A tu edad, todas las mujeres empiezan a casarse si es que ya no lo han hecho” - Dijo mi psicólogo- “Me imagino que muchas de tus amigas deben estar en esas”- “ Sí, es verdad” le respondí. “Y, cómo te hace sentir eso?” - “Normal, creo” respondí. “¿Segura? Suele ser algo difícil”.

 

Como en Inception, creo que no hay nada más peligroso que una idea plantada en el cerebro. Una vez es sembrada es muy difícil matarla. Va creciendo, apoderándose de ti, adueñándose de todo y después uno olvida como era el estado natural de las cosas antes de que alguien o algo inyectara esa frase, esa duda en tu débil psiquis. Pues eso fue lo que pasó en esa sesión. Se me metió el bichito de que es difícil ser la última soltera del parche.

 

Como si fuera algo traído por la mente al mejor estilo de EL Secreto, muy poco tiempo después mi mejor amiga, Ana María, muy lejana al estereotipo de Susanita, estandarte de independencia, mujer del siglo XXI, dueña de su vida, exitosa, gran profesional, bella e inigualable compañera de soltería y del que llamábamos a manera de chiste “El agujero”, (refiriéndonos a nuestros intentos y fracasos amorosos), se había comprometido.

 

La suya es una historia de amor como de cuento. Le diría sí a su gran amor desde los 15 años. Yo, teniendo la misma edad, había sido testigo de ese primer beso y del noviazgo que empezó en la tienda de las paletas del colegio cuando estábamos en noveno. Junto a ella viví su historia de amor de adolescentes que pasó por muchas etapas. Fueron novios en la Universidad, luego en la incipiente vida laboral y aunque entre romance y romance hubo treguas, tiempos largos separados, otras relaciones y vivencias, el hombre de la vida de mi Annie siempre fue su Maurizio (con z por sus origen italiano). Por eso, ya acercándonos a los 30, cuando la vida parece empezarse a definir y a entrar en el terreno del “cuando sea grande” el destino hizo lo que era justo: Los volvió a juntar y esta vez decidieron no volver a dejarse ir.

 

Creo que la idea que me había sido implantada tardó bastante en hacerse sentir. La emoción de la noticia, los planes para el matri, el anuncio de que sería una de las madrinas, la divertida despedida de soltera, opacaban la frustración que empezaba a sentir, hasta que salió ¡afortunadamente! Siempre es bueno expresar lo que se siente. Peor hubiera sido que en unos años se manifestara en mí en forma de tic: un ojo titilante o un gesto recurrente con la boca para que después de un psicoanálisis lograra entender que fue producto de un miedo reprimido de aquella vez que sentí que la única de mis amigas que no encontraría el amor para toda la vida, sería yo. Las curiosidades de la vida: Pasé de ser una de las primeras en casarse, a una de las únicas que no lo ha hecho.

 

Así que llegó ese día en el que me ví al espejo y pensé: ¿Y si a mí nunca me pasa? ¿Si lo mío no es vestirme de blanco? ¿Qué es lo que tengo mal? ¿Estaré destinada a la soltería? Y así, a medida que las preguntas avanzaban, iba creciendo el nivel de drama. La tiranía del reloj biológico con su perseguidor TIC-TAC. Después la confrontación. ¿Por qué el afán? Si para nadie es un secreto que el matrimonio está en vía de extinción, por todos lados separaciones y rupturas (la de Seal y Heidi Klum fue para mi, la más dolorosa). Pero la verdad, fuera de pajazos mentales y análisis racionales, así sea la cosa más complicada del mundo, la convivencia sea imposible, y hoy en día pocos se aguaten “hasta que la muerte los separe”, yo también quiero vivirla, segura, como todos los que se casan, de que mi caso será la excepción.

 

Finalmente llegó el gran día y como suele pasar, el miedo de lo que uno se imagina va a sentir, es mucho mayor a lo que realmente sucede. Fue una noche perfecta. Mi amiga brillaba de contenta, su galán la miraba lleno de amor, su familia orgullosa, los detalles, las luces, la comida, el baile… todo fue mágico. Al final me gocé tanto la fiesta que hasta el equipo de la Red se metió a mi facebook y por las fotos del ágape concluyó que soy la nueva Paris Hilton Colombiana: Sin su apellido, ni su herencia, mucho menos sus millonarios negocios sus escándalos o sus realities y por supuesto, yo si uso siempre ropa interior… de Paris no tengo nada, ¡soy mucho más rica! En vez de mansiones y joyas, salgo rodeada de mis grandes amigos, con el ramo en mano (¿acaso gesto de solidaridad de mi amiga Annie?), feliz de corazón y con mi novio hermoso, compañero de mis quiebres y mis miedos, mirándome con sus ojotes verdes y haciéndome sentir que vale la pena seguir con ese sueño femenino de llegar al altar y vivir felices por siempre.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.