Mi compañera tiene VIH, yo no. Me enteré a los quince días de estar saliendo, cuando solo nos habíamos dado besos. Yo había querido acostarme con ella desde el primer momento, pero siempre se las arreglaba para aplazar el asunto. Me decía que necesitaba tiempo, que nos conociéramos mejor, y yo nunca pensé en otra razón.

Siempre me decía que necesitaba hablar conmigo y yo pensaba que era para decirme que tenía otro hombre. Me lo contó y quedé en shock; cuando me recuperé, sí pensé que era una situación delicada, pero nunca tuve la intención de discriminarla o terminar la relación.

Lo adquirió hace años y sospecha que fue por un novio que tuvo, pero yo no quise indagar más; es algo que pasó y ya. El problema era que yo desconocía el tema y no sabía si ya podía estar infectado. Ella me explicó la naturaleza de la enfermedad y mis dudas quedaron despejadas.

Lo hicimos por primera vez quince días después. Yo estaba nervioso, como cuando se prepara un evento especial y se quiere que todo salga bien. Más que preocuparme por el VIH, mi susto era acostarme con alguien que me gustaba mucho. Al poco tiempo, tener sexo con ella era lo más normal del mundo y nos fue tan bien que a los cuatro meses nos fuimos a vivir juntos.

Con ella aprendí que la penetración no lo es todo, más allá que el sexo entre los dos es como el de cualquier pareja, con precauciones extras. El condón es clave, lo tenemos siempre a la mano. También se estimula la creatividad. Por ejemplo, para hacerle sexo oral pongo sobre sus genitales ese papel transparente que sirve para empacar comida al vacío, elemento que no falta en el mercado.

Es importante no tener heridas abiertas, fijarse en las manos, que no haya una cortadura, que los pellejos no estén levantados, estar pendiente de que la mano que uso para tocarla en sus genitales no sea la misma con la que yo me toco cuando tengo una herida. Yo me hago el examen de VIH cada seis meses y siempre me ha salido negativo, mientras que ella controla el virus tomándose unas pastillas todos los días. A veces me da miedo de que por la excitación o por los tragos pasemos por alto alguna precaución, pero el compromiso es tal que nunca nos ha pasado nada..

En mi familia nadie sabe que ella tiene VIH, y por su lado solo están enterados los más cercanos. La relación tiene cosas muy bonitas, aprende uno a apreciar la vida y lo mejor es que no se cruza por la cabeza ser infiel, ya que por la promiscuidad es que pasan esas cosas.

(* Nombre cambiado)

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