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Es bueno mencionar que mi pareja, Milena, es una hermosa argentina que lleva nueve años en la industria pornográfica y que tiene logros tan interesantes como ser considerada la mejor actriz porno latinoamericana de la historia, tener más de 235 películas filmadas —entre profesionales y privadas—, haber ganado durante siete años consecutivos el Erotic Game USA, ostentar un récord de gang bang latino con veinticinco hombres, haber compartido escenario con Rocco Siffredi, el rey del porno. Sus seguidores la buscan en www.milenahotxxx.com.ar. Con semejante currículum, la vida en pareja con una estrella del porno como ella despierta bastante curiosidad. Pues bien, debo admitir que en la intimidad nuestras relaciones sexuales son como las de cualquier pareja, ya que el hecho de que seamos profesionales del porno (soy director) no cambia mucho las cosas; al fin y al cabo, lo que nosotros hacemos es el amor, con sentimientos de por medio.

Desde hace once años somos novios y nos acostamos tres veces por día pues hay que atender a la diva, a quien defino como una mujer dócil que logra alcanzar orgasmos increíbles conmigo. La principal diferencia es que no los finge como en las películas (pese a que yo le pido como director que no lo haga). Su gran experiencia como actriz porno tampoco marca alguna pauta: a Milena le gustan las mismas cosas que a cualquier mujer, viviendo el ritmo de hacer el amor que le marque su pareja. Justo allí, en la cama, sin luces ni cámaras, es cuando ella deja de ser la número uno de Latinoamérica para pasar al segundo puesto y cederme el primer lugar.

A veces ella "lleva el trabajo a la cama" pues muchas veces ensayamos cosas que luego ponemos en práctica en las películas. Incluso nos grabamos para saber si saldrá bien en la pantalla. De esta forma han salido varios guiones que hemos ejecutado, lo cual explica que las escenas que protagoniza no son fruto de la rutina o de la improvisación. Nunca he sentido celos y tampoco me ha dado rabia porque crea que disfrutó haciendo alguna escena en particular. Ella es profesional en lo que hace, actúa y filma y luego se va a mi casa, donde encuentra el verdadero placer. De hecho, Milena siempre me exige después de cada rodaje que hagamos el amor muchas veces; esa es su forma de limpiarse para poner las cosas de nuevo en su lugar. Muchas veces yo no he querido satisfacerla por su aparente cansancio, pero ella me insiste en algo que yo no le puedo negar.

Nunca me ha impresionado estar con ella después de las grabaciones. De hecho nunca la ofendería diciéndole que se lave la boca porque ni siquiera se da besos y ningún actor se viene adentro. Milena es total y absolutamente higiénica, se cuida impecablemente y lo que pueda recibir en su rostro de las terminaciones faciales se lo limpia con jabones líquidos y cremas especiales, dándole una suavidad y frescura que dudo que tengan muchas mujeres. Tampoco me he comparado con los actores porno que trabajan con ella, pues sé que a ella no le gustan los hombres lindos y tampoco le gustan los penes muy grandes. Y yo no lo podré tener grande —el tamaño es un mito muy tonto—, ni ser lindo —la fachada es lo de menos—, pero soy justo lo que Mile necesita: me considero mejor que cualquiera de ellos en la cama y practico a la perfección el truco de la larga duración. Milena es la mejor del mundo para el sexo oral y el sexo anal, y eso lo saben jurados especializados en la materia. El sexo se lo enseñé yo, y grabar esas escenas es mi tarea. ¿Tendré algo que ver en ese éxito?

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