Las Olimpiadas son la oportunidad que tenemos todos de ver nalgas bien esculpidas sin exponernos a reproches o sanciones morales. Y lo mejor: en horario de oficina.


Pocos son verdaderos conocedores de las disciplinas atléticas de los Juegos Olímpicos; en cambio, todos sabemos deleitarnos con un par de glúteos adecuadamente redondos, tersos, apretados y parados, asomando a cada paso pliegues finos de piel, bajo una lycra extra ceñida y delgada.

 

Es un deporte que sí practicamos a diario: el escaneo visual de traseros. Pero exige sigilo. Es todo un arte hacerlo en la calle, en el lugar de estudio o de trabajo, sin ser descubierto y señalado como mirón o morboso. Hay que aprender a usar el rabillo del ojo y la volteada súbita de mirada: claves para alcanzar la medalla de oro en avistamiento de culos.

 

Los mojigatos están siempre al acecho para juzgarte, o regalarte su impertinencia en forma de comentarios tontos. Están ahí cuando entras a SoHo.com y te topas con un estudio taxonómico de ropa íntima en primerísimo primer plano. Están ahí cuando abres Facebook, y emerge de súbito la foto de esa cuasi-conocida de tu adolescencia, que disfruta inflar la pantalla recordándole al mundo la nutritiva retaguardia que ha cosechado. Están ahí cuando aparece alguna porrista o modelo en 20 uñas, subida a la red por un enfermo amigo. Están ahí para preguntarte: ¿Esa quién es? Y sentenciar cosas como “está pillado, en eso se la pasa...”.

 

Lo mejor de las Olimpiadas es que ofrecen la oportunidad de ejercer la vida contemplativa: dedicarnos a mirar y mirar porciones carnosas que brincan, sudan, se contraen y se estiran, sin que el mundo descubra lo morbosos que somos. Tan solo soy un fanático del voley playa, del salto con garrocha, del atletismo, del tenis y la natación. Tan solo aprecio la cadencia del deporte, el virtuosismo técnico, el despliegue estratégico, el espíritu de competitividad y el alma de esos competidores que dejan todo por su país; así como la manera como sus cuerpos se aprietan unos con otros para celebrar en abrazos efusivos, y se dan palmadas en sus rebosantes y rebotantes nalgas.

 

Con esa propulsión Alenka Bikar llegará lejos.

 

En la pantalla, en la transmisión en directo, está el refugio frente a la flácida, pancha y embolatada realidad que nos rodea. Los gorditos que obligan a apagar la luz quedan en el olvido; así como las carencias que nos recuerdan a gatos empinados, paleteros embajadas, o a nuestros papás en el peor de los casos. Y el interés deportivo brinda la cuartada perfecta, por lo que podemos pasar horas viendo caderas de todas las dimensiones, formas y colores. La admiración por el talento trasciende países. Es lo bello del deporte.

 

Incluso aplica para las mujeres que leen este blog de hombres (Ya que estás por aquí Sígueme en Twitter @iBernalMarin ). Para nadie es un secreto que solo ven fútbol para morbosearles las piernas a los futbolistas.


Ver deportes es ver culos libre de culpa. Y no hay quien reproche, porque todos están haciendo lo mismo. Cualquiera aprovecha, de paso, para perder unos minutos laborales con una excusa difícil de discutir: la transmisión y repetición televisiva de los instantes decisivos. "Es que los juegos son cada 4 años" / "Es que aquí Colombia tiene opción".

 

Afortunadamente para la población masculina mundial, las atletas pasan años ejercitándose y cultivando su cuerpo de forma natural, para explotarlos al máximo en el momento que el mundo entero les pone los ojos encima.

Son glúteos que parecen moldeados por el cincel de un artista griego. Muslos que se encajan en cóccix y pelvis en armonía. Traseros esculturales, firmes como estatuas de esa era antigua en que nacieron los juegos. Idealizados con justa razón, inmunes a la fuerza de la gravedad; libres de las imperfecciones que debe resistir el resto de la humanidad, condenada a pasar horas y horas sentada entre escritorios y vehículos, y exponer cada día la raya al riesgo de desaparecer. 


 

¡Viva Rusia, no joda!

 

A la fiesta Olímpica acuden algunos de los mejores recubrimientos de ortos del mundo en la actualidad. Nada inflado con plástico o inyecciones, ni balones tipo globo a punto de estallar ni figuras lánguidas o enrevesadas por la celulitis; pura fibra, músculo, y un afortunado amortiguamiento con grasas que le da una sana textura y densidad gelatinosa. Simétricos, sin las manchas, espinillas o estrías que habitan el mundo mortal.

 

Son nalgas olímpicas. Por eso para representar a los continentes el símbolo de los juegos son aros entrelazados; como una alusión a esos anillos hundidos en el fondo de las pulcras montañas de piel, que llegan de todos lados a batirse entre sí. El culo es un emblema olímpico. Y la más poderosa razón para prestarle atención a los juegos.

 

¿Acaso no había notado que Olimpiadas se escribe con O de Orto?

 

A lo largo de las justas deportivas las nalgas reclaman un papel preponderante, aunque inconfeso. Todos nos emocionamos y seguimos los cronómetros y marcadores, nadie admite estar absorto en el bamboleo hipnótico de las redondeces.

 

A la rusa Yelena Isinbayeva la apasiona saltar de garrocha en garrocha.

 

Tanta perfección traseril, expuesta en uniformes extra ajustados y diminutos, exige buscar otras fórmulas para denominarla. Cuando salen las atletas más sexy a escena, no podemos quedarnos circunscritos a los planos y repetitivos: nalgas, culo, glúteos, trasero, ni a los ridículos y ultramojigatos derriére, cola y pompis. Popó está fuera de consideración y su uso debería ser castigado con latigazos indígenas.

