Buenos días, ¿Nick Goddard? Lo llamo porque me gustaría hacerle una entrevista.

—Dios mío, no puede ser, otro más. ¡Yo no soy ese Nick! Usted está buscando al señor ese que hace porno.

Curiosamente, según las Páginas Amarillas de Inglaterra, hay dos personas que comparten nombre y profesión en la ciudad de Manchester, en el norte de Inglaterra: ambos son profesores universitarios y ambos se llaman Nicholas. Hay, sin embargo, una clara diferencia entre ellos: uno de los dos, además de profesor, es una estrella en el mundo del porno.

Es probable que no haya oído hablar de él, pero este inglés de 61 años y maneras refinadas seguramente ha aparecido en la pantalla de su computador, tableta o celular en alguna de las ocasiones en las que se ha dado un paseo por las páginas PornHub o RedTube. Sí, usted ya sabe de qué le hablo.

El Nick de nuestra historia se ha convertido, de la noche a la mañana, en una celebridad en el Reino Unido. Como el mejor de los superhéroes, el profesor Nick, licenciado con honores en la prestigiosa Universidad de Oxford, llevaba una doble vida: de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde era profesor de Ingeniería Química en la Universidad de Manchester (UoM); en sus ratos libres se vestía —o, más bien, se desvestía— de “Old Nick” (“Viejo Nick”), un actor que, según el libreto de la sesión, podía ser fontanero, agente de modelos, taxista o, incluso, profesor.

La historia del alter ego de Nick comenzó hace una década, cuando una serie de malas decisiones lo llevó a compaginar durante más de seis años la docencia universitaria y el porno. Tras una separación tormentosa y el alejamiento de sus tres hijas, el primer paso hacia la industria fue empezar a ver porno, mucho porno. “Si soy sincero, cuando empecé no estaba muy lúcido, no pensaba claramente. Me acababa de divorciar y el trabajo me estaba volviendo loco. Como suele hacer cualquier hombre, estaba navegando por páginas eróticas hasta que vi un anuncio que invitaba a ponerse en contacto si uno estaba interesado en actuar. No sé por qué, pero escribí, me hicieron una prueba y di el perfil”.

Sí: Goddard rellenó, en un momento de desesperación, ese formulario que buscaba actores porno de todas las edades... y tamaños. En ese momento, llevaba 13 años trabajando en la Universidad de Manchester. “No sé si puedo decir que fue un error, pero si lo hubiera pensado más lúcidamente, quizá aquel día no hubiera tomado esa decisión”. Veintipico películas más tarde —algunas muy exitosas—, su historia salió a la luz. Sucedió después de que uno de sus cientos de estudiantes lo descubrió una tarde en la que hacía de todo menos estudiar.

Al enterarme de semejante historia, intercambié con Nick varios correos durante un par de semanas, hasta que lo convencí de que yo, a diferencia de otros periodistas, no buscaba el enfoque sensacionalista de su historia. Quedamos de vernos por un par de horas a través de Skype. Él en Manchester y yo desde Londres.

Puntual, como el mejor de los británicos, y vestido con una camisa azul cielo y unos jeans, conecta la cámara y me enseña su casa, mientras bebe una humeante taza de té. “Lo que le interesa al público no es necesariamente de interés público —me dice, calmado y seguro de sí mismo, como prólogo de su versión de los hechos—. Hay mucha hipocresía sobre el negocio. Hay dos tipos de hombres en el mundo: los que ven porno y lo admiten y los que ven porno y no lo admiten. Es hipócrita criticar a los que lo ven. Si no hay demanda, no hay oferta, es sencillo”.

He de confesar que, por razones investigativas, vi algunos de los grandes éxitos de mi entrevistado, como Monique, la adolescente, se folla a Old Nick y La adolescente rubia Lexi es penetrada por Old Nick. Desde que salió a la luz la historia, las reproducciones de sus videos se han triplicado y, de la noche a la mañana, Goddard se ha convertido en carne de periódico sensacionalista. “En el Reino Unido tenemos los tabloides, que son los peores periódicos del mundo. El Sun es líder absoluto en hacer lo más miserable posible la vida de las personas, es un diario que intenta mantener un nivel de moralidad casi victoriano”, reflexiona Nick sobre un periódico que hasta enero del año pasado regalaba a sus lectores la fotografía de una mujer joven desnuda en la página 3.

