Lo primero es no escandalizarse. El sadomasoquismo no es una práctica pecaminosa, y es más común de lo que se cree. Es una costumbre que une a las parejas que —por desgaste o por simple mojigatería— dejan de innovar y, en últimas, se aburren de tirar. Si su marido está en eso es porque quiere probar sexualmente, y esa es una actitud sana que debería gustarle.

Recuerde que el sadomasoquismo es un juego mental y no una tortura. El placer se deriva de que a una persona le guste controlar o estar controlada. Por lo tanto, la violencia no simpre es real, sino una actuación que tiene que ser moderada y debe tener el consentimiento de ambos. Es admirable que él le haya dicho abiertamente lo que quiere, y por eso es hora de que usted entre al juego. Pero, ojo: procure que cada movimiento sea hablado previamente, que los límites queden claros, así garantiza que a él no se le vaya la mano y termine confundiendo sadomasoquismo con agresiones reprochables. Eso sí, no se contenga si a los dos les gustan los amarres, las cachetadas y, por qué no, los latigazos.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.