Lograr que ella se vaya de Willie Colón con tu instrumento es todo un arte. Que se vaya de trompetista con tu trompeta, para mayor especificidad.

 

Cualquier día uno descubre que la pereza es más poderosa que las ganas de clavarla. El placer sexual siempre es bienvenido, pero hay ocasiones en las que se prefiere ahorrar la energía que implicaría levantarse a penetrarla. La sudada, la despeinada, el desbarajuste de la ropa, el desgaste, la agitación, dejan ver que una chupada es el camino más corto.

 


No será Willie pero qué Colón.

 

Para llegar a este hallazgo la pareja ha tenido que pasar por ciertos periodos de convivencia, y en consecuencia ciertas maratones de tubo, que hayan empezado a perfumar el sexo con un aroma de sana rutina.

 

Es entonces cuando la felación pierde sus visos de novedad, y se convierte en una alternativa con esporádicos pringos de discordia. Si no se hace bien, solicitar una chupadita es señal evidente de descaro, comodidad y vagancia, cuya práctica resulta interpretada por ellas como alcahuetería, servilismo y otras cosas así, indignantes de repente.

 

De repente, porque esa connotación negativa es extrañamente condicional. Un misterio insondable que ameritaría documental de Discovery con Morgan Freeman abordo. Puesto que en otros momentos, son ellas mismas las que se engullen el pene con voracidad y fruición, embelesadas con su paleta venosa, con la esperanza de tenerla adentro tan pronto la sientan pétrea. Es la antesala perfecta para una jornada de perforación subichal, su ritual infalible para endurecer el falo.

 

Está más allá de la comprensión de la verga humana descifrar si les gusta chuparla o no. A algunas se les nota el desagrado, y lo hacen ver como una tortura. En cambio, otras se apasionan con el mástil con una devoción histriónica, torneando los labios cual Madonna. Notoriamente entusiasmadas por comerse el micrófono.

Nominada al Grammy Latino 2012 en la categoría ‘Prostíbulos y Peluchódromos’.

 

Todo está en la manera de pedirlo (El sexo oral, no el culo -aunque también) . Al contrario de lo que pudiera intuir un lector de Vergonymous, la sutileza es el secreto. Y es, precisamente, el tema central de este texto. Nada de salir con: ve alistando las rodilleras para que me des un chupón apenas llegue; a esta mondá le hace falta un chupetón para poder decidir adónde vamos a salir a comer; deja de contarme cómo te fue hoy y estar hablando, que lo mejor que puede hacer esa boca es embutirse esta; te vas a tener que pegar aquí 15 minuticos si quieres que vaya a la fiesta de tu madre.

 

Hay que saber inducir la chupada de manera convicente, con delicadeza, prevención y tacto, teniendo en cuenta que les quedaría demasiado fácil a sus dientes cobrarnos cualquier hostilidad. Los daños y perjuicios genitales han sido objeto de reiterada preocupación en este blog.

 

No es tan fácil, y por eso presentamos recomendaciones prácticas para conseguir una mamada sin exigencia de contraprestación. Lo natural es que ellas reclamen a cambio una lamida en su respectiva entrepierna; pero aplicando la estrategia adecuada según el caso, se puede escapar de este requisito y evitar un dolor de cuello o una encalambrada de lengua. (Solo en caso de torticolis o pésimo 'humor' se explicaría que alguien no quiera chupetear un coño)

 

1. Rociar con perfume el abdomen y los bordes de la cadera en la mañana, servirá para demarcar el camino de la nariz hacia la región pélvica en la noche. Y con la nariz viene la boca. Solo hay que levantarse la camisa descuidadamente y hacer un comentario sobre la fragancia, para que ella caiga en la trampa. Terminará desempacando la trompeta. El “huéleme por aquí a ver si todavía tengo”, pronto se convertirá en un “así así”, entre gemidos.

 

2. Comprar un banquillo, una silla pequeña, en la que una vez sentada ella quede a la altura precisa para que su boca se encaje entre las huevas. La excusa puede ser que la compró para que mutuamente se ayuden con la amarrada de los zapatos en las mañanas. Entonces, al llegar del trabajo cansado, hay que sacar el taburete, ponerlo a los pies y pedirle descuidadamente a ella que tenga la bondad de colaborarle a quitarle los cordones, ya que la falta de actividad física no le permite doblarse tanto. Mientras lo hace, solo hay que sacársela del pantalón para que cuando mire hacia arriba no tenga más opción que tragársela.

 

3. Los chistes pendejos y las metáforas sonsas pueden ser la llave para abrirles los labios de arriba a muchas. Cosas como: creo que debes practicar tú técnica vocal y oral y estoy dispuesto a ayudarte; juguemos al karaoke, aquí tienes para que cantes; necesito poner a cargar el micrófono, ¿te molesta si lo enchufo en tu boca? (darle play otra vez a la canción de arriba).

 

4. Acostarse con la cadera al borde de la cama, con las piernas afuera y abiertas, dejando el paquete expuesto como en una cúspide. O en el momento de ver películas entrepiernados, ubicarse más arriba para que sus manos terminen descansando cómodamente sobre la caja pélvica. Es jugarle a la provocación. Cuando ella baje la corredera y quiera subirse a cabalgar, es momento de complementar la estrategia. “Me duele mucho la espalda, me la lastime por la mala postura. Pero me puedes dar besitos”; o “ese condón me da alergia, mejor solo bésamela ¿si?”; o “es que si me agito me coge el asma (de has-mamado mucho), ¿por qué no me la chupas?”; o "el estrés y el cansancio no me dejan ni moverme"; o el mucho más común: "es que la religión no me permite tener sexo, pero no dice nada sobre una chupadita #ClintonStyle".

