Ella quiere que le pegue 

Estimado profesor X:

Soy un hombre de 45 años y estoy casado con una hermosa mujer cinco años menor. Nos conocemos de toda la vida, somos novios desde los veinte, y nuestras relaciones sexuales han sido razonablemente satisfactorias. Pero hará alrededor de setenta días, mi esposa comenzó a pedirme que le pegara. Primero, me lo sugirió con timidez. Me negué con una sonrisa, pensando que bromeaba. Pero la siguiente vez, insistió. Rechacé el pedido aduciendo que sus gritos podrían despertar a los chicos. Exigió entonces que la amordazara. Repliqué que temía asfixiarla. Se enfadó y ya no quiso continuar haciendo el amor. Van varias semanas que me exige que le cachetee las nalgas, que le cruce de un sopapo la cara, que le muerda como si le fuera a arrancar los pezones y que le tire del pelo. Pero yo estoy totalmente contra la violencia, especialmente contra la violencia de género. Soy un Gandhi del sexo y de la vida. 

Mahatma López 

Apreciado Mahatma López:

El pacifismo a ultranza es un camino sin retorno, como la droga o los créditos fáciles. La violencia de género, despreciable como es, se ejerce cuando el hombre retiene a la mujer contra su voluntad, o la daña físicamente sin su consentimiento, como una forma de agresión o castigo maligno. Pero en este caso en particular, su esposa le está reclamando amor. Usted tiene que romperle el culo, tirarla del pelo, cachetearle las nalgas hasta dejárselas púrpura, si es que realmente desea permanecer junto a ella un par de meses más. Quizás usted prefiera cambiar de pareja e iniciar relaciones con un hombre. Lo respeto. Pero si quiere seguir junto a su esposa, y por lo que me cuenta yo se lo recomiendo, usted equivoca el contexto histórico al asumir el rol de Gandhi. 

Gandhi se enfrentó a los ingleses, que no estaban dispuestos a matar cantidades milenarias de civiles indefensos durante un prolongado período de tiempo. Aún siendo colonialistas, tenían su sensibilidad. No por nada eligieron a Churchill y vencieron a los nazis. Pero usted no se enfrenta con los ingleses, sino con una mujer en celo, necesitada de fuertes emociones físicas, y eso es lo menos parecido a un inglés y lo más parecido a un asesino serial que proporciona la naturaleza humana. Si usted no le da duro, ella pasará por sobre su cadáver. Por lo tanto, emborráchese, practique karate, compre un látigo de puntas y descúbrase. 

 

¿Debo decirle la verdad?

Estimado profesor X:

Soy un profesor de Educación Física de 55 años y tengo una esposa de cuarenta. De un tiempo a esta parte, he comenzado a consumir viagra. El efecto es sorprendente. Como siempre ando con sudadera, mis colegas del colegio señalan mi andar. Hombres y mujeres por igual. Pero donde más se nota es en casa. Mi esposa ha comenzado a sospechar que algo pasa, ya que ando al palo todo el día. Como me da vergüenza confesarle que consumo viagra, porque temo que me considere viejo o maniático, le he dicho simplemente que me siento bien y la amo. Pero como ya llevamos diez años de matrimonio, ella no me cree ninguna de las dos cosas. Porfía que tengo una amante, y que pienso en esta otra cuando le hago el amor a ella. Le he jurado y perjurado que es la única mujer de mi vida. Pero ella no me cree. No obstante, aunque reñimos y nos distanciamos durante el día, estamos haciendo el amor cuatro veces por semana, a veces incluso sin hablarnos, porque mientras fornicamos estamos peleados. ¿Qué puedo hacer para llevar la armonía sexual también al plano social? No me gusta que nuestros hijos nos vean con mala cara.

Gimnasta V de Viagra.

 

Querido gimnasta V:

Su caso me enternece. No se puede tener todo en esta vida. Ya bastante con las erecciones permanentes que este milagro químico y su buen estado físico le deparan. Piense que hay gente que muere del corazón o padece terribles jaquecas por mucho menos. No puede pedir fornicar cuatro veces por semana y además llevarse bien con su esposa. ¿Y los chicos? Mándelos a vivir a un colegio pupilo, déjenselos a su suegra, o que soporten las malas caras de sus padres. Eso es mejor que lo que deben soportar la media de adolescentes: padres frustrados, sin sexo, que se odian realmente. Jamás le revele a su esposa que consume viagra. Que crea que sus erecciones imbatibles son obra de su estado físico y una dama más joven que ella. Si puede, incluso, invéntese una amante. Y mejor aún si la consigue realmente. Su esposa no solo le está dando el permiso: lo está invitando. Siempre y cuando la siga atendiendo a palo seco cuatro veces por semana.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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