Alguna vez leí al escritor Mircea Eliade decir que entre lo sagrado y lo profano  había un solo paso. Y es cierto, como cuando uno está en la calle en pleno ruido y congestión  y con solo  dar un paso se entra a una iglesia, se siente la transmutación inmediata  de dos ambientes totalmente antagónicos y distintos. Del caos a la calma en pocos metros.

A mí me pasa lo mismo con el cine. Entrar a un teatro y ver una película es como un proceso de mímesis y catarsis absoluto donde los problemas y las preocupaciones vuelan y desaparecen.Por eso tengo siempre como costumbre hacerlo , esté donde esté.

Hace un tiempo estaba de viaje por Colombia, visitando lo que se llama una ciudad intermedia o mediana por su tamaño y para ser consecuente con la tradición decidí ir a cine a un viejo y grande teatro del centro de la urbe.

Luces apagadas, pocas personas en el público , varios minutos de proyección cinematográfica , película en acción cuando de repente sentí algo que rápidamente  me frotó las piernas. Me asusté y quedé pensativo sobre lo sucedido. Volví a calmarme y  a seguir viendo la película  pero nuevamente el corrientazo entre mis pies  tuvo mas fuerza. Esta vez entré en pánico y salté. Algo se movía jugosamente y con mucho conocimiento por el piso del teatro y me rozaba.Decidí que mis pies en la oscuridad no volverian a tener contacto con el suelo y así al mejor estilo de circo quedé sentado en la parte superior de la silla reclinada haciendo equilibrio para no caerme . Fueron muchos minutos de aguante pero ante todo era un acto de supervivencia.

Finalmente la película terminó y prendieron las luces. Pude mirar  hacia abajo y me encontré con la respuesta a mi incertidumbre: una rata inmensa y peluda. Se notaba que era una rata que vivía ahi y vivía muy bien.  Con asco exponencial  la ví correr con una crispeta en su boca por los pasillos del teatro como si fuera su casa. Indignado fui a buscar al administrador del cine para quejarme. Lo encontré en la dulcería y le dije:

-Señor, hay una rata asquerosa en este teatro. A lo que él me contestó: 

-Claro que sí. es la mascota , se llama Anibal y vive  acá.

Yo quedé petrificado. Sé muy bien que el mundo está lleno de ratas, unas mas grandes que otras, pero ante todo ratas y que hay que tener mucho cuidado con ellas. Pero esta  historia era nueva para mi conocimiento. Conocí una rata mascota que hace frotis y trabaja para ayudar  a mantener el equlibrio del ecosistema fílmico con la limpieza de un teatro.

De todo se ve en esta viña del Señor.

jco

 

 

 

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