La cábala
Apreciado bachiller:
En días pasados River Plate, el equipo del que soy hincha, se jugaba su retorno a la primera división. Quiero dejarle saber que hace más de un año, cuando este mismo equipo batallaba por no descender a la B, en el trámite de soportar el partido, para paliar mi ansiedad, mi señora esposa se avino a hacerme una mamada con final feliz. El resultado de aquel encuentro, me refiero al futbolístico, fue desastroso, no así el sexual, que resultó celestial. Pero note usted qué paradoja: en mi peor momento como hombre y como hincha, alcanzaba yo el éxtasis como marido. Ese sábado, por el contrario, cuando mi esposa me ofreció mamada y final feliz por atrás, mientras el partido volvía a suceder en mi nueva pantalla, en este caso un plasma de 50 pulgadas, opté por no repetir un ritual que podía convocar a la mala suerte y me negué al convite sexual. Desde entonces, mi esposa se muestra ofendida, y cuando le explico que lo hice por River, replica que ya no la quiero. Estoy contento por mi equipo, pero la estoy pasando mal en mi matrimonio. ¿Qué me aconseja?

Estimado hincha:

Merece usted una amonestación en regla. ¿Sabe cuántos argentinos, cuántos latinoamericanos, cuántos habitantes masculinos del planeta Tierra han pasado sus matrimonios esperando el momento en que sus esposas se dignen a hacerles una mamada mientras disfrutan de un partido de fútbol, sin exigirles nada a cambio? Y a usted se lo ofrecen dos veces, y se niega. Usted es, por lo pronto, un ingrato, por no decir cosas mucho peores. Usted no ha sido solo ingrato con su esposa, sino con la vida misma y con la Providencia. Cuando no creemos en los milagros, los ángeles se enojan. No sabemos si su esposa es un ángel, pero indudablemente es una santa. Si perteneciera usted a la grey católica, debiera pedir que la canonicen. No solo descreo de cualquier cábala, sino que aun cuando las cábalas existieran, los equipos van y vienen, el que perdió ganará y viceversa, pero una oferta de mamada y sexo anal mientras dura un partido, con permiso de verlo, no creo que se repita en lo que le queda de vida ni en muchas reencarnaciones venideras. No me queda más remedio que encomendarle un castigo: ofrézcale a su esposa todo tipo de beneficios sexuales mientras ella mira su telenovela favorita, y entréguele la tarjeta de crédito con uso libre en shopping durante el primer partido de River en la próxima temporada.


La tenista

Cotizado licenciado:
No conocí el amor hasta hace unas pocas semanas, cuando en la pausa del partido de tenis con mi amigo Ricardo presenciamos juntos el campeonato interclubes femenino y me quedé prendado de la giganta rubicunda, cuyo culo es el más fresco, erguido y generoso en sus perspectivas de entre todos los que haya apreciado a lo largo de mis 53 años de vida. Mi amigo me serenó y decepcionó a un tiempo, advirtiéndome que la campeona era una reconocida lesbiana, célebre entre las estrellas amateurs de este deporte. Confieso que finalmente el comentario me acicateó. Porque no pude evitar lanzarme, conociendo todo su lesbianismo, sobre ese torrente de femineidad, belleza y energía. La dama, para mi sorpresa, me dio calce, pero con una espinosa condición: ofreció entregarme su cola, siempre y cuando yo permita que primero ella me entierre el mango de su raqueta en mi propia retaguardia. El encuentro se postergó hasta cuando yo tomara una decisión, sobre la cual lo consulto.

Estimado tenista caviloso:

Puesto que quien le introducirá el mango de raqueta será una dama, y en cuanto usted lo soporte y no le resulte extremadamente displacentero, no tanto al menos como para no poder luego tomarse la revancha, no veo cuál sería el problema. Los héroes de las historias románticas han corrido suertes mucho peores, no para conquistar los culos de sus amadas, sino a veces para no ligar más que una relación convencional. O peor aún, un beso; o apenas un “gracias” húmedo de lágrimas. A usted le ofrecen un culo que pocas veces, o ninguna, ha sido gozado por hombres. Me parece un precio justo el que le exigen, y su aceptación en modo alguno disminuirá su masculinidad.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.