La vida de este inglés educado en colegio privado y con modales impolutos cambió drásticamente el mes pasado, cuando al salir de su casa en Manchester lo encaró un reportero que lo esperaba en la puerta. “Me tropecé con él un viernes por la mañana, antes de ir a trabajar. Recuerdo que lo primero que me preguntó fue: ‘¿Cree que es normal ser profesor y actor porno a la vez?’. Le dije que había que separar la vida personal de la profesional, que los estudiantes están para aprender y que lo que haga fuera del horario de clases no le concierne a nadie, a menos que sea ilegal. Y actuar en películas, sean del carácter que sean, no lo es, ¿o sí?”.

Goddard ha leído en los medios que fue un estudiante suyo quien lo delató —“era lógico”—. Y asegura, irónico, que espera que haya tenido sus cinco minutos de fama. Luego acepta que a veces se despierta y piensa que todo ha sido un mal sueño. “Pero no es una pesadilla, me toca vivir con esto —comenta, dolido, mientras toma otro sorbo de té y baja la cabeza con decepción—. Ha sido un mes muy difícil para mí. Confío en que todo esto se olvide pronto”.

Pese a la insistencia de los medios británicos, Goddard no había atendido a ningún periódico, revista o noticiero desde que salió a la luz la historia y desde que la Universidad de Manchester decidió, el primero de abril pasado, no renovar su contrato. Sin opciones de regresar a la docencia, Nicholas, más popular que nunca en el porno, se plantea volver a dar vida a Old Nick, quien lleva cuatro años sin ponerse ante una cámara. “Una vez que la reputación ha quedado totalmente destruida, que no queda nada de nada, uno lo piensa. Estoy pensando en ello, mi reputación no puede estar peor”, cuenta, antes de revelar que ha recibido varias ofertas de trabajo: lo ha contactado mucha gente con propuestas para hacer más películas.

“Ahora, si miro al pasado, el resultado ha sido positivo —explica con una sonrisa—. Pensé que iba a morir uno de estos días en esa universidad. ¡No se imagina el estrés! Ahora tengo una pensión y un trabajo a tiempo parcial, de diez días al mes, en un taller de diseño de herramientas industriales, con gente simpática, a la que no le importa mi historia”.

En los días posteriores a la noticia, que copó las portadas de algunos de los diarios británicos más leídos y fue publicada en miles de páginas web de todo el mundo, algunas de sus películas se ubicaron entre las más vistas del día, de la semana y del mes en PornHub, la página de pornografía más visitada en internet. Monique, la adolescente, se folla a Old Nick superó rápidamente el millón de reproducciones, mientras que títulos como Carolina, la joven freaky, se folla a Old Nick y La adolescente rubia Lexi es penetrada por Old Nick se aproximan peligrosamente a esa cifra (para que se dé una idea, un video porno que pasa las 100.000 reproducciones ya es considerado un éxito rotundo). Sin embargo, pese a convertirse en toda una estrella del porno, insiste en que él se transformaba en Old Nick simplemente porque actuar era su hobby.

Y antes de que se lo pregunte, me deja claro que todas las actrices eran mayores de 18 años. “Tenían que mostrar su documento de identidad. En esta profesión hay que ser cortés y buena persona, y las chicas lo agradecen. No hay que tratarlas mal. La verdad es que es un negocio muy considerado, nadie lo obliga a uno a hacer nada”.

La única queja que tiene Nick, además de la conocida desaprobación pública, es el salario. Contrario a lo que se podría pensar de una figura del porno, el actor promedio no puede vivir de la pornografía. Las mujeres, sin embargo, pueden ganar hasta cinco veces más. “Mi salario variaba, pero solía estar alrededor de los 100 euros (330.000 pesos), más los gastos de viaje. Las mujeres, por el contrario, se sacaban 500 euros (1,6 millones de pesos) por día de rodaje", asegura.

Así, tras casi dos horas de charla, solo interrumpida por las llamadas que recibe y por sus escarceos a la cocina para rellenar la taza de té, Nick y yo concluimos la conversación. Cuelga, no sin antes recordarme encarecidamente que le envíe el texto una vez publicado para que su hermana, que es traductora de español, se lo pueda leer. “Un placer, amigo George —me dice al despedirse—. All the best, mate”.

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