un certificado de autenticidad de la misma extendido por el propio Mitchell. La bandera estuvo 33 horas en la luna y Mitchell la llevó con objeto de honrar a su único dueño legal, don Jenaro Gajardo Vera.



La fama no tardó en llegarle a don Jenaro. Su historia fue conocida en el mundo entero. El famoso animador chileno Mario Kreutzberger, más conocido como “Don Francisco”, lo entrevistó en su programa Sábado Gigante, y aunque don Jenaro no ha sido el único ocurrente que se ha declarado dueño de la luna, sí ha sido uno de los más famosos y el único al que un presidente de Estados Unidos lo ha reconocido como tal. Y si no fue así, si es leyenda que Nixon le pidió permiso para alunizar, al menos el astronauta Mitchell sí que supo honrar el ingenio de don Jenaro.

Cuando leí por primera vez, hace años, toda la historia sobre el dueño de la luna, quedé fascinada, pero no me preocupé por averiguar más, por saber, por ejemplo, si don Jenaro estaba vivo o muerto y, si estaba muerto, quién había heredado sus posesiones, incluida la luna. Lo supe un día por una graciosa casualidad. Salí muy tarde de trabajar, ya entrada la noche, y estaba esperando a que pasara el bus en un paradero que queda muy cerca de la facultad de artes de la Universidad de Chile. Desde allí vi venir a una pareja de punks, con sus pelos parados, ya saben, en forma de crestas de colores, azules, morados, rojos. Se sentaron junto a mí y comenzaron a conversar muy acaramelados. El chico punk miró al cielo y vio la luna, grande, gorda, brillante y llenita, el cliché favorito de los poetas, los enamorados y algún que otro novelista también. Lo que son los prejuicios (y también la ignorancia), no se me habría ocurrido que un muchacho punk le quisiera regalar la luna a su novia punk, ni que ella recibiera tan feliz ese regalo. Sin embargo, después de unos segundos de meditarlo, ella le dijo que tal vez tendría problemas con el dueño de la luna, que ella había leído que era chileno, y que por lo tanto él no podía regalarle lo que era propiedad de otro. El chico le contestó que no habría problema porque, hasta donde sabía, el dueño de la luna se la había dejado como herencia a todos los chilenos.

Nunca más volví a la historia de don Jenaro hasta hace unos días, que estaba organizando mi biblioteca y tenía la televisión encendida en un canal local. Allí vi un spot publicitario del Gobierno de Chile, utilizando como gancho el ingenio del dueño de la luna para animar a los jóvenes chilenos a tener ideas emprendedoras. Me entró curiosidad y fui a buscar el testamento de don Jenaro, si es que estaba en internet, y enterarme de qué decía sobre la luna. Y encontré el testamento y efectivamente, el chico punk tenía razón, porque allí decía: «Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas».

Recordemos que don Jenaro era poeta y que, al igual que todos los poetas, tampoco él se resistió a los encantos de la luna. Ni siquiera cuando estaba en cuarto menguante.

Pdta:
Spot “El dueño de la luna”, del Gobierno de Chile:

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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