Recorrido por el Père Lachaise

I PARTE

 

Quizás muchos de ustedes conocen este camposanto; quizás algunos de ustedes lo conocen mejor que yo, y –tal vez-, otros jamás lo han visitado. Pues bien, haciendo una excepción temática con el portal y un descanso en la novela Mudanza, hoy quiero llevarlos por algunas de las tantas calles que tiene este cementerio. Haremos algunas estaciones para visitar –sin orden previo- las tumbas de los personajes más representativos del camposanto más famoso del mundo.

 

La forma de llegar, la estación de metro correspondiente, la ubicación y todas las informaciones pertinentes, mejor se lo dejamos a las guías turísticas; sin embargo, para quienes tal vez piensan visitar París en este verano, les diré que la línea de metro 2, la misma que los lleva a la colina del Sagrado Corazón es la mejor forma de llegar.

 

El primer lugar que yo quiero que conozcan es la tumba de Oscar Wilde. Desde que la conocí me causó mucha curiosidad la gran cantidad de huellas labiales que rodeaban el mausoleo; pues bien, como él mismo dijo en Mujeres sin importancia: “un beso puede arruinar la vida de una persona”. Cerca de su terrenal morada, me ha gustado sentarme para leerlo, preguntarle qué pensaba o en qué se inspiraba cuando se sumergía en endiablados ritmos como en De profundis,  simetría prosista que –lamentablemente- solo adquieren hombres repletos de desgracias. Es difícil leer esta obra sin olvidar que se está al lado de sus restos, es inaudito imaginar que alguien como él murió de forma tan precaria y condenado por la doble moral de muchos. Tal vez leer cerca de su tumba se convierte en un acto de petición: quien quiera que tire una o dos letras diarias anhelaría –con disfrazadas y atrevidas pretensiones- tener un mínimo de ritmo del que él poseía… ¡aunque sea soñar más allá de las propias capacidades!

 

Las personas llegan, miran el mapa y obturan sus cámaras numéricas y no dejo de preguntarme, ¿cuántos verdaderamente lo han leído, cuántos verdaderamente logran sentir un escalofrío de admiración cuando se tiene la certitud de estar frente a la tumba de un hombre que fue un genio? Sufrió el juicio más camaleónico que nadie lograría imaginarse y eso –estoy seguro-, no lo saben ni la mitad de los que allí hacen parada de sólo un minuto, dos, luego, unas cuantas fotos y eso es todo.  Porque –incluso- los comentarios llegan a ser formulaciones tan atrevidas como aquella que le escuché a una mexicana, “¿Es la tumba de un faraón?”  También, existencias tan ruines, como la de una mujer que deseaba tomarse la foto haciendo pistola con sus dedos simplemente porque su bajeza y su hermético raciocinio nunca le permitieron comprender uno de los humores más finos y sarcásticos del mundo como era el de Wilde.

 

El hombre que revolucionó a Londres completo con El retrato de Dorian Gray; el genio que se desbordó sentimentalmente ante su amante y dio pinceladas teológicas de un Dios hombre en De profundis, está en este cementerio. Su tumba hoy la protege un vidrio –tipo pecera- para protegerla de todos los besos y estoy seguro que si él pudiera, ordenaría quitar ese adefesio y restaurar los mimos que le han borrado.     

 

Los senderos son muy agradables cuando el verano agoniza y entra el cobre del otoño. Algunas tumbas tienen mensajes muy profundos que he copiado en mi libreta, como aquel que encontré en la tumba de una mujer que la vida no le alcanzó para llegar al altar junto a su prometido… ha querido Dios que tu vida sea un sopor eterno, ha querido Dios que ni tu sopor haya yo tenido.

 

Entre los senderos, las esculturas, el mármol negro de algunos vestigios de dinastías y tumbas que ya no hace parte ni del olvido, encontramos un muerto que tiene la suerte que muchos hombres no tienen en vida…

 

Víctor Noir, irrigación perpetua:

 

Víctor Noir es uno de esos muertos que se convirtió en celebridad después de extinto. Su estrepitoso final a sus escasos 21 años también está lleno de mitos que poco a poco han opacado los acontecimientos reales. Se dice que fue periodista y de un periódico republicano, que la muerte no lo tenía citado a él para ese día, simplemente fue en calidad de padrino de un duelo pactado entre el director del periódico y Pierre Bonaparte, sobrino de Napoleón III. La conversación tomó matices de poca cordura verbal, luego a la agresión física y por último Víctor Noir fue abatido por Pierre Bonaparte de un disparo.

 

Aquí comienza el mito… no hubo fotografía que mostrara cómo quedó el cuerpo de Noir, sin embargo, su tumba se construyó como replica de un hombre abatido en el suelo con su sombrero de copa a pocos centímetros de su mano y su mirada perdida. La escultura que representa a Noir tiene una notoria erección, la misma que ha generado todo tipo de creencias urbanas a su alrededor: para las mujeres que no logran quedar en embarazo hay que frotar el miembro de arriba hacia abajo y con la mano izquierda y mirando a Noir; si el deseo el simplemente conseguir un novio el rito es con la mano opuesta dándole la espalda al muerto. Una tercera recomendación es para aquellas más osadas: cabalgar sobre el mimbro de bronce si el anhelo es un esposo que sea buen amante y fértil, luego besar a Víctor Noir y dejarle flores en su sombrero.

 

No es raro –en época de verano- ver  despedidas de solteras que comienzan en la tumba de Víctor Noir. Amigas de la futura esposa llevan a la prometida y la animan a cumplir todos los sortilegios que existen alrededor del abatido periodista.

 

No muy lejos está la tumba de un hombre que vivió con desbordada pasión artística; pintor desenfrenado y –se dice- el eterno rival de Picasso…

 

Amedeo Modigliani

  

Una vida que se resume en la lápida de su catafalco: Muerto cuando conoció la gloria. Lo que más le dejan a este pintor italiano sin cigarrillos y diminutas piedras, nunca he entendido qué significación tienen esas piedras.

 

Bueno, espero les haya gustado este primer recorrido en el Pere Lachaise de París. 

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