Miami:
Hermosa ciudad donde priman dos colores, el azul del mar y del cielo y el verde de la vegetación y de los parques.
Un lugar que sin suda  alegra el espíritu.
Me encontraba allá para una cena de negocios y resolvimos hacerla en un lugar especial. Un restaurante de comida de mar al lado del agua.
Y allá llegamos todos en la noche. Nos sentaron en una terraza muy agradable que daba contra el río, iluminada con teas en un tenue claro oscuro al mejor estilo Rembrandt,  una perfecta atmósfera para abrir o cerrar cualquier negocio.
El restaurante estaba totalmente lleno y el ambiente lúdico y tranquilo transmitían un sentimiento mágico y amigable.
Nos trajeron la entradas  y empezamos todos a comer, cuando vi que por la baranda de madera que separaba nuestra mesa del río un cucaracha caminaba.
Para no generar crisis en el ambiente y especialmente en el público alérgico a estos animales y sin que nadie se diera cuenta empuje con los dedos la cucaracha al agua como si jugara canicas
y así desapareció de la pintura nocturna en la cual nos encontrábamos.
De repente y de forma obvia otra inmensa cucaracha apareció caminando en la mesa al lado de los platos servidos.
Una mujer se dió cuenta y gritó y yo haciendo gala de tranquilidad y de ningún nivel de asco por este animal, tome un servilleta de tela y la capturé, entregándosela a un mesero.
Ya impotente  empecé a observar  que varias cucarachas  volaban y provenían del río.
Una atacó como un kamikaze y se metió en el pelo de una mujer sentada a mi lado.
Ella saltó como un resorte y enloquecida gritaba y se jalaba el pelo.
Miré nuevamente hacia el río y vi una nube que venía. Una nube de cucarachas que atacaba todo el restaurante. Cientos y cientos de cucarachas voladoras invadían el lugar. Casi como la fiesta inolvidable de Peter Sellers todas las señoras y señores del restaurante entraron en pánico. La gente corría de un lado para otro, se agachaban, manoteaban .
En medio de la locura observé una cucaracha introducirse en la boca de una señora mientras gritaba.
Caos absoluto, y yo no sabía si reír o llorar.
Todo el mundo empezó a abandonar el restaurante en su totalidad.
El dueño del establecimiento muy apenado no le cobró la cuenta a nadie y finalmente todos nos fuimos.
Como olvidar esta reciente cena.
Me quedé sin cerrar un negocio pero con una historia maravillosa por contar que espero próximamente me ayude a abrir otro.
Ojalá en otro restaurante.

JCO

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

Contenido relacionado

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.