Los esquimales tienen 17 diferentes colores para lo que nosotros llamamos ‘blanco‘; les sirven para distinguir qué tipo de nieve es buena para construir iglúes, dónde es bueno pescar y dónde es peligroso caminar. Las mujeres también tienen un vocabulario ampliado respecto a los colores. Miremos la siguiente tabla:

Hombres:
-Rojo
- café
Mujeres:
- Rubí, escarlata, colorado, fuego corinto...
- caqui, marrón,terracota, caoba, beige...

Esto porque las cosas sencillas de la vida, como vestirse o decorar una casa son, para quienes carecen del cromosoma Y, eventos de infinita trascendencia. Entonces empiezan las peleas: salir del apartamento debería tomar cinco minutos, no quince, ni veinte, pero ella tiene que decidir si lleva el saco color rojo corinto o el saco color rojo rubí. Sip, el lenguaje no solo nos une, también nos separa. Los abismos entre el blanco y el negro, el gringo y el resto del mundo que el gringo ignora, entre hombre y mujer, son abismos de palabras. Pero el puente entre la gente es también un puente de lenguaje, pues solo a través de las palabras que tengamos en común podremos zanjar nuestras diferencias.

El sexo es una de las pocas cosas que tenemos en común con las mujeres. Y en nuestra sociedad compartimos por lo menos diez verbos que designan el acto sexual. ¿Cuál es el verbo para mí? ¿Debo pichar o hacer el amor? ¿Fornicar o jalar?

En un esfuerzo por crear lazos comunitarios, y sacar a la luz eso inefable que todos compartimos en el lenguaje, presentamos un análisis de diez diferentes formas de llamar a la otra cosa que a William Vinasco más le gusta hacer en la vida.
Pichar: Nunca, nunca, le diga a una mujer que quiere pichar. Sólo se picha con las prostitutas y con las más feítas, las de estrías y banano. ¡Qué ceba!

Hacer el amor: Este es el que les gusta a las mujeres. Pero no siempre es exacto. A veces el sexo es un deporte de resistencia, un mataestrés después del cual se toma Gatorade en lugar de arruncharse. Esto no es hacer el amor, es otra cosa.

Fornicar: Horrible. En el mejor de los casos suena a culpa y a mandamiento. En el peor de los casos suena a concesionario de autos. Forni-car de la catorce, lo mejor en Chevrolets usados (anteriormente Lubri-car).

Tener sexo: Este viene de los gringos ("let‘s have sex"). No suena tan mal, pero puede ser el comienzo de algo peligroso. ¿Qué tal que después empecemos a decir, como los maiamunos, "te llamo para atrás" ("I‘ll call you back")? ¿Qué tal que un día el idioma de Castilla se vea contaminado por el verbo ‘fuquear‘?

Hacerlo: También es imperialismo yanqui. "Hagámoslo", suena como si uno estuviera tratando de animar a la pareja: "Vamos, sé que podemos, ¡hagámoslo!". Si este enfoque para pedir sexo le funciona, perfecto, pero... no sé...

Acostarse: Si usted oye el verbo ‘acostarse‘, está hablando con alguien que no se siente cómodo hablando de sexo. Por lo tanto, lo máximo que va a escuchar es "fulanito y fulanita se acostaron"; no se va a entrar en detalles. Hay que ser muy claro cuando se le dice a una mujer que uno quiere acostarse con ella. Es capaz de pensar que uno quiere acostarse con ella y uno termina arrunchándose cuando el cuerpo tiene necesidades más urgentes.

Tirar: En mi colegio una vez tuvimos un ‘Día de la educación sexual‘. Un conferencista nos repetía todo el tiempo "muchachos, no tiren, hagan el amor". Creo que ese mismo conferencista nos dio testimonio en el día de la educación sobre abuso de drogas.

Follar: Me encanta. Es mi verbo favorito. Cada vez que lo digo siento que estoy en una película de Almodóvar, donde el pintor gay folla con la mucama y la mucama folla con el hijo de la esposa y el hijo de la esposa folla con la prostituta mamá del pintor gay. Follar, tío, follar -me cago en la hostia y en el coño de tu puta madre-.

Jalar: Suena como si se tratara de una actividad física mucho menos relajante y satisfactoria. "Estuve
jalando todo el día, tengo dolor de cabeza y me duele la espalda...".

Medir el aceite: Este verbo sólo se puede utilizar en ausencia de aquella a quien se le pretende medir o se le ha medido el aceite. O sea, "a esa le quiero medir el aceite" o "a esa le medí el aceite". Nunca se debe decir, por ejemplo, "nena, quiero medirte el aceite", o "¿te acuerdas de esa noche que te estaba midiendo el aceite?".

En resumen: nunca pichar, nunca tener sexo, hacer el amor de vez en cuando y follar siempre que sea posible.

Ahora, hay otras cosas para tener en cuenta. Los órganos sexuales, por ejemplo. Los órganos sexuales siempre tienen tres nombres: el que se debe usar, el que usa el médico (lo que nunca es bueno) y el que sirve para escribir novelas ‘románticas‘ (esas donde en la portada hay un man descamisado con el bigote del ‘Saco de Plomo‘ de Condorito agarrando a una vieja con la blusa toda rasgada, y se llaman algo así como ‘Piratas del Deseo‘).

Por ejemplo, la palabra ‘pipí‘ es perfectamente aceptable, la palabra ‘pene‘ sólo aparece en contextos preocupantes y la palabra "miembro" solo se usa si uno quiere hacer dinero rápido escribiendo así: "Cuando sus labios alcanzaron la curva de su cuello, Angélica perdió las fuerzas para pedirle a Víctor que se detuviera. Sentía sus fuertes manos explorar sus piernas desnudas por debajo de su falda. Víctor se acercó un poco más, para que Angélica pudiera sentir su ardiente miembro...". Así mismo, lo correcto es decir ‘tetas‘ o ‘pochecas‘, el médico dirá ‘seno‘ y el escritor frustrado dirá "Angélica cerró los ojos y apretó más fuerte mientras Víctor se perdía en su pecho".

Algo similar sucede con ‘parola‘ (uso corriente) y ‘erección‘ (uso médico); no sé cómo le dicen en las novelas románticas, pero debe sonar mal. La palabra ‘bluyinear‘ es de tan mal gusto como el acto que designa. ‘Jalarse la yuca‘ es el mejor eufemismo para el hobby de la adolescencia. ‘Culear‘ es aceptable cuando no se abusa de la palabra; tengo una amiga que cuando tiene que fumar Kool para economizar (fuma muchísimo) dice que va a estar ‘culeando‘ toda la noche. Supongo que piensa que hablar así la hace ver más liberada y, por tanto, más sexy. Quizás lo primero; lo segundo, definitivamente no.

El lenguaje es tan importante en todos los
aspectos de la vida que a menudo olvidamos cómo determina nuestras vidas (el esquimal nunca se detiene a considerar la cantidad de nombres que le tiene al color blanco) y olvidamos la importancia de decir la palabra adecuada en el contexto adecuado. Qué tal que un día a Corín Tellado le diera por escribir así: "Sentía sus fuertes manos explorar sus piernas desnudas por debajo de su falda. Víctor se acercó un poco más, para que Angélica pudiera sentir su ardiente pipí. Angélica cerró los ojos y apretó más fuerte mientras Víctor se perdía en sus pochecas. Ambos lo sabían, había llegado el momento de pichar".

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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