Yo era subteniente del ejército, tenía diecinueve años y vivía en Cali. Estaba al frente de unos soldados bachilleres y me hice muy amigo de ellos. Eran de la alta sociedad caleña y era frecuente salir a rumbear a discotecas. A donde llegaban, eran los reyes de la fiesta y siempre estaban acompañados por mujeres muy bonitas. Una de ellas era Carolina, la novia de uno de los soldados. Nos hicimos muy amigos y ella siempre me presentaba amigas.

Terminó el servicio militar y no volví a saber de ellos. Un día, tiempo después, me llamó la atención ver un BMW negro parqueado, con chofer y una enfermera que cargaba una silla de ruedas. La cara de la mujer que iba atrás me pareció conocida. Era Carolina, la ex novia del soldado, la más bonita de todas; nos reconocimos y se puso a llorar. Una noche iban en el carro del novio, salieron de una discoteca y no vieron unas canecas de arena; se fueron de frente y en el accidente él murió y ella quedó parapléjica.

Nos hicimos muy amigos. Un sábado por la mañana me llamó al batallón y me dijo que me fuera para su casa, que tenía que decirme algo importante. Me pidió que antes me tomara unos aguardientes y cuando me había tomado varios me la lanzó: quería que le hiciera el amor. Había quedado deprimida, pasaba semanas sin querer ver a nadie y quería saber si ahora les seguía pareciendo atractiva a los hombres.

Me tomé media botella y cuando fui a cerrar cortinas y apagar luces me pidió que no lo hiciera; quería ver mi expresión todo el tiempo. Nos dimos besos, nos tocamos, le quité la ropa de la cintura para arriba y era hermosa, todo iba bien. Cuando tuve que quitarle la parte de abajo me dio impresión y tuve que parar por un instante, alcancé a pensar qué estaba haciendo ahí, pero seguí. No podía mover las piernas, eran muy delgadas y la izquierda daba dos vueltas, tenía una posición extraña que no podría explicar.

Yo me hice arriba todo el tiempo y creo que ninguno de los dos quería cambiar de posición. Me concentré solo en su cuerpo de la cintura para arriba y me demoré un poco más de lo normal, pero no fue ni corto ni largo. La parte genital de ella funcionaba como la de cualquier otra mujer. Yo no le volví a mirar las piernas y por eso puede funcionar. Eso sí, todo el tiempo me miraba a los ojos a ver qué expresión hacía yo e, incluso, me cogía la cara para que no mirara hacia otro lado.

Terminamos y nos despedimos con mucha frialdad. Los dos sabíamos que no iba a pasar de nuevo. Después de eso nos vimos un par de veces pero para nada sexual, solo para hablar. Con el tiempo a mí me transfirieron y nunca más volví a saber de ella.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.