“¿Y tú me estás felicitando por qué?” Me preguntó Carolina Acevedo con un tono que mostraba adrede su molestia. “¡Me acabo de enterar que estoy embarazada!” “Es lo que dice en las revistas”, contesté. “Pues es mentiras”, me respondió. La cabina se sintió chiquita y la entrevista fue un desastre, ni siquiera el micrófono se solidarizó conmigo, empezó a fallar y finalmente despedí con vergüenza a mi invitada. 

Amamos hablar y comentar sobre la vida de los famosos, porque son el espejo de nuestras pequeñas o grandes vidas. Todos al igual que ellos, hemos sido protagonistas de nuestras desgracias, nuestras historias de amor, nuestras traiciones, nuestros triunfos y nuestras frustraciones. Juzgamos a través de ellos lo que no nos atrevemos a ver en nosotros mismos y soñamos con ellos lo que creemos nunca se hará realidad para las personas del común.   

 

Lo único cierto es que lo que opinamos, decimos y comentamos sobre los demás no es más que lo que vemos y pensamos de nuestra propia vida, corresponde a los acuerdos que hemos establecido en nuestra mente.   

 

De esta manera disfrutamos leyendo y publicando sobre hechos que no son ciertos, mal interpretando amistades estrechas, tildando hechos que no conocemos de deslealtad, augurando rompimientos. Decidimos si Angelina Jolie es buena o no para Brad Pitt, acusamos a George Clooney de ser malo en la cama –por algo no le dura ninguna novia- Nos encanta hablar, vivimos del chisme, nos lo gozamos, lo saboreamos como si se tratara de un exquisito platillo y se nos olvida que son seres humanos con sentimientos, familias, conflictos. Sí, es cierto, dan papaya. Sí, cometen errores, pero, ¿quién no? 

  

Con la vara con la que mides serás medido, el pez muere por la boca, adagios populares que decimos pero poco aplicamos. Lo que olvidamos es que en el preciso momento en el que juzgamos a un tercero, estamos juzgándonos a nosotros mismos. Dejemos de emplear nuestras palabras para propagar nuestro veneno personal. Cuando criticamos, son nuestras inseguridades las que hablan; cuando maldecimos se manifiestan nuestras rabias; cuando inventamos, o agrandamos una situación, no es más que nuestra perversión la que crea lo que no existe. Son nuestras vivencias, nuestras duras, tristes y difíciles vivencias, las que buscan alivio dañando a los otros.  

 

Qué  bonito y útil sería, utilizar el lenguaje en la dirección de la verdad y el amor. Sé que es difícil y me acuso de no hacerlo siempre, es más me acuso de haber fallado muchas veces. El entretenimiento es un mundo donde se deben construir ilusiones. Acabando héroes, manchando divas, o inclusive hablando mal de la vecina, de la desconocida, de la compañera de trabajo o de la enemiga del colegio, lo único que logramos es multiplicar el dolor y no por eso cesará el nuestro.

 

Y ustedes, ¿han sido victimas del los chismes alguna vez?  

 

Ilustración Marcela Salazar

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