Una amiga mía trabajadesde hace rato en una whiskería que queda cerca de la UniversidadJaveriana y lleva ya casi 5 años en eso (no es la de la 49 pues haymuchas más, esta es en la 43). La conocí a través de otra amiga ycuando le conté que me estaba quedando corta para pagar el arriendo y,en general, con todos mis gastos, me habló de su trabajo y quealcanzaba a hacerse hasta 7 millones de pesos al mes y por mal se hacíaunos 4. Para mí eso es mucha plata pues no he terminado mi carrera. Lodudé mucho pues no es tan fácil decir: "se lo voy a dar a cualquiertipo por plata" y por eso pasaron varios meses hasta que un día meinvitó a que la acompañara a donde trabajaba. Yo fui con muchaexpectativa pero con la certeza de que no podría. Y así fue. No megustó el lugar, no es muy grande, las niñas toman mucho trago (a mí nome mata estar borracha) y los clientes eran más borrachos todavía.Pensé con cuál de todos ellos podría hacerlo y definitivamente no podíacon ninguno. A todos los veía asquerosos, ebrios, imprudentes,morbosos. Esa noche le dije a mi amiga que no era capaz. Ella me dijoque era cuestión de imaginarse al tipo que uno quisiera, cerrar losojos y ya. Pero no era tan fácil. No es como pensar en Brad Pitt ysaber que un gordo apestoso me está metiendo su pito. Así que esa nocheme fui sin que pasara nada pero ya se me había metido la idea de que enningún trabajo iba a alcanzar esa plata.

 

Un par de semanas después, ella me sugirió que no trabajara en unwhiskería pero sí como acompañante. Según ella era más riesgoso pues escasi que salir sola con un tipo desconocido mientras que en lawhiskería estaba segura pues hay guardias y nada de que alguien sequiera sobrepasar o golpear a una de las niñas. Lo de acompañante, unopuede dar con hombres decentes pero también con el abusivo que puedeintentar otras cosas y ahí la seguridad es mucho menor. Aún así, mesonó más, no tenía que pasármela en un sitio de mala muerte, ysimplemente trabajar cuando lo necesitaba. Ella, entonces, me consiguióuna cita con un dueño de una agencia de escorts (acompañantes), quequeda muy cerca a Unicentro en una oficina cualquiera sobre la 15. Ahísolo está él, las niñas poco van, es una oficina y ya.

 

Llegué a la cita un lunes a las 11 de la mañana, muy nerviosa, yme recibió Camilo (le cambio el nombre por si acaso), tiene unos 40años, mono, ojiazul, no tan alto ni tan gordo. Me explicó que mitrabajo consistía en estar disponible días y noches pues muchosextranjeros venían a Colombia con el ánimo de irse de rumba conalguien, de viaje (muchos nos invitan a Cartagena) o simplemente atirar con una bella colombiana. Me dijo que podía ganar por hora hasta500 mil pesos si era el caso aunque nunca menos de 250 mil. Yo seguíanerviosa pero, no puedo negarlo, esa plata sonaba muy bien. ¿Cuándoempiezo?, le pregunté, y me dijo que ese mismo día si quería. Mesudaban las manos. El me explicó que tenía que cuidarme mucho, ir algimnasio (la competencia es dura, insisto), tener buenos modales, puesmuchos clientes son ejecutivos. Me dijo que no me preocupara por laseguridad pues muchos clientes son viejos conocidos y "es gentedecente".

 

Camilo fue muy cordial y me dio confianza pero faltaba algo más.Me dijo que me pusiera de pie y que me quitara la ropa pues élnecesitaba ver mi cuerpo para cuando lo llamaran saber qué ofrecía ytambién me dijo que era necesario tomarme unas fotos sin que se meviera la cara, para montarlas a una página de internet donde losclientes buscan lo que quieren. Casi me muero, el corazón se me iba asalir, pues no es tan fácil empelotarse ante un desconocido. El metranquilizó y de una gabeta sacó una media botella de aguardiente y meofreció uno para relajarme, lo acepté, me tomé tres en copas plásticasy sin pensarlo más, me quité los jeans y la camiseta que tenía puesta yquedé en ropa interior. Me dijo que me diera la vuelta y que me quitaratodo, le pedí otro aguardiente y me lo dio. Me quité los calzones y elsostén y me dijo que tenía un muy buen cuerpo. Tomó unas fotos, mehacía inclinarme, que me cogiera el culo con las dos manos, luego lastetas, etc. Pero eso no era todo, y sin más explicación se quitó elpantalón y los boxers mostrándome, sin el menor pudor, su vergaparada.  Yo reaccioné mal, traté de vestirme de nuevo, busqué mi ropaen el piso, pero él me dijo que era parte del trabajo, que él tenía quesaber si yo era o no era buen polvo. Me cogió de los hombros y meinsistió en que, finalmente, es lo que haría con mis clientes desde esedía.  A pesar de que ya estaba mareada no me sentía del todo cómodapero sabía que él tenía razón: ya me había metido en esto... o casi. Meacomodó sobre su escritorio, me abrió las piernas y me empezó a lamerla vagina y traté de hacer lo que me sugirió mi amiga: cerré los ojos yya. Funcionó, el tipo me hizo venir con su boca, pero él quería más, meacercó su pene erecto a la mía y me empujó la cabeza para que se lamamara y yo acccedí. Debo decir que estaba muy arrecha y ya entrada engastos, se la mamé hasta que se apartó un poco de mí y se vino sobresus mis tetas. No me disgustó la experiencia, en un momento pensé enque me clavaría y yo estaba dispuesta. 

 

"Te irá muy bien en esto", me dijo. Se vistió, me limpié con papelhigiénico del baño, me dio unas instrucciones y un celular al que mellamaría cuando saliera un trabajo. Me vestí, salí y traté de no pensarmucho en lo que había hecho. En la 15 cogí una buseta hacia el surmientras sentía que todos me miraban y por eso cerré los ojos y solopensé en lo que haría con la plata que ganaría.  Esa misma noche sonóel celular a las 9... y esa es otra historia.

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