 

Como nos han enseñado los narradores deportivos colombianos, siempre hay mil formas para decir la misma cosa, y es imperativo emplear todas las posibles para despistar y pasar por culto. (Imperativo, por ejemplo, es prácticamente la misma vaina que decir ‘necesario’)

 

Las hermosas deportistas, un paraíso de cuerpos esbeltos y rostros delicados, deben tener pleno conocimiento de que sus posaderas roban tanta atención en cámaras como su desempeño atlético. Tal vez más. Por ende, es un asunto de profesionalismo referirnos a esas partes pulposas y provocativas con el nivel que exige la máxima competencia intercontinental.

 


Con ese podio, para qué medallas.

 

Por eso en Vergonymous hemos querido presentar una colección de metáforas del culo. Las Olimpiadas nos dan la oportunidad de rendirle un homenaje a este templo de nuestra devoción. No es que necesitemos una excusa para hablar de nalgas, pero tampoco está de más.

 

Aclaración: El culo se llama culo y es una culada creer que hay vulgaridad en el uso de la palabra. Aquí no pretendemos reemplazarla, sino enriquecer nuestra forma de referirnos a esa fruta del deseo. Es otra parte más del cuerpo, la posterior, y ya. Pero el vocablo ha sido satanizado entre nubarrones de moralismo. El culo fue condenado al exilio del lenguaje en Latinoamérica. Influyeron en esto la negación de la sexualidad, así como el bloqueo de los instintos y la genitalidad, en nombre de religiones e ideales de buenas costumbres. Aunque algo tuvo que ver la inmediata asociación con la mierd.a.

 

Por eso han surgido muchas otras expresiones para describirlo, que siguen siendo útiles. Especialmente ante esta coyuntura deportiva, que reúne tantas coyunturas exquisitas. Se trata de términos que se han ido construyendo colectivamente, a partir de comparaciones, nutriéndose de la creatividad popular. Todo en aras de denominar con la mayor precisión posible el centro de poder que cargan las mujeres al final de la espalda.

 

 

Invitamos a los lectores a brindarnos sus aportes para enriquecer este diccionario de metáforas en forma participativa, y construir nuestro propio Wikiculo.

 

En su mayoría, los neologismos que señalamos a continuación no aluden específicamente al esfínter   a n a l, sino a la carnosidad protuberante que lo protege y que despierta tanta fascinación, y vergas.

 

Para mayor ilustración y comprensión, complete la frase: “Mírale ese ___________ a la corredora de Brasil”, con cualquiera de las siguientes metáforas:

 

  • Culantro: ‘antro’ es una especie de caverna, por lo que sugiere culos cavernosos.
  • Cuatro letras: busca distraer al interlocutor haciéndolo creer que es el codo, que también es arrugado.
  • Jopo: el término proviene de la cola de un animal de mucho pelo. Su uso es ampliamente extendido en la costa. Aunque no tiene una connotación peyorativa, cuando no se refiere al cuerpo se emplea para añadir énfasis a situaciones desagradables (Ej: que frío jopo / que lloviznita jopérica).
  • Fundillo: Ha de explicarse como: algo pequeño que se halla al fondo. Íntimamente ligado a ‘Follelle’ (Canción recomendada: Fundillo Loco, del Joe Arroyo)
  • Cachetón caricortado: también reemplaza el insulto: caradeculo.
  • Hoyo negro: es la descripción más literal que se puede alcanzar del ano. Entre las variaciones están: el abismo negro, el hueco y el ojete.
  • Anastasio: por lo de ano.
  • Exhosto: hace referencia al escape de las motos. No hay que olvidar que el culo también opera como escape de gases del organismo. Equivalente a “retaguardia”.
  • Tapas: por lo que, de hecho, las nalgas ‘tapan’ el esfínter y lo protegen de las amenazas del mundo exterior.
  • Portal de sucul: representa una entrada amplia, portentosa, abierta, a su-culo. Reemplazable por surra-ja.
  • Bicho: es un costeñismo que no tengo ni idea de en qué se inspira. No obstante, sus variaciones se utilizan para señalar situaciones asociadas al trasero. (Ej: a esa tenista se le nota que tiene una carencia subichal). Es válido invertirlo y usarlo como "el chobi".
  • Alcancía: es curvo y circular, con una ranura por la cual se le meten cosas de valor.
  • Asterisco: otra descripción fidedigna de la apariencia del ano. Equivalente también a “Dona”, “Rosca”, "el arrugadito", o los mucho más populares “Chiquito” y “Chicorio”. Con base en estos, valga recordar que el culo sigue siendo igual de diminuto y apretado sin importar la abundancia de las nalgas.
  • Orto: Según el diccionario se refiere a la salida del sol por el horizonte. Fácil imaginar la comparación, y otros astros emergiendo entre cordilleras de carne.
  • Telebichor de 40 pulgadas: deriva de la aparente similitud de las nalgas prominentes con los viejos televisores de fondo inflado, abombado. Se empleaba para señalar una porción de gran dimensión, pero ha perdido vigencia. Como ahora todos los TV son pantalla plana, la afirmación "mírale ese plasma" denota escasez jopérica.
  • Recto proceder: esto califica más como eufemismo que como metáfora.
  • Bumper: porque algunos recuerdan la defensa trasera de un jeep o una camioneta, o su magnitud subichal trae a la mente un camión doble troque.

 

Para finalizar, presentamos las cuatro metáforas del culo más extremas, y para las cuales sobran las explicaciones. En el podio están Portapedos, Botafrijoles, o Botapeos. Y por último, el campeón unánime y actual dueño de la medalla de oro en bastedad: el Cortamojón. Increíble que una cosa que recibe nombre tan grotescos sea tan bella. Y los que faltan.

 


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