 

5. Una clave es bañarse. Ella estará reacia si lleva un par de días sin probar jabón, y le será imposible disimularlo. Algunos maestros consiguen que se las succionen así. A un alto precio sin embargo. Para conseguirlo se necesita nivel de experto, solo alcanzable tras años de convivencia, años de difícil resistencia, para que ella ya le coja gusto al sabor madurado.

 

6. Otra técnica efectiva es pasarse las manos por la verga, y, con disimulo, dejarle sentir el aroma rozándole la mejilla en una caricia amorosa. Ella identificará la esencia huevística de inmediato. Si resiste la tentación inicial, pase a la ofensiva con una nueva untada. Restriéguele los dedos por la nariz y pregúntele si siente cómo la están llamando sus hormondás.

 

7. Dejarse el pantalón entreabierto al venir del baño, permitiendo que se asome el inicio de la ropa interior, tensa por la erección que esconde. O juguetear con los rizos que emergen. O vestir, sin calzoncillos, una sudadera holgada, siempre cayéndose y amenazando con llenarle la boca.

 

8. Para meterse entre sus cachetes (los de arriba) existe una táctica de persuasión, que consiste en hablar del tema y luego ver porno. Convencer de la naturalidad del asunto. Que no sabe bien, que es feo, que esto, que lo otro. Son cosas que probablemente argumentará ella. “Por qué crees que tantas lo hacen”, “mira cómo lo disfrutan en el video”, “pégate y verás como cambias de opinión”, son las principales fórmulas para sortear sus dudas.

 

 

Una vez logre iniciar la sesión de trompeteada, hay que concentrarse en sostenerla y orientarla para obtener el mayor gozo alcanzable. En este sentido, son importantes algunas cualidades, así como la dirección del acto. Lo mejor es recomendarle con cariño que la mano envuelva el miembro y lo bata arriba y abajo, mientras la boca succiona como en forma de O. Ojo, cariño no significa terminar cada frase con la palabra "mami".

Si están acostadas, pedirles que mejor se volteen y dejen ver el culo en todo su esplendor mientras exprimen el cáliz testicular. No sea que vayan a quedar bizcas por querer mirarnos a los ojos al tiempo que chupan. Valga mencionar que para una mejor felación, es importante tener en cuenta que su pareja posea una boca chupadora –un labio sutilmente sobresaliente gracias al entrenamiento infantil de chupar dedo. También son de gran ayuda unas manos frágiles pero con ‘callo busetero’, ese que se forma en la palma por haber pasado años agarrando tubos de buses, y que le brinda un recinto ergonómico a la verga mientras la lamen.

 

Todo cambia, todo fluye, ninguna chupada permanece constante. Así, cada mamada es distinta. Varía según la autoram y de acuerdo con el estado de ánimo que tenga el día del acto. Nunca la chupan dos veces igual. Conviene dejar que las mujeres se entreguen y se ensimismen como les plazca, pero dándoles señales en el momento que algo nos guste. Moverse hacia arriba cuando su mamada nos acerca al éxtasis, y anunciarlo con gemidos para que siga así. Irlas encaminando con una mano en su cabeza, empujando suave, hasta que presionen con sus labios el punto preciso. El clímax. Hay que tener buenos reflejos para no desaprovechar ese instante, y perpetuarlo. Es fundamental agarrarlas y aguantarlas, no dejarlas cambiar de posición, hacer que se fundan hasta el fondo por el mayor tiempo humanamente posible. No sea que se ahoguen.

 

Ahí ahí, eso. De esto se trata. Y que suene. That’s the way –ajá ajá –  I like it!

Me equivoqué de video, pero ¿cómo te caería una así un sábado a las 4 pm, enjabonadita?

 

Lo responsable habría sido capacitarlas previamente acerca del estallido eyaculatorio. Lo ideal es que se lo traguen. Nada más horroroso que verlas escupir por allí los millones de pequeños Vergonymous. Es imperdonable ver nuestra incipiente descendencia sacrificada en un acto de repulsión, como un moco.

Además, con la tragada -literal- se evitan residuos que manchen la ropa o sean difíciles de explicar. Hay que convencerlas de las cualidades proteínicas y vitamínicas del s.emen para que aprendan a bebérselo sin rencores. Así, se propicia el rápido tránsito del torbellino sexual hacia la cotidianidad. Solo es subir la corredera, guardar la trompeta y seguir con la vida, sintiéndose mucho más ligero. Atravesado por la brisa. Convencido de que la felación es la mejor alternativa cuando la holgazanería se le atraviesa al sexo.

 

Claro, de todas formas hay que secarse y limpiarse. A menos que hayas conseguido el equivalente al baloto en el sexo oral: una mujer que la chupe sin babearla.

 

Como colofón, el último de los consejos. El más erudito de todos, cortesía de la sabiduría popular: la mejor manera de que se coman la yuca, es pelarla.

 

 

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