Que atractivos que son los cementerios,

que interesante que es recorrerlos, sentirlos, observarlos y aprender de ellos. En el fondo son como nuestra casa matriz, la que nos recuerda sin excepción que ahí siempre volveremos para terminar lo que alguna vez iniciamos.

Además los cementerios tienen la capacidad de acumular historia, personajes, todos aquellos que alguna vez fueron indispensables, hoy yacen eternamente sin ningún poder de decisión bajo la  tierra. 

Los cementerios son tan interesantes que se pueden llegar a convertir en puntos claves e icónicos del turismo por las ciudades, los pueblos, como lugares inmensamente atractivos para visitar.Y así un día estaba yo entre tumbas, mirando nombres, analizando fechas, leyendo epitafios y creándome historias, todo un lujo para la imaginación. Transcurría el final de la tarde después de varias búsquedas y encuentros cuando ví  al fondo un árbol grande y seco, seguramente con muchos años encima, pues parecía miembro honorario del cementerio ya que estaba totalmente sin hojas, sólo con los troncos lampiños y alargados.

Con la luz del atardecer que producía una especie de claro oscuro decidí acercarme pues divisé pájaros  parados en en sus troncos y ramas secas. Las aves se vislumbraban desde la distancia y sus movimientos y sombras dibujadas eran muy notorias y llamativas. 

Me atraía  la imagen del árbol viejo del cementerio sosteniendo en sus brazos y dándole la bienvenida a muchas aves en sus ramas como preludio de la llegada de la noche.

Pero la película romántica que rodaba por mi mente no duró mucho, paró en seco al darme cuenta que lo que se movilizaba por las ramas secas del árbol no eran pájaros, no eran aves, eran ratas, muchas ratas que andaban por el árbol, subían y bajaban como puente entre la vida y la muerte.

Sentí un rechazo inmenso, un miedo muy grande y decidí  alejarme inmediatamente del lugar hasta salir del cementerio.

Había sido víctima de un efecto óptico que rompió mi cabeza, que me llevó en pocos segundos de la poesía romántica al delirante repudio del asco.

Siempre leí que en los cementerios se descansa para la eternidad, mi recuerdo imborrable también yace allá.

jco

 


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