La vida pasa muy rápido. Hace sólo 10 años en el mundo cuando no existían Facebook, Twitter y Youtube, ocurrió el ataque terrorista del 9/11 en Estados Unidos. Recuerdo como si fuera ayer estar al frente del televisor mirando la transmisión en vivo y ver súbitamente  como se desplomaba la primera torre, pero también se desplomaba la fortaleza de mi alma  y mi entendimiento de la especie humana. Y precisamente unos días después de la tragedia, me tocó volar en Estados Unidos para asistir a una reunión de negocios. No era el mejor momento anímico para hacerlo pues el miedo y la incertidumbre se multiplicaban por todos lados. La paranoia se apoderaba de cualquier rincón, de cualquier persona, de cualquier color, en cualquier aeropuerto o en cualquier avión. Y  yo, invadido por ese sentimiento colectivo, era como un detective en potencia que analizaba a todas las personas a mi alrededor para detectar posibles terroristas.
Finalmente entré al avión y luego, a mi lado, se sentó una mujer joven.  Ya durante el vuelo comencé a observar con extrañeza la manera como la tripulación la atendía.
Le preguntaban si estaba bien, si quería tomar algo, leer algo, comer algo, si quería otra cobija, otra almohada y así nuevamente la volvían a atender. 
Con mucha curiosidad y sutileza le pregunté si era accionista de la aerolinea. Una lígera sonrisa se dibujó en su cara y me contestó  que no, que estaba muy nerviosa y afligida ya que su esposo era uno de  los tripulantes del avión que los terroristas habían estrellado de manera suicida contra una de las torres gemelas en Nueva York y ella estaba viajando a reunirse con sus suegros. Una lágrima  corrió por su mejilla y yo quedé totalmente petrificado. Le dije que lo sentía mucho y le pedí disculpas por  haberle hablado.
En ese momento volvieron a atenderla y ya el silencio se había apoderado de mí. Una década después recuerdo de manera fotográfica sus lágrimas y su desolación, como también puedo imaginar la de muchas otras personas que perdieron a sus seres queridos en este trágico día.
A todos ellos, una década entera de condolencias.
jco


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