Vivimos en un mundo global. Las redes sociales han traído consigo la democratización de la información. Pasamos de vivir simplemente en el mundo a vivir en un mundo hiperconectado y participativo, donde la voz de pocos puede convertirse rápidamente en la voz de millones. Esto sin duda plantea que las fronteras geográficas se diluyen y los intereses humanos y comunes comienzan a primar.

En un mundo globalizado, lo mejor es lo mejor sin importar su credo, su raza, o su geografía.

Pensemos en el fútbol como un ejemplo. Durante muchos años criticamos profundamente a los técnicos de la selección Colombia por jugar siempre a lo mismo sin evolucionar y por generar roscas con los directivos y sobre todo con la prensa y los jugadores.

Un círculo vicioso del cual no salíamos hasta que se tomó una decisión neutral de traer un técnico reconocido internacionalmente por sus méritos y que estuviera ajeno a todos los círculos o carruseles de influencia local. Alguien que pudiera actuar de manera independiente sin condicionamientos previos. Así llegó Peckerman, campeón mundial juvenil con la selección Argentina.

Una persona es buena por sus logros, no por donde vive, pero sobre todo por la capacidad de actuar libre, buscando como único objetivo lo mejor y no lo políticamente correcto para un contexto tóxico y complejo.

Los temas globales siempre premian la calidad por encima de todo.

La semana pasada se anunció el triunfo de un colombiano, Carlos Franco, como el nuevo alcalde de Palmas, capital del Estado de Tocantins en Brasil. Un barranquillero que ganó las elecciones en ese país y que trae consigo un gran proyecto para conectar al gigante suramericano con el Océano Pacífico al otro lado del continente.

Ahora volvamos a la actualidad colombiana y pensemos en una idea global que podamos traspolar el fútbol a la política. Finalmente de eso se tratan las ideas, de romper paradigmas y producir fenómenos sociales.

En una ciudad como Bogotá, que viene sufriendo desmedidamente por carruseles de contratación, por corrupción excesiva, por crisis de convivencia, por roscas turbias políticas, no será acaso el momento adecuado para pensar que necesitamos contratar a un gran alcalde. Pero al mejor alcalde del mundo.

Hagamos la lista de los mejores burgomaestres con los más contundente resultados. Nueva York, Ciudad del Cabo, Brasilia o donde sea.

Bogotá se merece traer al mejor y que llegue sin vicios, sin favores políticos pre-establecidos, sin carruseles montados.

Como hizo Peckerman en el fútbol, que lo haga un alcalde en la política con la ciudad.

Bogotá merece una decisión global para volver a la transparencia, al funcionamiento, a convertirse en una maravillosa ciudad emergente.

¿Cuáles son sus candidatos?

JCO

@juancarlosortiz

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

Contenido relacionado

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.